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El Evangelio y la Vida – 5° Domingo de Pascua

Camino, verdad y vida

Te proponemos varios recursos para vivir el tiempo de Pascua en casa, a solas o con los seres queridos. Para compartir en familia, con amigos, en tu grupo o comunidad, desde donde a cada uno le toque vivir y transitar este momento.

 

Él está en ti, Él está contigo y nunca se va. Por más que te alejes, allí está el Resucitado, llamándote y esperándote para volver a empezar. Cuando te sientas avejentado por la tristeza, los rencores, los miedos, las dudas o los fracasos, Él estará allí para devolverte la fuerza y la esperanza (Christus vivit, 2).

 

Si Él vive, entonces sí podrá estar presente en tu vida, en cada momento, para llenarlo de luz. Así no habrá nunca más soledad ni abandono. Aunque todos se vayan Él estará, tal como lo prometió: «Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28,20). Él lo llena todo con su presencia invisible, y donde vayas te estará esperando. Porque Él no sólo vino, sino que viene y seguirá viniendo cada día para invitarte a caminar hacia un horizonte siempre nuevo (Christus vivit, 125).

 

Domingo V de Pascua


Camino, verdad y vida

 

LECTURAS


Hch 6, 1-7 | Sal 32, 1-2. 4-5. 18-19 | 1Pe 2, 4-10
Jn 14, 1-12

Jesús dijo a sus discípulos: No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí. En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, se lo habría dicho a ustedes. Yo voy a prepararles un lugar. Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes. Ya conocen el camino del lugar adonde voy. Tomás le dijo: Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino? Jesús le respondió: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto. Felipe le dijo: Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta. Jesús le respondió: Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo dices: Muéstranos al Padre? ¿No crees que yo esté en el Padre y que el Padre esté en mí? Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras. Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre.

 

REFLEXIÓN


Somos pueblo de Dios

Está avanzado ya el tiempo de Pascua y es buen momento para que los cristianos tengamos una idea clara de nuestra identidad más profunda. A veces, de tanto caminar por los días y los trabajos de cada cual, se nos olvida que hemos sido elegidos como portaestandartes de una bandera que no es sólo para nosotros sino para toda la humanidad. En Cristo Jesús resucitado somos todos sacerdotes que ofrecemos a Dios el sacrificio espiritual que trae la salvación al mundo. Así es como construimos el Reino de Dios. Porque los sacrificios que ofrecemos no son como los de la Antigua Alianza –holocaustos de carneros y toros– sino la entrega de nuestras vidas al servicio del Reino de Dios, comprometidos en formar ya aquí la familia de Dios, donde reina la verdad, el amor y la justicia.

Eso es lo que los cristianos somos por nuestro Bautismo. El desafío está en llegar a ser, en la vida real, lo que ya somos en la presencia de Dios. Nuestra llamada consiste en llevar a la práctica de cada día ese amor con el que Dios nos amó en Jesús y que nos transformó en pueblo elegido y nación consagrada. Para llegar a nuestra meta, el evangelio de hoy nos muestra el camino: el mismo Jesús que dice de sí que es “el Camino, la Verdad y la Vida”. A los apóstoles les costó comprender que mucho más importante que aprender unas verdades era seguir a Jesús. Les costó comprender que no se trataba de aprender teología, sino de encontrarse con Jesús y dejar que fuese el guía que los llevase hasta el Reino del Padre. No había más camino que seguir sus huellas. Hoy nos tenemos que decir lo mismo: ser cristiano es seguir las huellas de Jesús, comportarnos como él lo haría, amar a nuestros hermanos y hermanas hasta darlo todo, como él hizo.

Hacer eso en la vida cotidiana no siempre es fácil. Hoy enfrentamos problemas y situaciones que no tienen nada que ver con las que enfrentaron Jesús o los apóstoles. Pero ése es precisamente nuestro desafío: encontrar soluciones creativas, en línea con el Reino, a los problemas que nos aparecen. Como hicieron los apóstoles en la primitiva Iglesia, al ver que un grupo de la comunidad, las viudas de los griegos, no recibían la atención que debían. Inmediatamente solucionaron el problema creando un grupo que las atendiese: los diáconos. Así tenemos que ejercer nuestro seguimiento de Jesús: tratando de ofrecer soluciones a los problemas que nos encontramos, preguntándonos siempre: ¿qué haría Jesús en una situación como ésta? Y dejándonos llevar por el Espíritu. Hasta encontrar las formas y los modos concretos que nos lleven a expresar de la forma más eficaz posible el amor por los hermanos y hermanas, especialmente por los más necesitados.

¿Hay personas cerca de nosotros que se quedan sin atender, que sufren sin que nadie les haga caso ni ayude? ¿Qué podemos hacer para estar cerca de ellos y aliviar sus sufrimientos? ¿No es esa la mejor forma de seguir a Jesús, Camino, Verdad y Vida?

(Y la Palabra se hizo fiesta, Fernando Torres, cmf, Editorial Claretiana, 2013)

 

ORACIÓN


Para rezar a solas o en comunión con nuestros seres queridos, dejando que estas palabras nos inspiren el diálogo con nuestro Padre
TIEMPO Y CAMINO

(…) Junto al camino, también se va haciendo presente el silencio. Un silencio que no es vacío, sino plenitud. Un silencio que te permite recibir la palabra que Dios siembra en tu corazón a través de las manos generosas de la gente de su pueblo. Un silencio pleno de palabras, de preguntas, de deseos, de evocaciones. Un silencio que se te va haciendo junto al camino sabiduría en el corazón, que va profundizando nuestras pobres vidas.

