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Evangelio del día y comentario – 1 de junio de 2020

Mc 12, 1-12: Asesinaron al Hijo del Viñador

Justino, mártir (165) Primera lectura: 2Pe 1, 1-7 Nos ha dado los bienes prometidos Salmo responsorial: Sal 90, 1-2.14-15a.15b-16

En aquel tiempo, Jesús se puso a hablarles en parábolas a los sacerdotes, escribas y ancianos: Un hombre plantó una viña, la rodeó con una tapia, cavó un lagar y construyó una torre; se la arrendó a unos viñadores y se marchó. 2 A su debido tiempo, envió un sirviente a los viñadores para cobrar su parte del fruto de la viña. 3 Ellos lo agarraron, lo apalearon y lo despidieron con las manos vacías. 4 Les envió un segundo sirviente; y ellos lo maltrataron y lo injuriaron. 5 Envió un tercero, y lo mataron; y a otros muchos: a unos los apalearon, a otros los mataron. 6 Le quedaba uno, su hijo querido, y lo envió en último término, pensando que respetarían a su hijo. 7 Pero los viñadores se dijeron: Es el heredero. Lo matamos y la herencia será nuestra. 8 Así que lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña. 9 Ahora bien, ¿qué hará el dueño de la viña? Irá, acabará con los viñadores y entregará la viña a otros. 10¿No han leído aquel texto de la Escritura: La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular; 11es el Señor quien lo ha hecho y nos parece un milagro? 12Intentaron arrestarlo, porque comprendieron que la parábola era para ellos. Pero, como tenían miedo a la gente, lo dejaron y se fueron.

Comentario

En la última semana de su vida terrena, Jesús ha llegado a Jerusalén y ahí se enfrenta directamente con las autoridades judías. Por medio de la parábola de la viña el Maestro da una clara respuesta a los que antes han cuestionado su autoridad, dejando claro que Él es el Hijo, el heredero. Sacerdotes, escribas y ancianos entienden muy bien el significado de la parábola y a quiénes va dirigida: ellos, que se supone tienen que cuidar y acompañar al pueblo de Israel, han ignorado a los profetas y han sacado provecho de su posición de autoridad y ahora se disponen a matar a Jesús. Pero no basta un juicio sobre los dirigentes judíos de aquella época o sobre los dirigentes actuales de nuestra iglesia o nuestra sociedad. La reflexión debe llevarnos a una pregunta personal: ¿es Jesús la piedra fundamental en nuestras vidas? Si no respondemos a sus expectativas, Dios “dará el viñedo a otros”, a otras personas que produzcan los frutos de justicia que Él quiere.

 

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