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Evangelio del día y comentario – 20 de septiembre de 2021

Lc 8, 16-18: Una lámpara se enciende para dar luz

Gaetano Catanoso (1963) Kim Taegon, Pablo Chong y comp. (1846) Esd 1, 1-6: Hay que reedificar el Templo Salmo 125: El Señor ha estado grande con nosotros

En aquel tiempo dijo Jesús a la muchedumbre: Nadie enciende una lámpara y la cubre con una vasija o la mete debajo de la cama, sino que la coloca en el candelero para que los que entran vean la luz. 17No hay nada encubierto que no se descubra algún día, ni nada escondido que no se divulgue y se manifieste. 18Presten atención y oigan bien: porque al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará aun lo que parece tener.

Comentario

En esta coyuntura histórica, como discípulos de Jesús, somos «convocados sinodalmente» a vivir-nos con transparencia evangélica. Este modo de vida trae como consecuencia asumir, con lucidez y atención, la existencia humana según el querer humanizador de Dios. Es un vivir encarnado incomprensible para la cultura de la imagen, de la banalidad y del pasatiempo en la que nos encontramos inmersos. Vivir-nos evangélicamente es hacerlo desde la atención, “constituyéndonos un bloque sensorial, psíquico y espiritual, presente y consciente, ante toda la dinámica existencial de la propia vida, ante la expresividad del mundo, ante la sinfonía de detalles cotidianos en los que esa expresividad se concreta”, como lo dice Armando Rojas. Ello implica, ante toda ideología, absolutización de la palabra y orden establecido de violencia, un vivir-nos evangélicamente lúcido donde la gratuidad y la libertad vienen como encarnación solidaria y autopedagógica en los gozos y esperanzas, las tristezas y angustias de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres, excluidos y cuantos sufren. ¿Obramos a consecuencia según el Evangelio?

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Evangelio del día y comentario – 19 de septiembre de 2021

Mc 9, 30-37: El primero es el servidor de los demás

25º Ordinario Jenaro, mártir (305) Sab 2, 12.17-20: Lo condenaremos a muerte Salmo 53: El Señor sostiene la vida Sant 3, 16–4, 3: Siembra la paz y procura la justicia

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y fueron recorriendo Galilea, y no quería que nadie lo supiera. 31A los discípulos les explicaba: El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de hombres que le darán muerte; después de morir, al cabo de tres días, resucitará. 32Ellos, aunque no entendían el asunto, no se atrevían a preguntarle. 33Llegaron a Cafarnaúm y, ya en casa, les preguntó: ¿De qué hablaban por el camino? 34Se quedaron callados, porque por el camino habían estado discutiendo quién era el más importante. 35Se sentó, llamó a los Doce, y les dijo: El que quiera ser el primero, que se haga el último y el servidor de todos. 36Después llamó a un niño, lo colocó en medio de ellos, lo acarició y les dijo: 37Quien reciba a uno de estos niños en mi nombre, a mí me recibe. Quien me recibe a mí, no es a mí a quién recibe, sino al que me envió.

Comentario

Según el evangelio de Marcos, la primera parte de este relato acontece en el camino. Es el movimiento de la praxis y destino de Jesús de Nazaret. Por el camino hace el segundo anuncio de la pasión: “«El Hijo de lo Humano» va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará”. La finalidad de lo anunciado es mostrar la incomprensión de sus discípulos: no entienden y tienen miedo de preguntar. El temor por preguntar radica en la adhesión que implica conocer más al Maestro y lo que de sufrimiento humano conlleva asumir la densidad del seguimiento.

La segunda indicación geográfica del relato tiene lugar en la «hospitalidad» que provee una casa en Cafarnaúm, la cual se erige como lugar de la memoria y escenario para percibir el desenlace del discipulado. El Maestro toma la iniciativa preguntando a sus discípulos sobre el tema de diálogo por el camino. El silencio culpable se hace grito palpable porque ellos no contemplan, en el horizonte de su seguimiento, el aprendizaje vital del auténtico discipulado: compartir y asumir el mismo destino del Maestro hasta “hacerse el último y servidor de todos”.

