El Evangelio y la Vida – Solemnidad de la Ascensión del Señor

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Te proponemos varios recursos para vivir el tiempo de Pascua en casa, a solas o con los seres queridos. Para compartir en familia, con amigos, en tu grupo o comunidad, desde donde a cada uno le toque vivir y transitar este momento.

 

En el hoy de Jesús no queda lugar para el temor a los conflictos ni para la incertidumbre ni la angustia. No hay lugar para el temor a los conflictos porque en el hoy del Señor el amor vence al temor. No hay lugar para la incertidumbre porque el Señor está con nosotros ‘todos los días’ hasta el fin del mundo, Él lo ha prometido y nosotros sabemos en quién nos hemos confiado. No hay lugar para la angustia porque el hoy de Jesús es el hoy del Padre, que sabe muy bien lo que necesitamos y en sus manos sentimos que a cada día le basta su afán. No hay lugar para la inquietud porque el Espíritu nos hace decir y hacer lo que hace falta en el momento oportuno (El verdadero poder es el servicio, Jorge Bergoglio -Papa Francisco-, Editorial Claretiana, 2da ed., 2013).

 

Domingo de la Ascensión del Señor

Jornada mundial de las comunicaciones sociales

5to Aniversario de la encíclica Laudato si’

 

 

 

LECTURAS

Hch 1, 1-11 | Sal 46, 2-3. 6-9 | Ef 1, 17-23

Mt 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de Él; sin embargo, algunos todavía dudaron. Acercándose, Jesús les dijo: Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo.

 

 

REFLEXIÓN

El último encuentro con Jesús

Con esta fiesta de la Ascensión termina prácticamente la Pascua. Es el último encuentro de Jesús resucitado con los discípulos. Y se repiten en él dos constantes que han estado presentes a lo largo de los cuatro evangelios.

Por una parte, la confianza que Jesús pone en los discípulos. Les dice que ellos van a ser los encargados de continuar su obra. Las palabras de Jesús no pueden ser más claras: Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. En sus manos ha puesto Jesús el tesoro del Evangelio, del anuncio de la buena nueva de la salvación para la humanidad.

Pero, por otra parte, el autor de los Hechos de los Apóstoles no renuncia a dejar en claro, incluso en este último momento, la incomprensión de los discípulos. Después de haber seguido a Jesús por los caminos de Galilea y en su viaje hacia Jerusalén, después de haber sido testigos directos de sus palabras y sus milagros, de su cercanía a los pobres y su llamada a la conversión porque el Reino de Dios está cerca, después de haber visto cómo el maestro era detenido, juzgado y condenado a muerte en cruz, después de haber experimentado la resurrección, todavía los discípulos siguen sin comprender del todo la misión de Jesús –y, por tanto, su misma misión como continuadores de aquella. Al final de todo no se les ocurre más que preguntar si ¿es ahora cuando vas a restaurar la soberanía de Israel? No se habían enterado.

Sólo la promesa del Espíritu Santo mantiene la esperanza de que los discípulos lleguen a comprender del todo la misión de Jesús y su propia misión. Ese período tan especial que va desde el día de la Pascua, el de la Resurrección de Jesús, hasta su Ascensión termina con la fiesta de hoy. Pero el período de aprendizaje de los discípulos no ha terminado. Necesitan recibir el Espíritu Santo, que será el que les haga conocer de verdad el significado de las palabras y de la vida de Jesús. De alguna manera, es necesario que Jesús desaparezca de sus vidas para que abran su corazón a una comprensión más profunda y verdadera de su figura. Hasta comprender que hay otra forma de presencia de Jesús en medio de la comunidad, una presencia que será constante y firme hasta el final de los tiempos.

Hoy en la Iglesia, en nuestra comunidad, en nuestro corazón, seguimos necesitando la presencia del Espíritu que nos ilumine para comprender cuál es la esperanza a la que nos llama Jesús, la riqueza de la gloria que es la herencia de los que creen en él. Quizá nos convendría releer la segunda lectura y hacer con ella nuestra oración para pedir al Padre que nos envíe el Espíritu de Jesús, porque aunque –como a los apóstoles– nos cuesta entender, queremos seguir su llamada a anunciar la buena nueva de la salvación a todos los hombres y mujeres.

