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El Evangelio y la Vida – Cuerpo y Sangre de Cristo

Te proponemos varios recursos para vivir la cada Domingo en casa, a solas o con los seres queridos.

 

En la Eucaristía ya está realizada la plenitud, y es el centro vital del universo, el foco desbordante de amor y de vida inagotable. Unido al Hijo encarnado, presente en la Eucaristía, todo el cosmos da gracias a Dios. En efecto, la Eucaristía es de por sí un acto de amor cósmico: «¡Sí, cósmico! Porque también cuando se celebra sobre el pequeño altar de una iglesia en el campo, la Eucaristía se celebra, en cierto sentido, sobre el altar del mundo». La Eucaristía une el cielo y la tierra, abraza y penetra todo lo creado. El mundo que salió de las manos de Dios vuelve a él en feliz y plena adoración. En el Pan eucarístico, «la creación está orientada hacia la divinización, hacia las santas bodas, hacia la unificación con el Creador mismo». Por eso, la Eucaristía es también fuente de luz y de motivación para nuestras preocupaciones por el ambiente, y nos orienta a ser custodios de todo lo creado (Laudato si’, 236).

 

Domingo del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

 

LECTURAS

Dt 8, 2-3. 14b-16a | Sal 147, 12-15. 19-20 | 1Cor 10, 16-17

Jn 6, 51-58

Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo. Los judíos discutían entre sí, diciendo: ¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne? Jesús les respondió: Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente.

 

REFLEXIÓN

Acuérdate de todo el camino que el Señor tu Dios te ha hecho andar

En la fiesta del Corpus hacemos memoria de todo el tiempo pascual, que se concentra en la fiesta de la Carne y la Sangre del Señor. La carne del Señor es nuestra carne resucitada y llevada a lo más alto del cielo. Un gran creyente decía “el Cielo es la sagrada intimidad del Dios santo”. Pues bien, en la fiesta del Corpus festejamos el lugar físico donde esa intimidad sagrada del Dios santo se nos abre y se nos brinda cada día: la Eucaristía.

En estos tiempos tan difíciles de nuestra Patria en los que la bajeza moral parece achatarlo todo, nos hace bien alzar los ojos a la Eucaristía y acordarnos de cuál es la esperanza a la que hemos sido llamados. Estamos invitados a vivir en comunión con Jesús: El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él (Jn 6, 56). El Señor nos lo mandó cuando dijo, en la última cena: Hagan esto en memoria mía (1Cor 11, 24).

En el Evangelio, Jesús nos revela que Él es el maná, Él es el pan bajado del cielo. Él es el Pan que da Vida, una vida para siempre: Mi carne es verdadera comida (Jn 6, 55). Muchos discípulos lo abandonaron aquel día, porque estas palabras les sonaron muy duras. Querían algo más concreto, una explicación mejor de cómo se puede vivir con lo que Jesús nos dice, con lo que Jesús nos da. En cambio, Pedro y los apóstoles se jugaron por el Señor: A quién iremos. Sólo tú tienes palabras de vida eterna (Jn 6, 68). También nosotros, como pueblo, estamos en una situación parecida: una situación de desierto, una situación que nos exige decisiones en las que nos va la vida. Frente al Pan vivo, como pueblo fiel de Dios, dejemos que el Señor nos diga: pueblo mío, acuérdate con qué pan te alimenta nuestro Padre del Cielo y cómo son los panes falsos con que te ilusionaste y te llevaron a esta situación.

