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El Evangelio y la Vida – Domingo VI de Pascua

Te proponemos varios recursos para vivir el tiempo de Pascua en casa, a solas o con los seres queridos. Para compartir en familia, con amigos, en tu grupo o comunidad, desde donde a cada uno le toque vivir y transitar este momento.

 

¡Él vive! Hay que volver a recordarlo con frecuencia, porque corremos el riesgo de tomar a Jesucristo sólo como un buen ejemplo del pasado, como un recuerdo, como alguien que nos salvó hace dos mil años. Eso no nos serviría de nada, nos dejaría iguales, eso no nos liberaría. El que nos llena con su gracia, el que nos libera, el que nos transforma, el que nos sana y nos consuela es alguien que vive. Es Cristo resucitado, lleno de vitalidad sobrenatural, vestido de infinita luz (Christus vivit, 126).

 

Contempla a Jesús feliz, desbordante de gozo. Alégrate con tu Amigo que triunfó. Mataron al santo, al justo, al inocente, pero Él venció. El mal no tiene la última palabra. En tu vida el mal tampoco tendrá la última palabra, porque tu Amigo que te ama quiere triunfar en ti. Tu salvador vive (Christus vivit, 126).

 

LECTURAS

Hch 8, 5-8. 14-17 | Sal 65, 1-3a. 4-7a. 16. 20 | 1Pe 3, 15-18

Jn 14, 15-21

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes: El Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en cambio, lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes. No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes. Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes sí me verán, porque yo vivo y también ustedes vivirán. Aquel día comprenderán que yo estoy en mi Padre, y que ustedes están en mí y yo en ustedes. El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él.

 

 

REFLEXIÓN

De la ley al Espíritu del amor

La moral no está de moda en nuestros días. Todo el mundo parece saber perfectamente lo que ha de hacer en cada momento y nadie soporta que le impongan normas u obligaciones. Desgraciadamente, hay muchos que siguen viendo la fe cristiana como una colección de normas, de mandamientos, de obligaciones que hay que cumplir escrupulosamente. Ésa sería la condición para obtener la salvación. El que cumple las normas, muchas de ellas de tipo ritual, como ir a misa todos los domingos, confesarse una vez al año, etc., o de cumplimiento externo, como casarse por la Iglesia, se garantiza la salvación. Quizá por eso hay muchos cristianos que terminan yendo a misa con el tiempo justo, se quedan en el fondo sin participar demasiado y, como ya están cerca de la puerta, se van en cuanto el sacerdote da la bendición –o incluso antes.

Jesús, en el evangelio de hoy, plantea la cuestión exactamente del modo contrario. La obligación de los mandamientos como tal no tiene ningún sentido si no se entiende en el contexto de una relación personal con el mismo Jesús: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos”. No se trata, pues, de cumplir los mandamientos de una forma automática o ciega con el objetivo de conseguir la salvación. El paso primero es encontrarse con Jesús, descubrir quién es y qué significa en nuestra vida. De esa relación personal surge el amor y el seguimiento. Los mandamientos son pura consecuencia de esa vida de seguimiento. Pero primero es el amor, que en ningún caso se puede imponer como obligación.

¿Es que los que siguen a Jesús y lo aman entenderán como una obligación sin sentido la invitación de la Iglesia a reunirse una vez a la semana para escuchar juntos la Palabra, y compartir el Pan y el Vino en la mesa de la Eucaristía? Más que una obligación es un gozo y un derecho: el de reunirme con mis hermanos y hermanas, y juntos dar gracias a Dios por todo lo que nos regala.

Ser cristiano, formar parte de la Iglesia Católica, no es cumplir una serie de normas y mandamientos de forma automática y porque sí. Es formar parte de una familia que se extiende más allá de la sangre y de la cultura. Es haber acogido en el corazón una tradición que viene de siglos. Es haber escuchado la predicación de Felipe y haber recibido el Espíritu Santo de los apóstoles. Ser cristiano es hacer de Jesús el centro de mi vida y amarlo, y amar a mis hermanos con la fuerza de su ejemplo y de su Espíritu.

Este domingo hay que mirar a Jesús, hacerlo presente en nuestro interior y mirarlo a los ojos. Él es la única razón que tenemos para seguir confesándonos cristianos, para cumplir con lo que nos pide el Evangelio y la Iglesia.

¿Alguna vez amar a un hermano o hermana en una situación concreta me ha llevado a quebrantar una norma de la Iglesia? ¿Por qué? ¿Qué es más importante: amar o cumplir los mandamientos? ¿No será que los mandamientos son casi siempre expresión concreta de ese amar que debe caracterizar mi vida como cristiano?

(Y la Palabra se hizo fiesta, Fernando Torres, cmf, Editorial Claretiana, 2006)

 

ORACIÓN

Para rezar a solas o en comunión con nuestros seres queridos, dejando que estas palabras nos inspiren el diálogo con nuestro Padre.

Ante Jesús resucitado

Déjame alegrarme contigo, Madre,

déjame contemplar contigo

al Resucitado.

Celebremos la alegría

de verlo triunfante, feliz,

desbordante de vida y de luz.

Contemplemos sus heridas,

que ahora están sanadas

y tienen toda la hermosura

del amor entregado.

Pero también te pido

que mires mi vida, Madre.

Porque en mí hay algunas cosas

que no tienen luz,

que necesitan la resurrección de Jesús.

Pídele a Jesús

que derrame en toda mi existencia

la vida nueva, el poder y la luz

de su resurrección.

Amén.

(Bajo los ojos de María. Cómo nos mira la Madre,
Víctor Manuel Fernández, Editorial Claretiana, 2016)

 

 

Para hoy y cada día de esta semana

Gracias por renovar mis fuerzas y mi ánimo,
para poder emprender la jornada con alegría
y un corazón abierto hacia los hombres.
Te pido por quienes están impedidos de trabajar
y quisieran hacerlo.
Que se sientan valiosos, a pesar de la aflicción.
Envíales tu Espíritu de consuelo
para que puedan exclamar “Padre”,
aún en medio de la tribulación.

(Trabajar orando, Carlos E. Barrio y Lipperheide, Editorial Claretiana, 2013)

 

 

Para seguir rezando con una canción

¿POR QUÉ TE HICISTE HUMANIDAD?

Si estás ahí y quieres escucharme,

si estás ahí y puedes enterarte,

si estás ahí y puedes aún mirarme,

si estás ahí, mírame otra vez.

¿Por qué te hiciste humanidad?

¿Por qué quisiste ser como yo?

¿Por qué te hiciste pequeño?

¿Por qué nos quieres con tanto amor? (Bis)

Solamente Tú, puedes curar este mundo roto

solamente Tú, puedes cambiar este mundo roto.

Solamente Tú, puedes salvar este mundo roto…

Si te dejamos pasar.

(CD Volver a nacer, Fabiola Torrero Esteban, stj,
Producción y Distribución para América latina: Editorial Claretiana, 2012)

Pueden escucharla haciendo click aquí:

 

GESTO

¿No será que los mandamientos son casi siempre expresión concreta de ese amar que debe caracterizar mi vida?

En este tiempo especial, en el que muchas de las “normas habituales” se vieron modificadas en busca de cuidarnos los unos a los otros, nos damos cuenta de lo que es realmente innegociable.

Les proponemos, en esta semana, pensar qué hábitos, reglas, costumbres han cambiado en su hogar y en su día a día. Pueden compartir con sus seres queridos cuáles extrañan, cuáles les dan alegría y cuáles les cuesta mucho llevar a cabo. Pídanle al Espíritu para que venga en ayuda y no se desanimen.

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