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Evangelio del día y comentario – 1 de diciembre de 2020

Lc 10, 21-24: Jesús se llenó de alegría

Eloy (660) Primera lectura: Is 11, 1-10 Sobre él se posará el Espíritu Salmo responsorial: Sal 71, 1-2.7-8.12-13.17

En aquel tiempo, con el júbilo del Espíritu Santo, dijo Jesús: ¡Te alabo, Padre, Señor de cielo y tierra, porque, ocultando estas cosas a los sabios y entendidos, se las diste a conocer a la gente sencilla! Sí, Padre, ésa ha sido tu elección. 22Todo me lo ha encomendado mi Padre: nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre, y quién es el Padre, sino el Hijo y aquél a quien el Hijo decida revelárselo. 23Volviéndose aparte a los discípulos, les dijo: ¡Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven! 24Les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; escuchar lo que ustedes escuchan, y no lo escucharon

Comentario

Todos los días de la semana la primera lectura está tomada del profeta Isaías. La liturgia nos presenta el sueño de Dios para no sucumbir bajo el peso de nuestras frustraciones y cansancios. En medio de las malas noticias que nos llegan a diario se nos anuncia que saldrá un renuevo del tronco de Jesé. Esta promesa se cumple en la historia del mundo y en nuestra propia historia. Si contemplamos superficialmente la vida, las personas y los acontecimientos a través de los medios de comunicación, tenemos la impresión de que sucede todo lo contrario. Nos quedamos con las catástrofes naturales, los dramas humanos, los escándalos institucionales y, por eso, la actitud requerida para reconocer la presencia de Dios en esta trama compleja de la vida es la vigilancia. Por eso Jesús hoy da gracias a su Padre y nuestro Padre, porque quienes pueden captar su presencia y saben reconocer los signos de Dios son “la gente sencilla”. ¿Eres de los que “vigilante” puedes buscar y descubrir “luces” en medio de la sombras?

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