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El Evangelio y la Vida – Cuerpo y Sangre de Cristo

Te proponemos varios recursos para vivir la cada Domingo en casa, a solas o con los seres queridos.

 

En la Eucaristía ya está realizada la plenitud, y es el centro vital del universo, el foco desbordante de amor y de vida inagotable. Unido al Hijo encarnado, presente en la Eucaristía, todo el cosmos da gracias a Dios. En efecto, la Eucaristía es de por sí un acto de amor cósmico: «¡Sí, cósmico! Porque también cuando se celebra sobre el pequeño altar de una iglesia en el campo, la Eucaristía se celebra, en cierto sentido, sobre el altar del mundo». La Eucaristía une el cielo y la tierra, abraza y penetra todo lo creado. El mundo que salió de las manos de Dios vuelve a él en feliz y plena adoración. En el Pan eucarístico, «la creación está orientada hacia la divinización, hacia las santas bodas, hacia la unificación con el Creador mismo». Por eso, la Eucaristía es también fuente de luz y de motivación para nuestras preocupaciones por el ambiente, y nos orienta a ser custodios de todo lo creado (Laudato si’, 236).

 

Domingo del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

 

LECTURAS

Dt 8, 2-3. 14b-16a | Sal 147, 12-15. 19-20 | 1Cor 10, 16-17

Jn 6, 51-58

Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo. Los judíos discutían entre sí, diciendo: ¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne? Jesús les respondió: Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente.

 

REFLEXIÓN

Acuérdate de todo el camino que el Señor tu Dios te ha hecho andar

En la fiesta del Corpus hacemos memoria de todo el tiempo pascual, que se concentra en la fiesta de la Carne y la Sangre del Señor. La carne del Señor es nuestra carne resucitada y llevada a lo más alto del cielo. Un gran creyente decía “el Cielo es la sagrada intimidad del Dios santo”. Pues bien, en la fiesta del Corpus festejamos el lugar físico donde esa intimidad sagrada del Dios santo se nos abre y se nos brinda cada día: la Eucaristía.

En estos tiempos tan difíciles de nuestra Patria en los que la bajeza moral parece achatarlo todo, nos hace bien alzar los ojos a la Eucaristía y acordarnos de cuál es la esperanza a la que hemos sido llamados. Estamos invitados a vivir en comunión con Jesús: El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él (Jn 6, 56). El Señor nos lo mandó cuando dijo, en la última cena: Hagan esto en memoria mía (1Cor 11, 24).

En el Evangelio, Jesús nos revela que Él es el maná, Él es el pan bajado del cielo. Él es el Pan que da Vida, una vida para siempre: Mi carne es verdadera comida (Jn 6, 55). Muchos discípulos lo abandonaron aquel día, porque estas palabras les sonaron muy duras. Querían algo más concreto, una explicación mejor de cómo se puede vivir con lo que Jesús nos dice, con lo que Jesús nos da. En cambio, Pedro y los apóstoles se jugaron por el Señor: A quién iremos. Sólo tú tienes palabras de vida eterna (Jn 6, 68). También nosotros, como pueblo, estamos en una situación parecida: una situación de desierto, una situación que nos exige decisiones en las que nos va la vida. Frente al Pan vivo, como pueblo fiel de Dios, dejemos que el Señor nos diga: pueblo mío, acuérdate con qué pan te alimenta nuestro Padre del Cielo y cómo son los panes falsos con que te ilusionaste y te llevaron a esta situación.

Acuérdate que el Pan del Cielo es un pan vivo, que te habla de siembra y de cosecha, porque es pan de una vida que tiene que morir para alimentar. Acuérdate que el Pan del Cielo es un pan para cada día porque tu futuro está en las manos del Padre Bueno y no solamente en la de los hombres. Acuérdate que el Pan del Cielo es un pan solidario que no sirve para ser acaparado sino para ser compartido y celebrado en familia. Acuérdate que el Pan del Cielo es pan de vida eterna y no pan perecedero. Acuérdate que el Pan del Cielo se parte para que abras los ojos de la fe y no seas incrédulo. Acuérdate que el Pan del Cielo te hace compañero de Jesús y te sienta a la mesa del Padre de la que no está excluido ninguno de tus hermanos. Acuérdate que el Pan del Cielo te hace vivir en intimidad con tu Dios y fraternalmente con tus hermanos. Acuérdate que el Pan del Cielo, para que lo pudieras comer, se partió en la Cruz y se repartió generosamente para salvación de todos. Acuérdate que el Pan del Cielo se multiplica cuando te ocupas de repartirlo. Acuérdate que el Pan del Cielo, te lo bendice, te lo parte con sus manos llagadas por amor y te lo sirve el mismo Señor resucitado. ¡Acuérdate! ¡Acuérdate! ¡No lo olvides nunca! Esta memoria en torno al Pan nos abre al Espíritu, nos fortalece, nos da esperanza. Que esta esperanza inquebrantable de sentarnos un día a la mesa del banquete celestial nos libre de querer sentarnos al banquete de los suficientes y orgullosos, esos que no dejan ni las migas para alimento de los más pobres. Que el vivir en la intimidad sagrada del Dios santo nos libre de las internas políticas que desgajan nuestra Patria. Que saciados con el humilde pan de cada día nos curemos de la ambición financiera. Que el trabajo cotidiano por el pan que da vida eterna nos despierte del ensueño vanidoso de la riqueza y la fama. Que el gusto del pan compartido nos sacuda del tono murmurador y quejoso de los medios. Que la Eucaristía celebrada con amor nos defienda de toda mundanidad espiritual.