Acuérdate que el Pan del Cielo es un pan vivo, que te habla de siembra y de cosecha, porque es pan de una vida que tiene que morir para alimentar. Acuérdate que el Pan del Cielo es un pan para cada día porque tu futuro está en las manos del Padre Bueno y no solamente en la de los hombres. Acuérdate que el Pan del Cielo es un pan solidario que no sirve para ser acaparado sino para ser compartido y celebrado en familia. Acuérdate que el Pan del Cielo es pan de vida eterna y no pan perecedero. Acuérdate que el Pan del Cielo se parte para que abras los ojos de la fe y no seas incrédulo. Acuérdate que el Pan del Cielo te hace compañero de Jesús y te sienta a la mesa del Padre de la que no está excluido ninguno de tus hermanos. Acuérdate que el Pan del Cielo te hace vivir en intimidad con tu Dios y fraternalmente con tus hermanos. Acuérdate que el Pan del Cielo, para que lo pudieras comer, se partió en la Cruz y se repartió generosamente para salvación de todos. Acuérdate que el Pan del Cielo se multiplica cuando te ocupas de repartirlo. Acuérdate que el Pan del Cielo, te lo bendice, te lo parte con sus manos llagadas por amor y te lo sirve el mismo Señor resucitado. ¡Acuérdate! ¡Acuérdate! ¡No lo olvides nunca! Esta memoria en torno al Pan nos abre al Espíritu, nos fortalece, nos da esperanza. Que esta esperanza inquebrantable de sentarnos un día a la mesa del banquete celestial nos libre de querer sentarnos al banquete de los suficientes y orgullosos, esos que no dejan ni las migas para alimento de los más pobres. Que el vivir en la intimidad sagrada del Dios santo nos libre de las internas políticas que desgajan nuestra Patria. Que saciados con el humilde pan de cada día nos curemos de la ambición financiera. Que el trabajo cotidiano por el pan que da vida eterna nos despierte del ensueño vanidoso de la riqueza y la fama. Que el gusto del pan compartido nos sacuda del tono murmurador y quejoso de los medios. Que la Eucaristía celebrada con amor nos defienda de toda mundanidad espiritual.

Le pedimos a la Virgen estas gracias de memoria. Nuestra Señora es el modelo del alma cristiana y eclesial que conserva todas estas cosas meditándolas en su corazón. A ella le rogamos que nos recuerde siempre dónde está el pan que nos da vida y el vino que alegra nuestro corazón. Que no deje de decirnos con su voz materna: Hagan todo lo que Jesús les diga. Que grabe en nuestro corazón las palabras de su Hijo: Hagan esto en memoria mía – Fragmento. Homilía de Corpus Christi, 2002-.

(El verdadero poder es el servicio, Jorge Mario Bergoglio, Editorial Claretiana, 2da ed. 2013)

 

ORACIÓN

TRANSPARENTE

Transparente como el agua de un manantial,

transparente como el agua clara.

Transparente en cada una de mis palabras,

transparente en mi mirada. (Bis)

 

Deja que el sol, entre también,

hasta en el fondo del alma.

Deja que el sol, entre también,

en cada rincón de la casa.

 

(CD Cuando habla el corazón, Fabiola Torrero Esteban, stj,
Producción y Distribución para América latina: Editorial Claretiana, 2012)

Pueden escucharlo haciendo click aquí

 

Para rezar a solas o con nuestros seres queridos

Oración de San Alfonso María de Ligorio (Comunión espiritual)

Creo, Jesús mío, que estás en el Santísimo Sacramento. Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte. Pero ya que ahora no puedo hacerlo sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya hubieses venido, te abrazo y me uno del todo a ti. No permitas que vuelva a separarme de ti.

Señor Jesús, comunión de amor y de vida

Señor Jesús, que resucitaste de entre los muertos y has ascendido junto al Padre, yo creo que estás presente en el sacramento del pan de vida, te adoro y te amo. Tú eres el hijo del Dios vivo, la fuente de la vida plena, la palabra que nos guía, la gracia que nos salva. Tú eres verdaderamente hombre, amigo de lo humano, hermano de los más pobres, luz de la humanidad. Jesús, mediador nuestro, puente entre nosotros y la comunión plena del amor: la Santísima Trinidad. Haz crecer en nosotros la fe, la esperanza y la caridad y no permitas que nos separemos de ti.

(Ambas oraciones se encuentran en Quince Minutos en compañía de Jesús Sacramentado,
Equipo Editorial, Editorial Claretiana, 2003)

 

Pan vivo

Señor nuestro, Tú que escuchaste la súplica de Moisés e hiciste descender el maná en el desierto, como signo de tu amor y tu presencia, has que siempre te busquemos como el pan vivo bajado del cielo, formado en el seno purísimo de María. Contemplo tus palabras: Mi carne es comida verdadera, y mi sangre es bebida verdadera. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en Mí y Yo en él (Jn 6, 56-57).