La pedagogía de Jesús adquiere altura salvífica y sentido político cuando hace de sus palabras, acciones significativas rehabilitadoras de humanidad: incorpora a un niño, recupera su dignidad y lugar sociocultural y lo acaricia manifestándole su ternura esencial. Con lo cual hace evidente la forma en que su poder se concreta e historiza: reivindicando la vida de los oprimidos por las prácticas sociales, religiosas y políticas discriminatorias, deslegitimadas por Jesús con la praxis del Reino, donde el verdadero poder es «amor oblativo».

Que el texto de la Sabiduría, parte del canto del justo perseguido (Sab 1, 16-2, 24), ponga a la Iglesia, comunidad sinodal, pueblo de Dios e iglesia de los pobres, hacia la memoria y el talente profético de su misión, denunciando toda corrupción política y perversión religiosa, y por qué no, todo pecado ecológico (Sínodo Amazónico, 82). Que la conversión mental y estructural que la desafía, la haga un escenario de convivencia ética, fidelidad y justicia, como el justo, el hijo de Dios. De lo que se trata, como lo expresa la Carta de Santiago, es desenmascarar las lógicas del mal, trabajando por sembrar la paz, cosechando justicia y reconciliación.

Que las expectativas mesiánicas de la comunidad de Jesús hoy se expresen mediante la vocación que la constituye: cuidar la vida y la coexistencia en sus múltiples y diversas formas. Como bien lo expresa Pedro Casaldáliga, la Iglesia otorgue al pueblo de Dios y a los pobres, un protagonismo esencial: «Haz del canto de tu pueblo el ritmo de tu marchar».

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Evangelio del día y comentario – 18 de septiembre de 2021

Lc 8, 4-15: Algunas semillas dieron fruto

María Salvat Romero (1998) José de Cupertino (1663) 1Tim 6, 13-16: Guarda el Mandamiento Salmo 99: Entren en la presencia del Señor con vítores

Se reunió una gran multitud y se añadían los que iban acudiendo de una ciudad tras otra. Entonces Jesús les propuso una parábola: 5 Salió el sembrador a sembrar la semilla. Al sembrar, unos granos cayeron junto al camino; lo pisaron y los pájaros se los comieron. 6 Otros cayeron sobre piedras; brotaron y se secaron por falta de humedad. 7 Otros cayeron entre espinas, y al crecer las espinas con ellos, los ahogaron. 8 Otros cayeron en tierra fértil y dieron fruto al ciento por uno. Dicho esto, exclamó: Quien tenga oídos que escuche. 9 Los discípulos le preguntaron el sentido de la parábola, 10y él les respondió… La semilla es la palabra de Dios. 12Lo que cayó junto al camino son los que escuchan; pero enseguida viene el Diablo y les arranca del corazón la palabra, para que no crean y se salven. 13Lo que cayó entre piedras son los que al escuchar acogen con gozo la palabra, pero no echan raíces; ésos creen por un tiempo, pero al llegar la prueba se echan atrás. 14Lo que cayó entre cardos son los que escuchan; pero con las preocupaciones, la riqueza y los placeres de la vida se van ahogando y no maduran. 15Lo que cae en tierra fértil son los que escuchan la palabra con un corazón bien dispuesto, la retienen y dan fruto gracias a su perseverancia.

Comentario

Decía el papa Juan Pablo II que vivimos en un mundo complejo y fragmentado. Comprobamos que la realidad es compleja. No hay un debate académico, político, económico o ecológico que no hable de los diversos riesgos y amenazas por las que pasa este mundo y del colapso de un sistema socio-económico que no es el más amigable con gran parte de la humanidad y del planeta. En este escenario, la palabra de Dios cae como semilla para dar fruto, a pesar de las dificultades y desesperanzas. Durante varios días del mes hemos meditado esta unidad literaria de san Lucas y hemos estado atentos a las enseñanzas y obras de Jesús en medio de sus paisanos. Ahora en la parábola del sembrador con su explicación exige de nuestra parte, como seguidores del Maestro, hacer germinar los frutos de justicia y de solidaridad como Él. Que forjemos una espiritualidad y una convicción sólida en esa Palabra, en ese proyecto de salvación con el único objetivo de implantar la soberanía de Dios, cuidando de la vida.

