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Evangelio del día y comentario – 1 de septiembre de 2019

Lc 14, 1.7-14: Quien se enaltece será humillado

22o Ordinario Gil (s. VII) Primera lectura: Eclo 3, 17-20.28-29 Sé humilde y alcanzarás el favor de Dios Salmo responsorial: Sal 67, 4-5a. c. 6-7b. 10-11 Segunda lectura: Heb 12, 18-19.22-24 Se han acercado al monte Sión

Un sábado en que entró Jesús a comer en casa de un jefe de fariseos, ellos lo vigilaban. 7 Observando cómo elegían los puestos de honor, dijo a los invitados la siguiente parábola: 8 Cuando alguien te invite a una boda, no ocupes el primer puesto; no sea que haya otro invitado más importante que tú 9 y el que los invitó a los dos vaya a decirte que le cedas el puesto al otro. Entonces, lleno de vergüenza, tendrás que ocupar el último puesto. 10Cuando te inviten, ve y ocupa el último puesto. Así, cuando llegue el que te invitó, te dirá: Amigo, acércate más. Y quedarás honrado en presencia de todos los invitados. 11Porque quien se engrandece será humillado, y quien se humilla será engrandecido. 12Al que lo había invitado le dijo: Cuando ofrezcas una comida o una cena, no invites a tus amigos o hermanos o parientes o a los vecinos ricos; porque ellos a su vez te invitarán y quedarás pagado. 13Cuando des un banquete, invita a pobres, mancos, cojos y ciegos. 14Dichoso tú, porque ellos no pueden pagarte; pero te pagarán cuando resuciten los justos.

Comentario

El tema de reflexión para este domingo es la humildad, una palabra que suena hoy trasnochada y pasada de moda. En el banco de los valores, la humildad es de los que más se ha depreciado. Nadie invierte en esta, con el argumento que es para tontos, pues la humildad nos hace menos y, de lo que se trata hoy, es de ser más, sin importar contra quién y por encima de quien. Pero ¿cómo negar la humildad y posar de soberbios? Si basta una mirada a nuestro alrededor para evidenciar que todo lo que tenemos y disfrutamos es un regalo gratuito de Dios: la vida, la inteligencia, el aire, la familia y el medio ambiente.

Las parábolas que comparte Lucas reflejan probablemente la crisis de humildad que vive su comunidad. Han olvidado que para Jesús hay que ser los primeros, pero en servicio, testimonio y amor a los demás. En la primera parábola, la imagen del banquete de bodas le sirve a Jesús para invertir la tradicional escala de valores. Hay que comenzar por el último puesto, evitando que entre hermanos prime la competitividad y la desconfianza. La humildad es un imperativo cristiano. Sin embargo, no podemos confundir humildad con desprecio de nosotros mismos, humillación o sometimiento pasivo a las arbitrariedades de otros. La verdadera humildad cristiana no busca estar por encima del otro, ni vive con el temor de que otro me quite el puesto. Todos y todas debemos ser hermanos en un plano de igualdad.

En la segunda parábola Jesús sugiere tomar opción al momento de elegir los invitados. A quienes no deberían invitarse los agrupa en cuatro categorías, conformadas por las personas más cercanas: amigos, núcleo familiar, familia amplia y vecinos ricos. A quienes, si deberían invitarse, también los agrupa en cuatro categorías, con la diferencia de que todos tienen identidad de marginados: pobres, mancos, cojos y ciegos. Es claro que la humildad exige una opción por los excluidos y marginados. Se trata de celebrar la fiesta con aquellos que no tienen puesto y con quienes nunca cuentan. La humildad actúa desinteresadamente, es generosa, no busca compensaciones y, tiene alianza con los pobres. En nuestras comunidades cristianas, nadie discute hoy el valor de la humildad, sin embargo, el virus del orgullo y los deseos de sobresalir siguen enfermando la humildad de nuestros corazones, nuestras familias y nuestras comunidades. ¿Qué calificación le pondrías a tu humildad?

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