Pan compartido

El pan y el vino, que compartimos en nuestra mesa familiar, nos recuerda nuestra condición de familia eclesial. Jesús, has que, reunidos en la caridad, vivamos en comunión con todo el cuerpo místico de Cristo. Con la asistencia de María Santísima, tengamos siempre la gracia de poder dividirlo con nuestros hermanos más necesitados.

(Ambas oraciones se encuentran en 365 días ante el Sagrario. Jesús nos espera,
Florentín Brusa, Editorial Claretiana, 2010)

 

 

GESTO

“Por eso, la Eucaristía es también fuente de luz y de motivación para nuestras preocupaciones por el ambiente, y nos orienta a ser custodios de todo lo creado” (Laudato si’, 236).

Jesús es el Pan Vivo que nos impulsa a comprometernos con el cuidado de la vida en todas sus expresiones. Una buena forma de empezar es sumándose a la colecta anual de Cáritas, que hoy se realiza en nuestro territorio y que llega a muchas personas a lo largo del país. Pero hay muchas opciones: estar atentos a tantos vecinos y personas cercanas que no están pasando un buen momento; colaborar y hacerse eco de las campañas que reciben abrigo para hacer frente al frío que se acerca; cuidar, más que nunca, los recursos por medio de la fórmula de la 3R (reducir, reciclar, reutilizar); ser consumidores responsables… Pequeñas acciones diarias que le den un respiro a nuestra Casa Común.

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El Evangelio y la vida – Domingo de la Santísima Trinidad

Te proponemos varios recursos para vivir la pascua en casa, a solas o con los seres queridos. Para compartir en familia, para

 

Es el Espíritu Santo, enviado por el Padre y el Hijo, quien transforma nuestros corazones y nos hace capaces de entrar en la comunión perfecta de la Santísima Trinidad, donde todo encuentra su unidad. Él construye la comunión y la armonía del Pueblo de Dios. El mismo Espíritu Santo es la armonía, así como es el vínculo de amor entre el Padre y el Hijo[93]. Él es quien suscita una múltiple y diversa riqueza de dones y al mismo tiempo construye una unidad que nunca es uniformidad sino multiforme armonía que atrae (EG 117).

 

 

Domingo de la Santísima Trinidad

LECTURAS

Éx 34, 4b-6. 8-9 | Sal Dn 3, 52-56 | 2Cor 8, 14-17

Jn 3, 16-18

Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

 

REFLEXIÓN

¡Tanto amó Dios al mundo!

Este domingo de la Trinidad se puede decir que marca el final de las celebraciones más importantes del año litúrgico. Adviento y Navidad traen consigo la primera pascua: el Nacimiento de Jesús. Cuaresma y Semana Santa nos llevan a la segunda pascua: la Resurrección de Jesús. Y los cincuenta días de Pascua nos guían hacia Pentecostés, la tercera pascua, la venida del Espíritu Santo. Se ha culminado así el proceso de la revelación de Dios, que se nos ha manifestado en Jesús. A través de sus palabras, de sus acciones y de su estilo de vida, nos ha revelado al Padre. Y cuando él desaparece de este mundo, nos envía su Espíritu Santo para que siga alentando en nuestros corazones el mismo fuego que nos dejó su presencia.

Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. No es cuestión de entrar en discusiones teológicas. Pero sí de dejar que llegue a nuestro corazón un mensaje claro: Dios es amor. Y no es otra cosa. Padre, Hijo y Espíritu Santo son relación de amor entre ellos. Y en ese amor viven en la más perfecta unidad que pueda imaginarse. Tanto que son un solo Dios.

Y lo que es más: ese amor se vuelve hacia nosotros. En Jesús se nos revela el amor del Padre y el Espíritu nos ayuda a reconocerlo con nuestra mente y con nuestro corazón. Hay que volver a leer el texto del evangelio de Juan: Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único. Es decir, se entregó a sí mismo. Se dio totalmente por nosotros. Sin medida. Sin condiciones. ¿Cómo es posible que haya gente que todavía piense que Dios anda persiguiéndonos para castigarnos, para ponernos dificultades y piedras en el camino, para condenarnos incluso? Hay que repetir muchas veces ese texto: Tanto amó Dios al mundo… Y dejar que nos llegue adentro ese cariño inmenso de Dios y darnos cuenta de la incongruencia que supone pensar que Dios pueda estar planificando nuestra condenación o que pueda tener pensada la destrucción de este mundo y de muchos de sus hijos. Dios, lo dice también el evangelio de hoy, quiere que el mundo se salve.