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Evangelio del día y comentario – 17 de septiembre de 2021

Lc 8, 1-3: Algunas mujeres acompañaban a Jesús

Roberto Belarmino (1621) Hildegarda de Bingen (1179) 1Tim 6, 2c-12: Tú, practica la justicia Salmo 48: Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos

En aquel tiempo Jesús fue recorriendo ciudades y pueblos proclamando la Buena Noticia del reino de Dios. Lo acompañaban los Doce 2 y algunas mujeres que había sanado de espíritus inmundos y de enfermedades: María Magdalena, de la que habían salido siete demonios; 3 Juana, mujer de Cusa, mayordomo de Herodes; Susana y otras muchas, que los atendían con sus bienes.

Comentario

El rol de las mujeres en la misión de Jesús ha sido determinante. Ellas forman parte del grupo de personas que lo seguían desde el principio. En el evangelio de Lucas hay relatos significativos en los que las mujeres son, efectivamente, protagonistas en las tareas evangelizadoras. Ellas, en su experiencia de encuentro con Jesús, brindan pistas sobre el significado de seguirlo por el camino y de implicarse en su proyecto. Es una realidad que la mujer ha sido y seguirá siendo relevante en y para los procesos comunitarios, políticos, económicos y eclesiales de nuestra sociedad y de nuestras comunidades. Que esta lectura nos recuerde nombres como los de Berta Cáceres, Malala Yousafzai, Greta Thunberg y Teresa de Calcuta, entre otras, pero no solo para hacer un acto de memoria vacío y estéril, sino para que nos impulse a ser parte determinante como ellas de la misión de Jesús con nuestras acciones y con nuestras propias manos. ¿Estás dispuesto a unir tu vida a la de Jesús como aquellas mujeres?

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Evangelio del día y comentario – 16 de septiembre de 2021

Lc 7, 36-50: Sus pecados son perdonados

Cornelio y Cipriano (253/258) 1Tim 4, 12-16: Sé modelo de creyentes Salmo 110: Grandes son las obras del Señor

36En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús entró en casa del fariseo y se sentó a la mesa. 37En esto, una mujer, pecadora pública, enterada de que estaba a la mesa en casa del fariseo, acudió con un frasco de perfume de mirra, 38se colocó detrás, a sus pies, y llorando se puso a bañarle los pies en lágrimas y a secárselos con el cabello; le besaba los pies y se los ungía con la mirra. 39Al verlo, el fariseo que lo había invitado, pensó: Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer lo está tocando: una pecadora. 40Jesús tomó la palabra y le dijo: Simón, tengo algo que decirte. Contestó: Dilo, maestro. 41Le dijo: Un acreedor tenía dos deudores: uno le debía quinientas monedas y otro cincuenta. 42Como no podían pagar, les perdonó a los dos la deuda. ¿Quién de los dos lo amará más? 43Contestó Simón: Supongo que aquél a quien más le perdonó. Le replicó: Has juzgado correctamente. 44Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Cuando entré en tu casa, no me diste agua para lavarme los pies; ella me los ha bañado en lágrimas y los ha secado con su cabello. … 47Por eso te digo que se le han perdonado numerosos pecados, por el mucho amor que demostró. Pero al que se le perdona poco, poco amor demuestra. 48Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados. …

Comentario

Con cierta frecuencia, escuchamos decir a las personas que el perdón es de Dios, asumiendo con ello que entre las personas no existe la disposición para dicha acción. Pues bien, el evangelio de Lucas centra nuestra atención en este relato para hablarnos de la capacidad de amar y perdonar que tenemos. En medio de la escena de la mujer que se aferra a Jesús con sus atenciones, una parábola que reafirma una única idea: a quien mucho se le perdona, mucho se le ama. A la mujer, pues, se le está perdonando mucho, dado el amor que manifiesta. Desde luego, esto muestra que Dios en su infinita misericordia perdona a quien se arrepiente y que los gestos de la mujer, exagerados y escandalosos para el grupo de fariseos ahí reunidos, son la muestra de amor auténtico en su proceso de conversión. Ante ello, Jesús perdona, ama, salva a esta mujer. Y nosotros, ¿seguiremos dejando a Dios nuestra capacidad de amar al otro totalmente?

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Evangelio del día y comentario – 15 de septiembre de 2021

Jn 19, 25-27: Mujer, ahí tienes a tu Hijo

Ntra. Sra. de los Dolores Heb 5, 7-9: Es autor de salvación Salmo 30: Sálvame, Señor, por tu misericordia

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María de Cleofás y María Magdalena. 26Jesús, viendo a su madre y al lado al discípulo amado, dice a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. 27Después dice al discípulo: Ahí tienes a tu madre. Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa.

Comentario

Este relato, sin lugar a dudas, es el testimonio más sublime del significado del discipulado en Juan. Es la imagen clara de un proceso que asume hasta las últimas consecuencias el seguimiento del Maestro. Lo más interesante es que quien lo encarna es María, la madre de Jesús. Una mujer que al principio vacilaba y se sentía insegura por las ocurrencias de su propio hijo y verla ahora como la maestra de discípulos y misioneros es una enseñanza enorme. La advocación que celebra hoy la Iglesia Universal es la de Nuestra Señora de los Dolores, una advocación de corte hispanoamericano. Que en la meditación de esta advocación y ejemplo de María, Madre y Maestra, podamos orar por las miles de mujeres, campesinas, viudas, indígenas, estudiantes y obreras que con su radicalidad, entrega y compromiso nos hacen pensar y experimentar que el Reino de Dios está más cerca, que no hay que desfallecer, que debemos permanecer al pie de la cruz aguardando por la utopía y la esperanza, que un mundo nuevo es posible.

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Evangelio del día y comentario – 14 de septiembre de 2021

Jn 3, 13-17: El Hijo del hombre será elevado

Exaltación de la Santa Cruz Nm 21, 4-9: Los mordidos de serpiente sanarán Salmo 77: No olviden las acciones del Señor Flp 2, 6-11: Dios lo exaltó sobre todo

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo: el Hijo del Hombre. 14Como Moisés en el desierto levantó la serpiente, así ha de ser levantado el Hijo del Hombre, 15para que quien crea en él tenga vida eterna. 16Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que quien crea en él no muera, sino tenga vida eterna. 17Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de él.

Comentario

La cruz y muerte de Jesús no fue algo improvisado sino consecuencia de una convicción profunda: la lucha por la justicia. En el contexto de la liturgia de hoy, la cruz no debe destacarse solo como un signo de piedad nada más sino como un signo del compromiso total del amor que Dios tiene para con la humanidad y, por lo mismo, impulsarnos a tomar el riesgo de asumir la causa de Jesús. De esta manera, la cruz ya no es solamente el madero y símbolo de la muerte, ni tampoco el signo de la derrota y del sufrimiento. No, en Jesús la cruz es señal de la fidelidad a Dios y a la humanidad; es la insurrección de la vida ante la muerte. Es la clara expresión de una firme convicción: “que el mal no tiene la última palabra”. Podemos preguntarnos: ¿estamos dispuestos a cargar “la cruz”, solidarizarnos con los crucificados de esta historia, luchar por la justicia y asumir las consecuencias de esta convicción? O, contemplamos “la cruz” de Jesús sin hacer absolutamente nada.

