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Evangelio del día y comentario – 1 de septiembre de 2021

Lc 4, 38-44: Jesús cura a la suegra de Pedro

Gil (s. VII) Col 1, 1-8: El mensaje ha llegado a ustedes Salmo 51: Confío para siempre en el amor de Dios

En aquel tiempo salió Jesús de la sinagoga y entró en casa de Simón. La suegra de Pedro estaba con fiebre muy alta y le suplicaban que hiciera algo por ella. 39Él se inclinó sobre ella, increpó a la fiebre y se le pasó. Inmediatamente se levantó y se puso a servirles. 40Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos con diversas dolencias se los llevaban. Él ponía las manos sobre cada uno y los sanaba. 41De muchos salían demonios gritando: ¡Tú eres el Hijo de Dios! Él los increpaba y no los dejaba hablar, pues sabían que era el Mesías. 42Por la mañana salió y se dirigió a un lugar despoblado. La multitud lo anduvo buscando, y cuando lo alcanzaron, lo retenían para que no se fuese. 43Pero él les dijo: También a las demás ciudades tengo que llevarles la Buena Noticia del reino de Dios, porque para eso he sido enviado. 44Y predicaba en las sinagogas de Judea.

Comentario

Lucas, en este texto evangélico, presenta los elementos de la actividad pública de Jesús: predicación, curación y expulsión de demonios, y también la búsqueda de silencio y soledad para estar con su Padre, en oración, a pesar de su intenso horario de trabajo y su dedicación apostólica. Estos dos rasgos de su ser misionero deben invitarnos a no buscar instalarnos en donde nos reciben bien; mientras hay alguien que necesita oír de Jesús, conocerlo y recibirlo, el misionero tiene que moverse. Y, por otra parte, en medio de una jornada intensa de trabajo encontrar momentos para orar a solas y preguntarle al Señor: ¿dónde y cómo me necesita ahora? Y no ¿dónde voy a recibir más alabanzas? Vivir en actitud de discípulo y misionero exige evitar el activismo exagerado, descuidando la oración, con la tentación de quedarnos en ambientes cómodos descuidando la universalidad de la misión. ¿Cómo evitar anunciarme a mí mismo sino a Jesús que me envió?

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