El camino te habla de tiempo, de espera, de promesa. El camino va serenando el corazón y lo va haciendo paciente, lo va poniendo al ritmo lento de la naturaleza, de Dios y de su gente. El camino te hace sentir tu esencia más profunda, la de ser un peregrino. Te recuerda que eres polvo, que del barro vinimos y al barro volvemos. Pero no cualquier barro, sino un barro amado, cuidado y modelado por Dios. Un barro que te recuerda que eres frágil, débil, lleno de imperfecciones, que no puede realizar todo lo que quisiera o esperara. Y que para realizarlo hace falta tiempo y camino.

(Bautizados por el monte. Experiencias de un sacerdote misionero, Juan Ignacio Liébana, Editorial Claretiana, 2012)

 

EL HIJO DE DIOS SE HA HECHO PARA NOSOTROS CAMINO

Qué hermoso contemplar a Cristo no sólo como meta, sino también como camino. Él es nuestro Camino, nuestra Verdad y Vida. Por eso, desde el momento de la encarnación, el transitar cada paso en el camino, se hace también encuentro salvífico con el Redentor que se hace camino. No sólo casa y refugio, sino también camino a transitar. Y el camino demanda tiempo, espera, ardua tarea y también descanso certero.

Tal vez sea el tiempo de aprender del caminar de los últimos que no tienen apuro por llegar y que por eso, disfrutan de cada parada del camino. Como en una peregrinación, la llegada es algo emocionante y esperado; ahí adquiere sentido el cansancio y el sacrificio. Sin embargo, eso no le resta valor a cada paso del camino, cada parada, cada detalle vivido con intensidad. ¿Será tal vez que por tener el futuro tan incierto y tan amenazado, los olvidados nos enseñan a no planificar tanto y a vivir más el momento presente? ¿Será que ellos, los últimos, puedan pasar a ser primeros en la enseñanza de cómo caminar? En esta sociedad, o en nuestra propia vida que tratamos de tener todo tan controlado y tan planificado, ellos nos enseñan a confiar un poco más en lo que vendrá, para así dejar espacio para encontrarnos con el transitar cotidiano, teñido de tantos encuentros, salpicado por tantos detalles, que corriendo no alcanzamos a percibir.

(Corazón adentro. Hacia la espesura del monte, Juan Ignacio Liébana, Editorial Claretiana, 2012)

 

Para seguir rezando con una canción y una oración

SOLO TENGO CAMINOS

Solo tengo caminos.

Caminitos, nada más.

Ante un Dios que se llama “Camino”,

sé que hay aquí no hay descanso, no hay meta.

Solo tengo caminos

para describirme,

para entender mi alma

y abrazar mi vida y la tuya…

Solo tengo caminos.

Solo la mente vuela y llega…

¡La vida real va más despacio!

Velocidad crucero de la vida:

tu humilde paso.

Sagrado ritmo tibio,

ciclo humano de cuatro estaciones.

Como bosque creciendo,

es así nuestro cambio posible.

Solo cuando caminas, besas,

de tu esencia, su belleza.

Dios despacito va abriendo su mano

… y te despliegas.

Que el caminar te apacigüe

y te hermane, te cure y te absuelva,

desde el respeto sabio

que los pasos pequeños te enseñan.

(CD Declaración de Domicilio -Volumen VII-, Eduardo Meana, 2004)

Pueden encontrarla en el libro Santa Resiliencia. contemplando cómo Dios nos fortalece hoy, Eduardo Meana Laporte, Editorial Claretiana, 2019.

Y escucharla en:

 

SEÑOR, QUE DESCIENDA TU AMOR SOBRE NOSOTROS

Gracias, Señor, por la tierra en que nací, por el pueblo con el que me invitas a construir tu Reino. Gracias por la historia, con sus luces y sombras.

Perdón, Señor, porque no sabemos reconocerte como el dador de nuestras vidas; perdón por someter con las armas, con la palabra, con el hambre, con las múltiples formas de injusticia.

Ayúdanos a construir en ti una nación nueva.

Ayúdanos a que tu Reino sea latido en cada decisión.

Ayúdanos a movernos por parámetros de justicia y solidaridad, de dar lugar a todos, de incluir a todos. Que te sepamos ver caminando a nuestro lado, cuidando nuestras siembras, alentando la vida… poniendo en ti lo que somos y tenemos… reconocerte nuestro, sabiéndonos todos tuyos. Amén.

 

 

GESTO


Jesús es el camino que nos lleva al Padre. Nos guía con sus palabras, sus obras y sus gestos. Con ellos, siempre estuvo atento a los detalles, teniendo en cuenta lo que pasaba a su alrededor.

En este tiempo, aunque parezca una pausa en el camino, seguimos andando y compartiendo con muchas personas: cuidándonos y cuidando a los demás. Es una buena oportunidad para estar pendientes de los detalles, de hacer las cosas de todos los días de un modo especial, de agregar algo distinto, de pensar qué hace feliz al otro. Que sean nuestras pequeñas obras, los gestos sencillos, los que hablen de Dios.

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