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Evangelio del día y comentario – 1 de mayo de 2020

Mt 13, 54-58: ¿No es éste el hijo del carpintero?

José, obrero (s. I) Primera lectura: Col 3, 14-15.17.23-24 Sean fecundos y multiplíquense Salmo responsorial: Sal 89, 2-4.12-14.16

Jesús se dirigió a su ciudad y se puso a enseñarles en su sinagoga. Ellos preguntaban asombrados: ¿De dónde saca éste su saber y sus milagros? 55¿No es éste el hijo del artesano? ¿No se llama su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? 56Sus hermanas, ¿no viven entre nosotros? ¿De dónde saca todo eso? 57Y esto era para ellos un obstáculo. Jesús les dijo: A un profeta solo lo desprecian en su patria y en su casa. 58Y por su incredulidad, no hizo allí muchos milagros.

Comentario

Los sabios sacerdotes judíos concibieron el quehacer de Dios ajustado a una semana laboral que culmina en el día séptimo, santificado con el reposo, y, por lo mismo, bendición para toda la creación, incluidos los seres humanos en su dualidad de varón y mujer. Esta dualidad convoca al encuentro y a lo complementario que la Biblia expresa como fecundidad y señorío. La fecundidad es una bendición dinámica de la creación, tan necesaria como el reposo lo es para el ritmo laboral y la subsistencia. El reposo es recuperación y regeneración de todas las criaturas. En la fiesta de san José, obrero, conviene caer en la cuenta de las maneras como el desarrollo de nuestras sociedades se viene realizando, sus beneficios y sus retos. De allí aflora la exigencia de un desarrollo sustentable, y con él el imperativo ético y social del descanso regenerativo. Nuestras sociedades, subyugadas por la productividad y la ganancia monetaria, han de redescubrir los inmensos beneficios regenerativos del reposo. ¿Hemos aprendido a descansar? ¿Propiciamos el descanso de la creación?

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