Le pedimos a la Virgen estas gracias de memoria. Nuestra Señora es el modelo del alma cristiana y eclesial que conserva todas estas cosas meditándolas en su corazón. A ella le rogamos que nos recuerde siempre dónde está el pan que nos da vida y el vino que alegra nuestro corazón. Que no deje de decirnos con su voz materna: Hagan todo lo que Jesús les diga. Que grabe en nuestro corazón las palabras de su Hijo: Hagan esto en memoria mía – Fragmento. Homilía de Corpus Christi, 2002-.

(El verdadero poder es el servicio, Jorge Mario Bergoglio, Editorial Claretiana, 2da ed. 2013)

 

ORACIÓN

TRANSPARENTE

Transparente como el agua de un manantial,

transparente como el agua clara.

Transparente en cada una de mis palabras,

transparente en mi mirada. (Bis)

 

Deja que el sol, entre también,

hasta en el fondo del alma.

Deja que el sol, entre también,

en cada rincón de la casa.

 

(CD Cuando habla el corazón, Fabiola Torrero Esteban, stj,
Producción y Distribución para América latina: Editorial Claretiana, 2012)

Pueden escucharlo haciendo click aquí

 

Para rezar a solas o con nuestros seres queridos

Oración de San Alfonso María de Ligorio (Comunión espiritual)

Creo, Jesús mío, que estás en el Santísimo Sacramento. Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte. Pero ya que ahora no puedo hacerlo sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya hubieses venido, te abrazo y me uno del todo a ti. No permitas que vuelva a separarme de ti.

Señor Jesús, comunión de amor y de vida

Señor Jesús, que resucitaste de entre los muertos y has ascendido junto al Padre, yo creo que estás presente en el sacramento del pan de vida, te adoro y te amo. Tú eres el hijo del Dios vivo, la fuente de la vida plena, la palabra que nos guía, la gracia que nos salva. Tú eres verdaderamente hombre, amigo de lo humano, hermano de los más pobres, luz de la humanidad. Jesús, mediador nuestro, puente entre nosotros y la comunión plena del amor: la Santísima Trinidad. Haz crecer en nosotros la fe, la esperanza y la caridad y no permitas que nos separemos de ti.

(Ambas oraciones se encuentran en Quince Minutos en compañía de Jesús Sacramentado,
Equipo Editorial, Editorial Claretiana, 2003)

 

Pan vivo

Señor nuestro, Tú que escuchaste la súplica de Moisés e hiciste descender el maná en el desierto, como signo de tu amor y tu presencia, has que siempre te busquemos como el pan vivo bajado del cielo, formado en el seno purísimo de María. Contemplo tus palabras: Mi carne es comida verdadera, y mi sangre es bebida verdadera. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en Mí y Yo en él (Jn 6, 56-57).

Pan compartido

El pan y el vino, que compartimos en nuestra mesa familiar, nos recuerda nuestra condición de familia eclesial. Jesús, has que, reunidos en la caridad, vivamos en comunión con todo el cuerpo místico de Cristo. Con la asistencia de María Santísima, tengamos siempre la gracia de poder dividirlo con nuestros hermanos más necesitados.

(Ambas oraciones se encuentran en 365 días ante el Sagrario. Jesús nos espera,
Florentín Brusa, Editorial Claretiana, 2010)

 

 

GESTO

“Por eso, la Eucaristía es también fuente de luz y de motivación para nuestras preocupaciones por el ambiente, y nos orienta a ser custodios de todo lo creado” (Laudato si’, 236).

Jesús es el Pan Vivo que nos impulsa a comprometernos con el cuidado de la vida en todas sus expresiones. Una buena forma de empezar es sumándose a la colecta anual de Cáritas, que hoy se realiza en nuestro territorio y que llega a muchas personas a lo largo del país. Pero hay muchas opciones: estar atentos a tantos vecinos y personas cercanas que no están pasando un buen momento; colaborar y hacerse eco de las campañas que reciben abrigo para hacer frente al frío que se acerca; cuidar, más que nunca, los recursos por medio de la fórmula de la 3R (reducir, reciclar, reutilizar); ser consumidores responsables… Pequeñas acciones diarias que le den un respiro a nuestra Casa Común.

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