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Evangelio del día y comentario – 1 de agosto de 2021

Jn 6, 24-35: El que cree en mí no pasará sed

En aquel tiempo, cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron en los botes y se dirigieron a Cafarnaún en busca de Jesús. 25Lo encontraron a la otra orilla del lago y le preguntaron: Maestro, ¿cuándo llegaste aquí? 26Jesús les respondió: Les aseguro que no me buscan por las señales que han visto, sino porque se han hartado de pan. 27Trabajen no por un alimento que perece, sino por un alimento que dura y da vida eterna; el que les dará el Hijo del Hombre. En él Dios Padre ha puesto su sello. 28Le preguntaron: ¿Qué tenemos que hacer para trabajar en las obras de Dios? 29Jesús les contestó: La obra de Dios consiste en que ustedes crean en aquel que él envió. 30Le dijeron: ¿Qué señal haces para que veamos y creamos? ¿En qué trabajas? 31Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo. 32Les respondió Jesús: Les aseguro, no fue Moisés quien les dio pan del cielo; es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo. 33El pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo. 34Le dijeron: Señor, danos siempre de ese pan. 35Jesús les contestó: Yo soy el pan de la vida: el que viene a mí no pasará hambre, el que cree en mí no pasará nunca sed.

Comentario

Hemos escuchado, en la primera lectura, como el pueblo prefiere volver a la esclavitud que pagar el precio de la libertad. No han sido capaces de comprender que Dios los va guiando por el desierto. La cerrazón los ciega. No han descubierto a Dios en su trayecto, reniegan y prefieren la seguridad del alimento a la auténtica libertad ofrecida por Dios, que está dispuesto a hacer lo que sea con tal de que el pueblo alcance su libertad, hasta hará llover pan del cielo.

Los primeros cristianos despertaban la atención de los demás por su manera de vivir. Su cambio de vida, sus actitudes eran tan evidentes que la gente lo notaba. No eran cosas extraordinarias las que los distinguían del resto sino lo cotidiano, el día a día. Habían cambiado de camino. Su testimonio se evidenciaba por su vida y no por sus palabras. Esto era confirmado no solo por la gente con la que vivían o se relacionaban; era el testimonio, en la casa y en la calle, lo que hacía que la gente creyera que la vida así, sí daba frutos y que valía la pena vivir como cristianos. Conviene preguntarnos: ¿la forma de vida que llevo es un testimonio cristiano? ¿En qué nota la gente con la que vivo que sí vale la pena ir a la Iglesia? ¿La gente con la que me relaciono en mi trabajo o vecinos confirman mi pertenencia a un grupo cristiano por la manera en que los trato en el día a día? Si le preguntas a tus compañeros de trabajo en qué notan que eres cristiano, ¿qué te responderán?

El Evangelio hace referencia clara a la Eucaristía. Parece que a Jesús le molesta la falsedad e inmadurez en la fe de la gente. Vienen a verlo buscando cosas momentáneas y no profundas. Él ha realizado señales que demuestran que el Reino de Dios está entre ellos y no lo han reconocido.

Para la Iglesia, la Eucaristía es la base y la cumbre de nuestra vida cristiana, pero ¿verdaderamente lo creo?, ¿será que cuando salgo de cada Eucaristía quiero ser mejor persona, mejor hijo, mejor cristiano? Pidamos a Dios que tengamos hambre de ese pan, que no nos conformemos con lo superficial, que realicemos el trabajo diario pensando en ganar con esfuerzo el pan vivo y verdadero, ese que nadie más puede darnos.

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