Pero ¿nos dejaremos salvar? Porque también es verdad lo que dice la primera lectura del libro del Éxodo: que somos un pueblo de cerviz dura, que a veces no somos capaces de aceptar la mano que Dios nos tiende para salvarnos. Hoy es tiempo de volver nuestros ojos a lo alto y reconocer que Dios está ahí, siempre deseoso de darnos una mano, de ayudarnos, de sacarnos de los peligros, de perdonarnos (generalmente nos cuesta mucho perdonarnos a nosotros mismos y por eso nos cuesta también aceptar el perdón de Dios). Levantemos los ojos y nos daremos cuenta de que el Dios del amor y de la paz está con nosotros (segunda lectura). Para siempre. ¿No es tiempo de darle las gracias?

¿Pienso a veces que Dios me está castigando o que no me va a perdonar por algo que hice? ¿Está de acuerdo eso con lo que hoy nos dice el evangelio? ¿Soy capaz de perdonarme a mí mismo y a mis hermanos como Dios me perdona? Podría aprovechar un momento de silencio para darle gracias por su amor.

(Y la Palabra se hizo fiesta, Fernando Torres, cmf, Editorial Claretiana, 2006)

 

ORACIÓN

Barro y vasija

Gracias, Señor, por éste regalo,

de ser también canto y vasija,

siempre distinto si canto,

vasija que sigues formando.

Gracias, Señor, por éste regalo,

de ser también canto y vasija,

siempre distinto si canto,

vasija que sigues creando, en tus manos,

siempre empezando y siempre acabado.

 

Gracias por la libertad de ser artista en mi cacharro,

que sólo busca en ti su imagen, que busca en ti, lo más amado.

 

LIBERTAD PARA QUERERTE

CON TODA LA FUERZA DE LO HUMANO.

LIBERTAD PARA DECIRTE QUE SÓLO TÚ.

PUEDES SEGUIR TRANSFORMANDO MI BARRO. (Bis)

 

(CD Cuando habla el corazón, Fabiola Torrero Esteban, stj,
Producción y Distribución para América latina: Editorial Claretiana, 2012)

Pueden escucharlo haciendo click aquí

Para rezar a solas o en comunión con nuestros seres queridos

Santísima Trinidad, Tú habitas en nosotros como creador, redentor y santificador. Pero estando en tu divina gracia, esa presencia es infinitamente más maravillosa, porque habitas en nosotros como amigo íntimo y todas nuestras acciones nos acercan cada vez más a esta intimidad amorosa y a un conocimiento más profundo de la vida eterna. Danos la gracia de participar siempre de tu Amor. Así sea.

(365 días con el Espíritu Santo, Florentin Brusa, Editorial Claretiana, 2004)

 

Santísima Trinidad en la Sagrada Familia

Exaltamos llenos de júbilo a la Trinidad Santísima que brilla humilde y escondida en la Sagrada Familia. Mientras el Espíritu Santo obra la Encarnación en el interior de María (que es pura disponibilidad, puro dejar hacer lo que Dios quie­re), el Padre –representado en ese “Ángel de Dios”– hace todos los arreglos exteriores con san José (que es pura obediencia, es apenas levantarse y estar haciendo lo mandado). Y todos giran en torno al Niño Jesús, el Hijo predilecto del Padre, el Ungido por el Espíritu Santo, el esperado de las Naciones. El que vino a salvar a su pueblo de los pecados. El que viene todos los días a estar con nosotros en cada Eucaristía. Jesús, en quien creemos y al que esperamos hasta que vuelva.

(El verdadero poder es el servicio, Jorge Bergoglio -Papa Francisco-, Editorial Claretiana, 2da ed., 2013)

 

Bendición de la mesa con el Espíritu Santo

Señor y Padre bueno, queremos que vengas hoy a nuestra casa.

Hazte presente en nuestra mesa y bendice nuestro pan.

Danos la sabiduría para sorprendernos con las maravillas de tu creación.
Somos tus hijos, hechos a tu imagen.