¿Qué significa para mí anunciar el Evangelio a toda la creación? ¿Es un mandato que afecta sólo a las curas y a las monjas? ¿Qué tendría que hacer para anunciar el Evangelio a los que viven conmigo?

(Y la Palabra se hizo fiesta, Fernando Torres, cmf, Editorial Claretiana, 2006)

 

ORACIÓN

Para rezar a solas o en comunión con nuestros seres queridos, dejando que estas palabras nos inspiren el diálogo con nuestro Padre.

 

Con el salmo de hoy

Aplaudan todos los pueblos,

aclamen al Señor con gritos de alegría.

La alegría, no ingenuamente optimista, sino la profundidad del gozo pascual: el paso hecho posible por Dios, de las lágrimas a la risa, del sufrimiento a la curación, de la esterilidad a la fecundidad, de la muerte a la vida.

Dejo resonar el aplauso y la alegría… y quiero hacer de mi vida una liturgia, un canto de alabanza. Porque la alegría se hace acción de gracias y la acción de gracias es eucaristía.

Que nuestras celebraciones, Señor Jesús, estallen de alegría, porque nos encontramos para celebrar que has vencido a la muerte, porque eres la vida, porque tu pascua da sentido a nuestros pasos. ¡Ahí nuestra alegría!

Con este salmo, Señor Jesús, te pido por aquellos que lloran, para que en ti encuentren la paz y la alegría que nada ni nadie puede quitar.

(Salmos para el camino, María Andrea Green, Editorial Claretiana, 2013)

 

 

Para seguir rezando con una canción

¡HIJO MÍO!

¡Hijo, mío!, que estás en el mundo,

tú eres mi gloria y en ti está mi Reino. (Bis).

Eres mi voluntad y mi querer, (Bis),

yo te sostengo y mantengo cada día (Bis)

Te perdono siempre, para que sepas perdonar tú. (Bis).

 

Y no temas, yo te libraré de todo mal:

De tus dudas, te tus miedos y la tentación. (Bis)

Te abrazaré.

Amén.

(CD Volver a nacer, Fabiola Torrero Esteban, stj,
Producción y Distribución para América latina: Editorial Claretiana, 2012)

Pueden escucharla haciendo click aquí:

 

Para acompañar la Jornada mundial de las comunicaciones sociales

Por un lado, el comunicador cristiano tiene el desafío de conocer, sentir y gustar la belleza del Amor hermoso de Dios, vivo en Jesucristo muerto y resucitado, en su Presencia y acción misericordiosa entre nosotros, por el ejercicio de la Contemplación… Este encuentro personal con Jesucristo es luz para discernir frente a la imagen vacía de cierta cosmetología tecnológica, la belleza de los valores.

La experiencia de la belleza del Amor hermoso de Dios, por el encuentro personal y comunitario con Jesucristo, es el motor de la creatividad cristiana para la comunicación de la Buena Noticia.

Por otra parte, el desafío de compartir esta belleza del Amor hermoso de Dios con una vocación tan específica, cuando la revolución de las comunicaciones y la información en plena transformación ponen a la Iglesia ante un camino decisivo como es cruzar estos nuevos umbrales culturales, que requieren nuevas energías e imaginación para proclamar el único Evangelio de Jesucristo, exige al comunicador cristiano mucha formación y verdadero profesionalismo para el uso competente de la tecnología y el lenguaje de los Medios.

(El verdadero poder es el servicio, Jorge Bergoglio -Papa Francisco-, Editorial Claretiana, 2da ed., 2013).

 

GESTO

El tiempo de Pascua va llegando a su fin, para dar paso al tiempo de escuchar las enseñanzas, contemplar los gestos y caminar junto a Jesús en su ministerio público.

A lo largo de estos domingos, Jesús nos dejó hermosas de palabras de vida, de aliento, de esperanza. Les proponemos releer las lecturas dominicales, buscar aquellas frases que necesitan escuchar una u otra vez:

No teman. – ¡La paz esté con ustedes! – ¡Felices los que creen sin haber visto! – Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará. – Yo he venido para que tengan Vida, y la tengan en abundancia…

Pueden hacer un cartel, pegarla en la heladera, armar una tarjeta, un post, ponerla en sus redes sociales, en sus estados… En fin, ténganla a mano, compártanla, vívanla y no olviden lo que nos dice hoy: yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo.

 

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