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Evangelio del día y comentario – 13 de septiembre de 2021

Lc 7, 1-10: No he visto tanta fe en Israel

Juan Crisóstomo (407) 1Tim 2, 1-8: Dios quiere que todos se salven Salmo 27: Bendito el Señor que escuchó mi voz suplicante

En aquel tiempo, cuando concluyó Jesús su discurso al pueblo, Jesús entró en Cafarnaúm. 2 Un centurión tenía un sirviente a quien estimaba mucho, que estaba enfermo, a punto de morir. 3 Habiendo oído hablar de Jesús, le envió unos judíos notables a pedirle que fuese a sanar a su sirviente. 4 Se presentaron a Jesús y le rogaban insistentemente, alegando que se merecía ese favor: 5 Ama a nuestra nación y él mismo nos ha construido la sinagoga. 6 Jesús fue con ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle: Señor, no te molestes; no soy digno de que entres bajo mi techo. 7 Por eso yo tampoco me consideré digno de acercarme a ti. Pronuncia una palabra y mi muchacho quedará sano. 8 Porque también yo tengo un superior y soldados a mis órdenes. Si le digo a éste que vaya, va; al otro que venga, viene; a mi sirviente que haga esto, y lo hace. 9 Al oírlo, Jesús se admiró y volviéndose dijo a la gente que le seguía: Una fe semejante no la he encontrado ni en Israel. 10Cuando los enviados volvieron a casa, encontraron sano al sirviente.

Comentario

En publicaciones de internet, como los “memes”, se hace referencia constante al hecho religioso. Algunos dejan entrever de forma pintoresca que no necesariamente profesar una religión te hace mejor persona. Pareciera que el bien y el amor no dependen absolutamente de creer en Dios o de profesar una religión. En el Evangelio hay un fenómeno parecido en la petición que el centurión hace a Jesús. Tras el amplio discurso de las bienaventuranzas, Jesús entra a Cafarnaúm y ahí se presenta un grupo de ancianos que interceden por un centurión que tiene a un servidor enfermo. Lo sorprendente del relato es la fe de este hombre que con humildad reconoce a Jesús como su Señor. Este centurión, si bien, goza de empatía con el judaísmo, no tiene nada que ver con Jesús, pero enseña a través de su confesión, que la fe es más grande que la de muchos creyentes judíos. Dios siempre nos sorprende y muchas veces obra en las personas que menos lo esperamos, incluso fuera de los espacios religiosos o institucionales.

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Evangelio del día y comentario – 12 de septiembre de 2021

Mc 8, 27-35: Tú eres el Mesías

24º Ordinario Guido de Anderlecht (1012) Is 50, 5-9a: Endurecí el rostro Salmo 114: Caminaré en presencia del Señor, en el país de la vida Sant 2, 14-18: La fe, sin obras, está muerta

En aquel tiempo, Jesús emprendió el viaje con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Felipe. Por el camino preguntó a los discípulos: ¿Quién dice la gente que soy yo? 28Le respondieron: Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que uno de los profetas. 29Él les preguntó a ellos: Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo? Respondió Pedro: Tú eres el Mesías. 30Entonces les ordenó que a nadie hablaran de esto. 31Y empezó a explicarles que el Hijo del Hombre tenía que padecer mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los letrados, sufrir la muerte y después de tres días resucitar. 32Les hablaba con franqueza. Pero Pedro se lo llevó aparte y se puso a reprenderlo. 33Mas él se volvió y, viendo a los discípulos, reprendió a Pedro: ¡Aléjate de mi vista, Satanás! Tus pensamientos son los de los hombres, no los de Dios. 34Y llamando a la gente con los discípulos, les dijo: El que quiera seguirme, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz y me siga. 35El que quiera salvar su vida, la perderá; quien la pierda por mí y por la Buena Noticia, la salvará.

Comentario

El evangelio nos da la oportunidad de reflexionar sobre la persona de Jesús y el significado de su mesianismo. En efecto, el marco de referencia se da a partir del reconocimiento de Jesús cómo Mesías, por parte de Pedro, respondiendo a una pregunta formulada por Él mismo, en medio de su ministerio fuera de Galilea: ¿Quién dice la gente que soy yo?

El evangelio menciona, en la primera respuesta de los discípulos, que Jesús podría ser identificado con uno de los profetas. Y no era para menos, en el judaísmo había la creencia de que personajes del Antiguo Testamento, como Elías u otros profetas, estaban vivos y, gracias a esto, se les podía pedir ayuda. Por otro lado, Pedro declara sobre la misma pregunta que Jesús es el “Cristo”. No obstante, Jesús ordena a sus discípulos que no divulguen estas noticias y se dedica a explicar el sentido o el significado de su mesianismo. Y aquí es donde Pedro no entiende a Jesús.

La reacción de Pedro, negando la explicación de Jesús sobre su destino, es bastante llamativa. Jesús declara que deberá padecer sufrimientos, hasta la muerte, a manos de las autoridades judías. Por supuesto, este mesianismo rompe con la lógica triunfal que, quizás, Pedro esperaba del proyecto liberador de Jesús. Obviamente, la reacción de Pedro es natural, ya que la idea de triunfo se sobreentendía en la concepción del judaísmo veterotestamentario sobre el Mesías; además, la suerte del Maestro tenía incidencia sobre sus discípulos, por eso Pedro queda confundido con la explicación del destino y muerte de Jesús. Pedro tendría razones suficientes para estar en contra de la idea de un «mesías» que debía ser entregado a manos de las autoridades judías para ser ajusticiado, porque quizá Él podía padecer la misma suerte.

El reproche de Jesús ante tal visión considera a Pedro como «satanás» (el que trae la tentación), el adversario de Dios que hay que exorcizar del pensamiento de Pedro. Es claro que, el mesianismo de Jesús no corresponde al modelo davídico-militar. Es totalmente diferente. Su proyecto liberador pasa por la cruz, por el signo de los desheredados y marginados de este mundo, un signo que lo pone a lado de los derrotados y las víctimas de la historia. Teniendo esto en cuenta, preguntémonos: ¿qué imagen de Jesús tenemos en nuestra experiencia de fe: la de Pedro al lado de los poderosos, o la de un Cristo sufriente, defensor de los excluidos de la historia?

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Evangelio del día y comentario – 11 de septiembre de 2021

Lc 6, 43-49: ¿Por qué no hacen lo que digo?

Mártires Carmelitas (1792) 1Tim 1, 15-17: Vino al mundo para salvarnos Salmo 112: Bendito sea el nombre del Señor por siempre

En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: No hay árbol sano que dé fruto podrido, ni árbol podrido que dé fruto sano. 44Cada árbol se reconoce por sus frutos. No se cosechan higos de los cardos ni se vendimian uvas de los espinos. 45El hombre bueno saca cosas buenas de su tesoro bueno del corazón; el malo saca lo malo de la maldad. Porque de la abundancia del corazón habla la boca. 46¿Por qué me llaman: ¡Señor, Señor!, si no hacen lo que les digo? 47Les voy a explicar a quién se parece el que acude a mí, escucha mis palabras y las pone en práctica. 48Se parece a uno que iba a construir una casa: cavó, ahondó y colocó un cimiento sobre la roca. Vino una crecida, el caudal se precipitó contra la casa, pero no pudo sacudirla porque estaba bien construida. 49En cambio, el que escucha y no las pone en práctica se parece a uno que construyó la casa sobre la arena, sin cimiento. Se precipitó el caudal y la casa se derrumbó. Y fue una ruina colosal.

Comentario

La parábola de la casa construida sobre roca, representa una llamada significativa para una época que necesita cambios. Durante los últimos años hemos sido testigos de que este modelo económico neoliberal rompe con el circuito “vital” de la vida (valga la redundancia) porque a costa de proteger a unos pone en peligro a otros. Este modelo además de socavar una profunda y creciente desigualdad entre las personas, la radicaliza con la naturaleza. Por eso, se hace urgente poner en práctica acciones como: cuidar el agua, los animales y a nosotros mismos. De acuerdo con esto, el llamado de Jesús a sus discípulos, a través de la parábola, es claro. Muchos escuchamos atentamente sus palabras y comprendemos sus implicaciones, pero Jesús no pronuncia la parábola para eso, sino para que se practiquen sus enseñanzas, no son una cátedra para hacer el bien sino muestra el bien que debemos hacer. Ahora qué reflexionas esta Palabra, ¿qué estás haciendo para edificar tu proyecto vida en Jesús?