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El Evangelio y la Vida – Domingo de Pentecostés

Te proponemos varios recursos para vivir la pascua en casa, a solas o con los seres queridos. Para compartir en familia, para

 

La alegría del Evangelio es esa que nada ni nadie nos podrá quitar (cf. Jn 16,22). Los males de nuestro mundo —y los de la Iglesia— no deberían ser excusas para reducir nuestra entrega y nuestro fervor. Mirémoslos como desafíos para crecer. Además, la mirada creyente es capaz de reconocer la luz que siempre derrama el Espíritu Santo en medio de la oscuridad, sin olvidar que «donde abundó el pecado sobreabundó la gracia» (Rm 5,20). Nuestra fe es desafiada a vislumbrar el vino en que puede convertirse el agua y a descubrir el trigo que crece en medio de la cizaña (EG, 3).

 

Domingo de Pentecostés

 

LECTURAS

Hch 2, 1-11 | Sal 103, 1ab. 24ac. 29b-31. 34 | 1Cor 12, 3b-7. 12-13

Jn 20, 19-23

Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: ¡La paz esté con ustedes! Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: ¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan.

 

REFLEXIÓN

Testigos del Espíritu, testigos del amor

En nuestro mundo se hablan muchos idiomas. Tantos que, muchas veces, no nos entendemos. Seguro que en nuestra ciudad también nos hemos encontrado por la calle con personas que hablan otras lenguas. Quizás nosotros mismos hemos pasado por la experiencia de no poder ayudar adecuadamente a alguien porque sencillamente no le entendíamos.

Hoy celebramos Pentecostés, la venida del Espíritu Santo sobre aquel primer grupo de apóstoles y discípulos que, después de la muerte y resurrección de Jesús, se seguían reuniendo para orar y recordar al maestro. La venida del Espíritu Santo tuvo un efecto maravilloso. De repente, los que habían estado encerrados y atemorizados se atrevieron a salir a la calle y a hablar de Jesús a todos los que se encontraron. Lo sorprendente es que, en aquellos días, Jerusalén era un hervidero de gente de diversos lugares y procedencias. Por sus calles pasaban personas de todo el mundo conocido de aquellos tiempos. Pero todos oían a los apóstoles hablar en su propio idioma de las maravillas de Dios, del gran milagro que Dios había hecho en Jesús resucitándolo de entre los muertos.

Desde entonces, el Evangelio ha saltado todas las fronteras de las naciones, de las culturas y de las lenguas. Ha llegado hasta los más recónditos rincones de nuestro mundo, proclamando siempre las maravillas de Dios de forma que todos lo han podido entender. Junto con el Evangelio ha llegado también la paz a muchos corazones y la capacidad de perdonar, tal y como Jesús les dice a los apóstoles.

Hoy son muchos los que se siguen dejando llevar por el Espíritu, y con sus palabras y con su forma de comportarse dan testimonio de las maravillas de Dios. Con su amor por todos y su capacidad de servir a los más pobres y necesitados hacen que todos comprendan el amor con que Dios nos ama en Jesús. Con su capacidad de perdonar van llenando de paz los corazones de todos. El Espíritu sigue alentando en nuestro mundo. Hay testigos que comunican el mensaje por encima de las barreras del idioma o las culturas. ¿No ha sido la madre Teresa de Calcuta un testigo de dimensiones universales? Su figura pequeña y débil era un signo viviente de la preferencia de Dios por los más débiles, por los últimos de la sociedad.

Hoy el Espíritu nos llama a nosotros a dejarnos llevar por él, a proclamar las maravillas de Dios, a amar y a perdonar a los que nos rodean como Dios nos ama y perdona, a encontrar nuevos caminos para proclamar el Evangelio de Jesús en nuestra comunidad. Hoy es día de fiesta porque el Espíritu está con nosotros, ha llegado a nuestro corazón. ¡Aleluya!

¿Qué me llamaba más la atención de la madre Teresa de Calcuta? ¿Qué otras personas me parece que son hoy testigos del amor de Dios en nuestro mundo? ¿Cómo podría yo ser testigo del amor y perdón de Dios para los que me rodean?

(Y la Palabra se hizo fiesta, Fernando Torres, cmf, Editorial Claretiana, 2006)

 

ORACIÓN

El Espíritu los acompaña

Vendrás aquí, nos recordarás
las palabras que nos dijo Jesús.
Vendrás al fin, te necesitamos
¡VEN! ESPÍRITU SANTO ¡VEN! (bis).

(CD Volver a nacer, Fabiola Torrero Esteban, stj,
Producción y Distribución para América latina: Editorial Claretiana, 2012)

Pueden escucharlo en: https://www.youtube.com/watch?v=LvH01iBJnok&t=72s

Para rezar a solas o en comunión con nuestros seres queridos

Para cada día

Te alabo Espíritu, Señor y Dador de vida, por los dones recibidos en esta jornada que fui forjando con mis manos y en especial por ………………..……. . Gracias por la grandeza de la vida. Te ofrezco mi cansancio y los esfuerzos de este día. Toma mis anhelos e ilusiones. Son tuyos, consuélame y fortifícame en mi camino. Llévame a que viva mis tareas con libertad todo cuanto sea posible, cultivando mi espíritu, descubriéndome y estando atento a las necesidades de quienes me rodean. Enséñame a tomar decisiones desde mi interior y llevando a cabo lo decidido. Que no me quede en las ilusiones y fantasías infantiles. Llévame a forjar. Que esté afectivamente vinculado a las personas, para hermanarme con todo el ánimo, compartiendo el dolor, las lágrimas y las horas oscuras, como también los momentos de alegría y fiesta. Amén.

(Trabajar orando, Carlos E. Barrio y Lipperheide, Editorial Claretiana, 2013)

 

Abre mis ojos

Espíritu Santo, que trabajas secretamente en nuestros corazones y nos impulsas con delicadeza al amor, ayúdame a descubrir las cosas bellas que haces en los demás. Ayúdame a estar más atento a las cosas positivas que realizas en los hermanos, para que no me detenga tanto a lamentar los defectos ajenos, para que no crea que todo es demasiado negro. Abre mis ojos e ilumíname con tu presencia, para mirar a los demás con bondad y alabarte por todo lo que haces en ellos.

Te adoro, Espíritu, porque siempre descubro algo de ti en la hermosura de tu obra, en lo que realizas en el mundo, en los sacramentos, en las virtudes, en los dones, en los carismas y en las inspiraciones que vienen de ti. Te adoro por los momentos de amor sincero que me hiciste vivir, tocándome por dentro. Alabado seas, Espíritu sublime. Te adoro con todo el corazón. Amén.

(Cinco minutos con el Espíritu Santo, Víctor Manuel Fernández, Editorial Claretiana, 2004)

 

 

GESTO

El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu (Jn 3, 8).

En este otoño de brisas y vientos, vamos a dejarnos llevar como las hojas secas. Podemos recoger algunas, si están al alcance, dibujarlas o, simplemente, pensarlas como un signo concreto. En ellas podemos escribir algo que queramos cambiar, algún anhelo profundo que estuvimos rezando todo este tiempo y el don que estemos necesitando en este momento, para crecer en encuentro con los demás. Dejemos las hojas en ese lugar especial de casa y pongamos lo escrito en oración, con mucha confianza en la “acción libe y generosa” del Espíritu, para que Él se ocupe de llevar y traer nuestras intenciones cada día.

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