Publicado el 2 comentarios

El Evangelio y la Vida – Domingo IV de Cuaresma

En este cuarto domingo de Cuaresma, en el que se nos invita a quedarnos en casa, compartimos con vos el Evangelio del día junto a una reflexión y oración de nuestros libros. Al final te proponemos un gesto concreto para realizar.

LECTURAS
1Sm 16, 1b. 5b-7. 10-13a | Sal 22, 1-6 | Ef 5, 8-14

 

EVANGELIO
Jn 9, 1. 6-9. 13-17. 34-38 (versión breve)

Jesús, al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento. Escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, diciéndole: Ve a lavarte a la piscina de Siloé, que significa Enviado. El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía. Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban: ¿No es este el que se sentaba a pedir limosna? Unos opinaban: Es el mismo. No, respondían otros, es uno que se le parece.

Él decía: Soy realmente yo. El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos. Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver. Él les respondió: Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo. Algunos fariseos decían: Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado. Otros replicaban: ¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos? Y se produjo una división entre ellos. Entonces dijeron nuevamente al ciego: Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos? El hombre respondió: Es un profeta. Ellos le respondieron: Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones? Y lo echaron. Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó: ¿Crees en el Hijo del hombre? El respondió: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? Jesús le dijo: Tú lo has visto: es el que te está hablando. Entonces él exclamó: Creo, Señor, y se postró ante él.

 

REFLEXIÓN
De la confusión a la luz

El evangelio de hoy es una historia larga y preciosa. Da para hablar y comentar mucho: las actitudes de los diversos personajes, identificarnos con unos y con otros, etc. Pero nos vamos a centrar en la relación entre el ciego y Jesús. Si dejamos de lado todas las discusiones y diálogos posteriores al milagro, el relato del milagro en cuanto tal es muy breve. Jesús se acerca al ciego –no se dice que el ciego haya solicitado su curación, simplemente estaba allí y Jesús lo vio–, escupe en tierra, hace barro con la saliva, se lo unta en los ojos y le dice que se vaya a lavar. El ciego obedece y recobra la vista. Luego viene toda la discusión entre los conocidos, la familia, los fariseos y el ciego. Jesús prácticamente desaparece del relato. Hasta que al final se encuentra de nuevo con el ciego, expulsado de la sinagoga simplemente por contar lo que le había sucedido, y lo invita a creer en él.

Atención al método de curación. Jesús unta barro en los ojos del ciego. Es como si Jesús llevase al ciego a una mayor confusión todavía. En realidad el ciego vivía tranquilo y contento en su situación. No pide a Jesús que lo cure. Simplemente está allí cuando Jesús pasa. Podemos pensar que, si era ciego de nacimiento, no sentiría ninguna necesidad de ver. ¿Para qué? Su mundo había sido siempre oscuro. No conocía la luz. No sentía necesidad de ella. Quizá ni siquiera tenía conciencia de tener ojos.

Jesús le hace tomar conciencia de su realidad. El barro en los ojos le tuvo que doler al ciego. Le hizo sentir que tenía ojos. ¿No es verdad que el dolor en una parte del cuerpo nos hace sentir esa parte de una forma especial? Algo así le pasó al ciego. Luego vino la instrucción. “Ve a lavarte”. “¿Lavarme qué?”, pensaría el ciego. Pero fue y, al lavarse, descubrió por primera vez lo que era la vista. Descubrió el mundo. Se descubrió a sí mismo.

Su existencia tranquila se complicó muchísimo. De repente entró en conflicto con sus conocidos, con su mundo. Los fariseos lo terminaron expulsando de la sinagoga y sus mismos familiares no querían saber mucho de él. Al final, se encuentra con Jesús y, con su vista recién ganada, reconoce al salvador. “Creo, Señor”. Y se postró ante él.

A mitad de la Cuaresma, el evangelio nos dice que Jesús es la luz del mundo. Es nuestra luz. Nos hace ver la realidad de nuestra vida. Nos saca de la oscuridad en la que nos sentimos cómodos. Nos descubre lo que nos gustaría dejar oculto. Nos hace enfrentarnos con nuestra realidad. Se nos hacen transparentes nuestras actitudes miserables, egoístas, etc. Y nos desafía a dar una respuesta. ¿Quién se anima a abrir así los ojos?

¿Cuáles son las partes de nuestra vida, de nuestra familia, de nuestras relaciones, de nuestra sociedad, que preferimos dejar en la oscuridad y no mirarlas? ¿Queremos de verdad que Jesús nos abra los ojos? ¿En qué tendríamos que cambiar si nos decidimos a abrir los ojos? ¿Qué papel juega Jesús en nuestra vida? ¿Es de verdad nuestra luz?

(Y la Palabra se hizo fiesta, Fernando Torres, Editorial Claretiana, 2006)

 

ORACIÓN 

Amado Jesús, quiero aprender a mirarte a ti, sin dejarme distraer por nada en la vida… Ni por las tormentas, ni por la calma. No quiero apartar mi mirada de tus ojos, ni en los momentos de desolación, ni tampoco en los de consolación. No quiero apartarme ni un milímetro de tu santa voluntad, ni cuando las cosas sean contrarias a mi querer, ni cuando todo sea como yo deseo. Que en todos momentos mi mirada descanse en ti, y que tú seas siempre la paz de mi corazón, tanto en medio de las tormentas, como también cuando todo sea serenidad y gozo. Amén.

(Rosario para superar las tormentas de la vida, Gustavo Jamut, Editorial Claretiana, 2017)

 

GESTO

Te proponemos que en casa, con quienes te toque pasar este tiempo de espera e incertidumbre incluso virtualmente, busques siempre los rastros de la luz de Dios en su corazones, para cuidarse y sostenerse mutuamente.

2 comentarios en “El Evangelio y la Vida – Domingo IV de Cuaresma

  1. Gracias por acercar el evangelio, creo que muchos de nosotros en algún momento de nuestra vida hemos tenido los ojos sin ver, como el ciego de Jericó y hasta que una situación nos removió el barro de los ojos no nos habíamos dado cuenta. Pero siempre existe la gracia que nos ayuda a ver y esa gracia la da Nuestro Señor!!! Y doy Gloria a Dios por eso…

  2. Muy bueno!!! Muchas gracias por tan noble gesto, Justo cuando estamos pasando por tan aciago momento por el maldito virus, que, sin dudas fue sembrado por el demonio

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *