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Un Rey sin cetro ni corona

Estamos llegando al fin del Año Litúrgico. El mismo, como sabemos, llega a su culmen con la solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo Rey del Universo. En la Iglesia Católica esta celebración tiene su origen en 1925, con la encíclica Quas Prima, promulgada por el Papa Pío XI; aunque son diferentes las denominaciones cristianas que reconocen, de distintas maneras, el reinado de Cristo desde la antigüedad.

“El Evangelio presenta la realeza de Jesús al culmen de su obra de salvación, y lo hace de una manera sorprendente. «El Mesías de Dios, el Elegido, el Rey» (Lc 23,35.37) se muestra sin poder y sin gloria: está en la cruz, donde parece más un vencido que un vencedor. Su realeza es paradójica: su trono es la cruz; su corona es de espinas; no tiene cetro, pero le ponen una caña en la mano; no viste suntuosamente, pero es privado de la túnica; no tiene anillos deslumbrantes en los dedos, pero sus manos están traspasadas por los clavos; no posee un tesoro, pero es vendido por treinta monedas”. (Papa Francisco)

Son fuertes las palabras del Sumo Pontífice y llegan al corazón. Y es cierto: podemos caer en el error de pensar en un rey con cetro, corona y manto de armiño, tal cual expresaba el arte de otra época. Todavía quedan resabios de la misma a través de imágenes, objetos religiosos y estampas que expresan de manera inexacta el sentido de esta fiesta.

No. Jesús es rey porque propone el estilo de vida del Reino ideal, en el que todos somos iguales y estamos incluido, cada cual desde su propia vocación. Y ese reinado requiere un cambio de vida y actitud muy diferente al que la sociedad de consumo nos impone. En cambio, Jesús reina respetando nuestra libertad y presentándonos valores básicos para la convivencia humana, con los que podemos transformar la realidad según la idea de Dios: que seamos felices amando y dejándonos amar.

Qué gran verdad la que el evangelista lo pone en boca del Maestro:

“Contestó Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis soldados habrían peleado para que no me entregaran a los judíos. Pero mi reino no es de aquí.

Le dijo Pilato: Entonces, ¿tú eres rey?

Jesús contestó: Tú lo dices. Yo soy rey: para eso he nacido, para eso he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Quien está de parte de la verdad escucha mi voz”.

(Jn. 18, 36 – 37)

En “Las Crónicas de Narnia”, de C. S. Lewis, es notable el paralelismo entre el león Aslan y Jesucristo. Aslan aparece después de mucho tiempo en Narnia, un país frío y sombrío, gobernado por la Bruja Blanca; y entrega su vida por la de Edmund, figura del pecador arrepentido. Allí podemos ver los símbolos de los cuales el león es despojado al ser sacrificado sobre un altar de piedra. Luego, en medio de la lucha por restablecer su reinado, él resucita y triunfa sobre el mal, dejando a los herederos del reino un país en paz.

Es muy recomendable esta historia para los niños, en nuestras familias, grupos y catequesis.

Jesús viene a reinar en nuestro corazón y en nuestra vida. Es un rey manso y humilde de corazón, quien, “a pesar de su condición divina, no hizo alarde de ser igual a Dios; sino que se vació de sí y tomó la condición de esclavo, haciéndose semejante a los hombres”. (Fil. 2, 6 – 7)

A medida que lo vamos dejando actuar, que le vamos dando lugar en cada rincón y aspecto de nuestra vida, él va transformándonos en aquello para lo que fuimos creados, ya que todas las personas tenemos una misión en nuestra vida. Nuestra lucha es interior y en ella él nos acompaña día a día.

Que, celebrando esta fiesta, podamos tomar conciencia del mensaje del Evangelio, dejándonos encontrar por nuestro Gran Amigo y comprometiéndonos a hacer una sociedad más justa, desde nuestro lugar.

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La música nos ayuda a ser mejores personas

Desde la creación del hombre y la mujer, la música acompañó la vida del ser humano. Es más: podríamos decir que el universo está lleno de música desde toda la eternidad, ya que la misma no es inherente solo al ser humano, sino a todos los seres creados.

A nivel religioso, la música siempre fue muy importante a través de la historia, según el contexto cultural y pastoral de cada época.

Dentro de la Iglesia Católica son muchas los estilos musicales actualmente, como así también los objetivos para los cuales se aplica. No toda la música católica es litúrgica, por ejemplo. Existe gran variedad de estilos, tantos como la música en general. Hay bandas con todos los ritmos, con canciones que nos ayudan en la oración y en los diferentes estados y realidades que vivimos.

Y por otro lado, no toda la música católica es aplicable a la liturgia. La Misa es la oración por excelencia y debemos dar al canto el lugar que le corresponde.

Dice el Papa Francisco:

“La música sacra reduce las distancias incluso entre aquellos hermanos que a veces no sentimos cercanos. Por ello, en toda parroquia el grupo de canto es un grupo donde se respira disponibilidad y ayuda recíproca”

De hecho, el objetivo del coro o ministerio de música es ayudar a cantar al pueblo, el cual se constituye como el gran ministerio de música.

Las canciones no llenan espacios, son parte de la celebración y debe darse el lugar y el tiempo adecuados para que realcen la misma, sin apuros.

También Francisco nos habla de la música en general:

“No conoce barreras de nacionalidad, de etnia, de color de la piel, sino que involucra a todos mediante un lenguaje superior y siempre consigue poner en sintonía a personas y grupos de orígenes muy distintos”.

Toda música puede ser oración si nos acompaña en nuestra relación con Dios y con los demás.

El 22 de noviembre celebramos a santa Cecilia, y con ella el Día de la Música. Fue nombrada su patrona en 1594, el papa Gregorio XIII, poniendo bajo su intercesión a todos los músicos.

Que ella nos ayude a vivir una espiritualidad creativa, en la que cada melodía y cada canción realce nuestro ser partícipes de la creación de Dios.

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Construyamos la esperanza, con solidaridad y compromiso.

De a poquito vamos entrando en la última etapa del año y nuestro ritmo se acelera más de lo acostumbrado. Queremos llegar, cumplir metas, cerrar etapas, terminar bien. A veces podemos darnos cuenta que aquellos objetivos que nos habíamos propuesto, hoy no se dan de la misma manera que los habíamos pensado. Y desesperamos, nos ponemos nerviosos, nos angustiamos.

El remedio para esto es la esperanza. No solo porque sea lo último que se pierde sino también porque es lo primero que debemos tener en cuenta al realizar proyectos. Las cosas no van a salir tal cual como las habíamos pensado ni en el tiempo que nos habíamos propuesto, pero van a salir bien.

Cuando el Principito le pide al rey una puesta de sol, ya que este último “gobernaba sobre todo” y sus órdenes se cumplían, su respuesta fue: “la tendrás cuando las condiciones estén dadas”. En realidad la puesta de sol se da naturalmente, en el momento en que todo confluye para ese fin. Solo que a veces podemos perder el horizonte y pensar que nunca llegará o que estamos perdiendo el tiempo.

En este camino de esperanza, nos vamos encontrando con los demás y no siempre nos gusta lo que vemos. En esto lo mejor es inclinarnos a la solidaridad. Si hay injusticias, ahí debemos estar para afrontarlas, junto a quienes las sufren, desde nuestro lugar y posibilidades. Ir más allá del reenviar un mensaje, salir al encuentro con actitudes concretas. Si prometo oración poniendo el emoji de las manitos juntas, hacer oración. Si alguien pide colaborar con ropa o comida para quienes las necesitan, tomarme un momento para seleccionar lo poco o mucho que tengamos. Estos son ejemplos que podemos tomar para distintas situaciones.

La Jornada Mundial de los Pobres, instituida por el Papa Francisco, la cual se celebra el 17 de noviembre, tiene ese objetivo: tomar conciencia. No vamos a solucionar el problema de la pobreza, pero si somos solidarios unos con otros, vamos a crecer como personas. Y tal vez con este testimonio a nivel mundial, quienes tienen en sus manos los destinos del mundo, se den cuenta que la cosa va por otro lado. Que hay lugar para todos en el planeta y que este es la casa de todos.

Y en esto es bueno tener en cuenta el compromiso al que se nos invita como cristianos y ciudadanos. No es ni más ni menos que realizar con responsabilidad aquella misión que nos fue encomendada por Dios desde el principio, según nuestra vocación.

Tenemos el ejemplo de San Roque González, a quien recordamos el 16 de noviembre y es uno de los santos latinoamericanos. Ordenado sacerdote a los 22 años, fue inmediatamente párroco y luego fundó una reducción jesuítica en Paraguay, donde dejó su vida junto a otros compañeros. Un joven que tenía clara su meta y sus objetivos, que tenía bien puesta la camiseta del equipo para el que jugaba.

Esto es lo que necesitamos si queremos cambiar la sociedad de hoy y si queremos llegar a fin de año con el corazón lleno, aunque las cosas no se den como las pensamos: esperanza, solidaridad y compromiso.

Que Dios nos lleve de su mano durante estas semanas, hasta terminar este 2019 y todos los días de nuestra vida.

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La santidad en el mundo de hoy

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El día de todos los santos hacemos memoria de todas aquellas personas que, habiendo tenido una vida acorde al Evangelio, son parte hoy de la Iglesia Triunfante aunque no hayan sido canonizadas.

Pero ¿qué es la santidad? Decía un sacerdote: es hacer lo correcto en el momento justo. ¡Gran desafío! Claro, para eso está la vida aquí en la tierra.

Nos dice el papa Francisco en la encíclica “Alégrense y Regocíjense” (Gaudete et Exsultate):

“No pensemos solo en los ya beatificados o canonizados. El Espíritu Santo derrama santidad porque ‘fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente’ (LG). El Señor, en la historia de la salvación, ha salvado a un pueblo. Por eso nadie se nos atrae tomando en cuenta la compleja trama de relaciones interpersonales que se establecen en la comunidad humana: Dios quiso entrar en una dinámica popular, en la dinámica de un pueblo”. (GE 6)

Por eso es importante reconocer nuestro propio proceso de santidad y el de los demás, ya que todos estamos llamado a trascender esta vida, no solo individual sino comunitariamente.

Es también un ejercicio diario, que se manifiesta en nuestras intenciones y en nuestras acciones. Dios nos llama a ser santos y santas en nuestro trabajo, estudio y actividades diarias. Esto se juega en la relación con los demás y en como nos tratamos.

Por otro lado vivimos hoy un desafío en torno a esta fiesta, que tiene que ver con halloween, cuya celebración se popularizó en nuestro país durante los últimos años, muy discutida por cierto. En este sentido: ¿cuál es nuestra responsabilidad y nuestro discernimiento sobre nuestros hijos y nosotros mismos?

Culturalmente este fenómeno se da en un contexto social diferente al nuestro, incluso al latinoamericano. A nivel religioso la misma no es compatible con nuestra fe y nuestros principios. Pero ¿qué hacemos cuando nuestros niños son invitados o cuando son las escuelas, clubes etc. quienes las organizan?

¿Qué haría Jesús en estos casos? ¿condenaría o se involucraría?

Es bueno hacer un análisis que vaya en línea con el Evangelio y teniendo en cuenta el llamado a la santidad al que nos referimos al principio, sumando a esto el modo de ser Iglesia hoy y sin caer en la mojigatería. Ya no estamos en la época de la Cristiandad.

Nuestra misión como discípulos misioneros de Jesucristo es salir al encuentro de los demás y de las diferentes realidades que vivimos, según la propuesta del Maestro.

Que podamos vivir nuestro camino de santidad día a día, en comunidad y como Pueblo de Dios.

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Un misionero incansable

“Un hijo del Inmaculado Corazón de María es un hombre que incesantemente se dedica a encender el fuego del amor divino en el mundo. Nada lo detiene”.

(Antonio María Claret)

El 24 de octubre se celebra el día de san Antonio María Claret, fundador de los Misioneros Claretianos, hijos del Inmaculado Corazón de María. Se cumplen 149 años de su pascua.

Misionero incansable, dedicó su vida a difundir la Palabra de Dios, afrontando lo urgente, oportuno y eficaz de las diferentes situaciones y realidades.

En este mes misionero extraordinario, queremos destacar justamente ese aspecto más notorio de su vida.

“Por fin podía imitar a Jesús, el andariego de los caminos de Galilea. A ese Jesús que no tenía donde reclinar la cabeza y cuyo alimento consistía en hacer la voluntad del Padre que lo envió”.

“Yo entiendo que el Misionero Apostólico ha de sentirse siempre urgido por la salvación de los hombres. Y esto por una sencilla razón: el misionero es, debe ser, un hombre lleno de amor. Ser misionero es una manera apasionada de amar”.

(San Antonio María Claret – Emilio V. Mateu – Editorial Claretiana)

Hoy, en pleno siglo XXI, hay muchísimas maneras de ejercer la misión. Es más: somos una misión, nos dice el Papa Francisco.

Que, celebrando este día tan importante, podamos continuar tomando consciencia de nuestro carisma misionero, transformando la realidad desde el Evangelio y construyendo juntos el Reino de Dios.

El aporte de nuestros carismas y el trabajo en equipo, son dos claves fundamentales para esta Iglesia en salida y clave misionera.

“Que el padre Claret nos contagie su perspicacia evangelizadora para recorrer los nuevos caminos que hoy nos desafían”.

(P. Domingo Grillía – Director de Editorial Claretiana).

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Claretiana celebra y reflexiona junto a las mamás

Día de la madre

Ya en la antigua Grecia se celebraba el día de la madre. Y fueron distintos países a lo largo de la historia los que, por diferentes motivos y circunstancias, pusieron fechas especiales para rendir homenaje a quienes son protagonistas en el seno de cada familia.

En Argentina lo celebramos cada tercer domingo de octubre.

Para quienes somos creyentes, encontramos en la Virgen María el símbolo principal de la maternidad, por ser la madre de Jesús. Ella es el espejo más fiel para las mujeres que tienen el privilegio de haber traído hijos al mundo.

Pero también tenemos el ejemplo de la Iglesia como madre, ya que por el Bautismo somos engendrados en su seno y nos da a luz como hijos de Dios.

“Una madre que nos da vida en Cristo y que nos hace vivir con los demás como hermanos en la comunión del Espíritu Santo” (Papa Francisco).

En nuestra sociedad actual es difícil el buscar y ejercer la maternidad, entre varios motivos, por la situación económica, el rol de la mujer y los nuevos paradigmas que se nos presentan. Sin embargo, hay muchos “signos de los tiempos” que nos muestran que ser mamá es posible y es una alegría para tantas mujeres que aceptan este gran desafío y don necesario.

En Editorial Claretiana tenemos varios libros referidos al tema. Ponemos como ejemplo algunos a los que se puede acceder haciendo clic en el título: “Nueve Meses con María”; “De la espera a la esperanza”; “María la creyente”; “Mujeres de fe”; “Novena a nuestra Señora de la leche y el buen parto”. Junto a ellos, podemos encontrar tantos otros en las sucursales y en nuestra tienda virtual: www.claretiana.org

Que en este día de la madre podamos agradecer a Dios por el don de la vida, uniéndonos en oración por aquellas que están junto a Dios y por quienes están alejadas de sus hijos.

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A todos los rincones del planeta…

Misión

Antes de separarse de los apóstoles, Jesús los envió diciéndoles: “Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt. 28, 19). Así comienza la evangelización del mundo de aquel entonces.

A través de la historia, fueron muchas las maneras de llegar al corazón de las personas para que conozcan y se encuentren con el Maestro de Nazaret.

Una de ellas es la misión ad gentes (a las naciones).  La misma define a quienes son enviados a compartir el Evangelio de Jesús en lugares donde aún no es conocido.

En la exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi, el papa Pablo VI nos dice:

“Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la santa Misa, memorial de su muerte y resurrección gloriosa” (EN 14).

Es mucha la riqueza del Evangelio que hay en las diferentes culturas de nuestro tan variado mundo. En diversos lugares se encuentran laicos, religiosos y sacerdotes que fueron enviados con una misión específica: compartir la fe y transmitirla, respetando la diversidad de cada pueblo y celebrando la alegría de la fe.

En cada país adonde están estos misioneros, se viven diferentes realidades que es necesario atender y son parte de la evangelización: enfermedades, pobreza, conflictos armados, persecuciones y violencia. Cuando un misionero o una comunidad están presentes, toda la Iglesia está presente, mediante la oración – como lo hacía santa Teresita, patrona de las misiones –  colaborando con ropa, medicamentos, alimentos y dinero para que las obras continúen; y actualizándonos con la información que nos llega sobre esta tarea tan importante.

Como dice la antigua canción Un mandamiento nuevo: “Donde existe amor fraterno, Cristo está y está su Iglesia”. Qué manera tan oportuna de mostrar esa fraternidad entre todos los cristianos, construyendo juntos el Reino con tanta gente que necesita el abrazo de los hermanos y el acompañamiento hacia el encuentro del Dios vivo.

Las maneras de evangelizar son muchas y en esto es importante tener en cuenta lo que nos dice el papa Francisco en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium:

“Si algo debe inquietarnos santamente y preocupar nuestra conciencia, es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe que los contenga, sin un horizonte de sentido y de vida” (EG 49).

Desde nuestro lugar y en nuestra misión cotidiana, hagamos todo lo que esté a nuestro alcance para llevar a otros a esa amistad con Jesús. Eso es misionar y a ello estamos enviados. Al hacerlo, nos uniremos a tantas personas que fueron enviadas a otras tierras y a otras realidades.

Que en este mes misionero extraordinario, el Espíritu Santo nos fortalezca y nos de la herramientas necesarias para anunciar el Evangelio. 

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9 días, 9 dimensiones de la vida del padre Claret

Novena Claret

Pronto celebraremos los 149 años de la pascua de San Antonio María Claret quien recibió el don especial del carisma misionero, que sigue vivo y que nosotros buscamos vivir y compartir.
Es motivo de alegría celebrar la vida entregada de un hombre de Dios cuya pasión fue el anuncio de la Buena Noticia de Jesús por todos los medios posibles, en todo momento y lugar.
Por eso queremos unirnos en la oración, como hermanos a quienes nos une el mismo carisma y lo vivimos de diversas maneras. En esta oportunidad te proponemos orar todos los días, en algún momento, con la Novena al Padre Claret que enviaremos digitalmente.
¿Cómo participar?
Para recibir las meditaciones diarias envíanos un mensaje de Whatsapp con tu nombre y el asunto “NOVENA CLARET” al número +56 9 5934 0806, y agrega este número en los contactos de tu celular.
También puedes ingresar a novena.claretianosdelsur.org donde encontrarás todos los audios que iremos subiendo día a día.
(Si ya estás suscrito a la meditación dominical, no es necesario que envíes el mensaje. Lo recibirás automáticamente)

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Nuestra Casa Común

San Francisco habla con los animales

Celebrando el día de San Francisco de Asís, el día 4 de octubre, hacemos presente una faceta suya: el amor a la naturaleza y su respeto por ella. Y en esto cabe destacar que el “poverello” es patrono de la ecología e invocado en este aspecto por muchos grupos. Algunos hasta trascienden lo religioso.

El cuidado de la casa común hoy es un tema prioritario para la Iglesia, propuesto al mundo por el papa Francisco a través de la encíclica Laudato Sí (Alabado seas). De hecho, su nombre está tomado del Cántico de las Criaturas: “Alabado seas mi Señor por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sostiene y gobierna”. Está dedicada al cuidado de nuestro planeta, la defensa de la naturaleza, la vida animal, el cambio climático, la lucha contra el consumismo y el desarrollo irresponsable; teniendo en cuenta que somos los seres humanos los habitantes de nuestro planeta y estamos invitados por Dios a cuidarlo y sostenerlo, como co-creadores y destinatarios del mismo.

Dicha encíclica es muy utilizada por científicos, colegios, universidades, organizaciones sociales, ONGs y otros organismos interesados en que esta realidad cambie.

En sintonía con estos objetivos, del 6 al 27 de octubre se realizará en Roma el Sínodo Amazónico que lleva como lema: “Amazonía: Nuevos Caminos para la Iglesia y para una Ecología Integral”. La meta del mismo, en palabras del papa Francisco al convocarlo, es “encontrar nuevos caminos para la evangelización de aquella porción del Pueblo de Dios, sobre todo de los indígenas, muchas veces olvidados y sin una perspectiva de un futuro sereno, también por la causa de la crisis de la foresta amazónica, pulmón de fundamental importancia para nuestro planeta”.

La Panamazonía está formada por nueve países: Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela, Suriname, Guayana y Guayana Francesa, se trata de una región que es una importante fuente de oxígeno para toda la tierra, donde se concentran más de un tercio de las reservas forestales primarias del mundo. Es una de las mayores reservas de biodiversidad del planeta, conteniendo el 20% del agua dulce no congelada.

Editorial Claretiana presentó hace ya algunos años, el Proyecto Tekora. El mismo es un proyecto de enseñana religiosa en el aula, inspirado en la encíclica antes mencionada, con un plan de estudio que se hace eco del magisterio de nuestro sumo pontífice, subrayando en su formación el cuidado de toda vida; transformando el concepto de projimidad en línea con el espíritu de san Francisco: el aire, las plantas, los animales, el agua, todo el universo de vida que Dios ha creado, son nuestros hermanos. Y el ser humano, el gran protagonista del cuidado de los dones que le confiaron.

Ya son muchísimos los colegios que llevan adelante este proyecto para su catequesis y quienes quieran informarse sobre el mismo pueden ingresar al sitio institucional haciendo clic aquí.

Dios, creador de todas las cosas, nos de la fuerza y valentía para hacer crecer nuestro planeta desde una mirada más integral y poniendo cada uno de nuestra parte para que podamos vivir en armonía, paz y solidaridad.

(Fuente: www.sinodoamazonico.va y http://tekora.claretiana.org)

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La Biblia, centro de nuestras vidas

Biblia

“Ama la sagrada Escritura, y la sabiduría te amará; ámala tiernamente, y te custodiará; hónrala y recibirás sus caricias”  (San Jerónimo).

La fiesta de San Jerónimo se celebra el día 30 de septiembre y se destaca de él el hecho de haber traducido la Biblia al latín. Esta versión llamada “vulgata” (edición para el pueblo) fue el texto bíblico oficial de la Iglesia Católica durante mucho tiempo.

Hoy día, la Palabra de Dios es el centro de nuestra vida cristiana y de la evangelización. Ya no se habla de pastoral bíblica sino de animación bíblica de la pastoral. Es decir: la Palabra de Dios atraviesa toda la pastoralidad a nivel personal, grupal e institucional.

Cabe destacar que todos los libros de Editorial Claretiana tienen una base bíblica, de manera directa o indirecta. En el espíritu de Antonio María Claret, la Palabra se hace vida en cada historia, en cada relato, en cada tema tratado en los contenidos que los diferentes autores nos proponen.

También, a través de diferentes actividades, publicaciones y eventos, vamos acompañando el año litúrgico, ofreciendo a clientes y amigos temas de formación que nos ayudan a crecer espiritual y socialmente.

La Biblia es la gran obra de Dios que nos sirve para la vida. Trayendo cada relato a la realidad, por medio de la lectura orante personal y comunitaria, nos ayuda en todos los contextos y situaciones.

Aprovechemos este tiempo y este día especial de San Jerónimo, para acrecentar nuestra lectura.