Concédenos la inteligencia y el entendimiento para encontrar en tu Palabra de vida
las respuestas a las urgencias de este mundo.

Que en nuestros labios esté el consejo desinteresado que guíe a nuestros hermanos
a descubrir tu voluntad en sus vidas.

Que tengamos la fortaleza en el corazón para permanecer firmes en la fe y en nuestros ideales.

Que el don de la ciencia nos ayude a ver y valorar con rectitud las cosas creadas,
reflejo de su amor.

Que habite en nosotros el don de la piedad, para que nuestro corazón se entibie
y se compadezca ante las necesidades de nuestros hermanos.

Ayúdanos a entender que el santo temor no es temerte; sino sabernos dignos de ti, Señor.

Bendícenos, Padre nuestro,
en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

(Rezamos en familia junto al papa Francisco, Lorena A. Piñeiro,
Editorial Claretiana, 2016)

 

Oración para los momentos difíciles

Señor Jesús, tú estás en la barca de mi vida,

yo hoy me hago el propósito de que cuando

lleguen las tormentas de las contrariedades, y yo

sea tentado con la angustia y la amargura, en

esos momentos recuerde tu nombre y te invoque,

porque en el poder de tu nombre se desvanecen

todas las tempestades.

Señor, aunque yo pensaba que tenía fe,

ahora comprendo que necesito de tu gracia para

que esta crezca y madure, porque en muchos

aspectos me parezco a tus discípulos, ya que yo

también me acobardo y cuando aparecen las

contrariedades y los problemas pierdo la paz.

Te suplico que el poder espiritual de esta oración

y del santo rosario me ayude a tener fe,

y a superar las reacciones negativas.

Que en los mares tormentosos de ciertos

acontecimientos yo actúe desde la fe, recordando

que tú eres mi Padre, que con infinita ternura vela

sobre mí. Que la fe me ayude a percibir tu mano

amorosa detrás de todo, y me ayude a comprender

que tú solo buscas mi bien.

Reconozco, Jesús, que el temor no es un buen

consejero y no me ayuda. Tú muchas veces dijiste:

¡No tengan miedo! Por eso te pido que la gracia

del Espíritu Santo traiga la calma al agitado

mar de los turbulentos acontecimientos exteriores

y a las olas tormentosas que se alzan en mi alma.

En esos momentos de turbulencia, que tu

Espíritu me recuerde que debo mirarte a ti, Señor,

y contemplar tu rostro y tu poder dentro de mí.

Y que al ver tus maravillas, mi alma se llene de

estupor, de paz y de esperanza por un nuevo encuentro

contigo y porque la paz suscita un nuevo

amanecer en mi interior y a mi alrededor.

Amén.

(Rosario para superar las tormentas de la vida y recuperar la paz interior, Gustavo Jamut, Editorial Claretiana, 2016)

 

GESTO

Captar el misterio del amor de Dios; en personas, acontecimientos, culturas, naturaleza. También, dolores. Así como mirar es ver poniendo atención, contemplar es mirar captando este misterio de amor derramándose, actuando. Contemplar es captar cómo Dios está actuando. Y en este tiempo del Espíritu, en este tiempo post-Pentecostés, contemplar es ver cómo está el Espíritu del Padre y del Hijo, actuando en la historia, en las vidas, en los procesos, en los vínculos.

(Santa Resiliencia, Eduardo Meana Laporte, Editorial Claretiana, 2019)

 

Hoy, nuestro gesto, haciéndose eco de lo que nos proponen los textos, será contemplar y agradecer.

Estar “aislados” no significa, necesariamente, disponer de más tiempo, ni aprovecharlo mejor. Los invitamos a encontrar un momento para frenar, a solas o quienes queramos, y contemplar la acción de Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, en este tiempo particular. Pedir todo aquello que anhela nuestro corazón y, sobre todo, dar gracias por lo que hayamos descubierto, poniéndolo en palabras y en obras.

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El Evangelio y la Vida – Domingo de Pentecostés

Te proponemos varios recursos para vivir la pascua en casa, a solas o con los seres queridos. Para compartir en familia, para

 

La alegría del Evangelio es esa que nada ni nadie nos podrá quitar (cf. Jn 16,22). Los males de nuestro mundo —y los de la Iglesia— no deberían ser excusas para reducir nuestra entrega y nuestro fervor. Mirémoslos como desafíos para crecer. Además, la mirada creyente es capaz de reconocer la luz que siempre derrama el Espíritu Santo en medio de la oscuridad, sin olvidar que «donde abundó el pecado sobreabundó la gracia» (Rm 5,20). Nuestra fe es desafiada a vislumbrar el vino en que puede convertirse el agua y a descubrir el trigo que crece en medio de la cizaña (EG, 3).

 

Domingo de Pentecostés

 

LECTURAS

Hch 2, 1-11 | Sal 103, 1ab. 24ac. 29b-31. 34 | 1Cor 12, 3b-7. 12-13

Jn 20, 19-23

Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: ¡La paz esté con ustedes! Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: ¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan.

 

REFLEXIÓN

Testigos del Espíritu, testigos del amor

En nuestro mundo se hablan muchos idiomas. Tantos que, muchas veces, no nos entendemos. Seguro que en nuestra ciudad también nos hemos encontrado por la calle con personas que hablan otras lenguas. Quizás nosotros mismos hemos pasado por la experiencia de no poder ayudar adecuadamente a alguien porque sencillamente no le entendíamos.

Hoy celebramos Pentecostés, la venida del Espíritu Santo sobre aquel primer grupo de apóstoles y discípulos que, después de la muerte y resurrección de Jesús, se seguían reuniendo para orar y recordar al maestro. La venida del Espíritu Santo tuvo un efecto maravilloso. De repente, los que habían estado encerrados y atemorizados se atrevieron a salir a la calle y a hablar de Jesús a todos los que se encontraron. Lo sorprendente es que, en aquellos días, Jerusalén era un hervidero de gente de diversos lugares y procedencias. Por sus calles pasaban personas de todo el mundo conocido de aquellos tiempos. Pero todos oían a los apóstoles hablar en su propio idioma de las maravillas de Dios, del gran milagro que Dios había hecho en Jesús resucitándolo de entre los muertos.

Desde entonces, el Evangelio ha saltado todas las fronteras de las naciones, de las culturas y de las lenguas. Ha llegado hasta los más recónditos rincones de nuestro mundo, proclamando siempre las maravillas de Dios de forma que todos lo han podido entender. Junto con el Evangelio ha llegado también la paz a muchos corazones y la capacidad de perdonar, tal y como Jesús les dice a los apóstoles.

Hoy son muchos los que se siguen dejando llevar por el Espíritu, y con sus palabras y con su forma de comportarse dan testimonio de las maravillas de Dios. Con su amor por todos y su capacidad de servir a los más pobres y necesitados hacen que todos comprendan el amor con que Dios nos ama en Jesús. Con su capacidad de perdonar van llenando de paz los corazones de todos. El Espíritu sigue alentando en nuestro mundo. Hay testigos que comunican el mensaje por encima de las barreras del idioma o las culturas. ¿No ha sido la madre Teresa de Calcuta un testigo de dimensiones universales? Su figura pequeña y débil era un signo viviente de la preferencia de Dios por los más débiles, por los últimos de la sociedad.

Hoy el Espíritu nos llama a nosotros a dejarnos llevar por él, a proclamar las maravillas de Dios, a amar y a perdonar a los que nos rodean como Dios nos ama y perdona, a encontrar nuevos caminos para proclamar el Evangelio de Jesús en nuestra comunidad. Hoy es día de fiesta porque el Espíritu está con nosotros, ha llegado a nuestro corazón. ¡Aleluya!

¿Qué me llamaba más la atención de la madre Teresa de Calcuta? ¿Qué otras personas me parece que son hoy testigos del amor de Dios en nuestro mundo? ¿Cómo podría yo ser testigo del amor y perdón de Dios para los que me rodean?

(Y la Palabra se hizo fiesta, Fernando Torres, cmf, Editorial Claretiana, 2006)

 

ORACIÓN

El Espíritu los acompaña

Vendrás aquí, nos recordarás
las palabras que nos dijo Jesús.
Vendrás al fin, te necesitamos
¡VEN! ESPÍRITU SANTO ¡VEN! (bis).

(CD Volver a nacer, Fabiola Torrero Esteban, stj,
Producción y Distribución para América latina: Editorial Claretiana, 2012)

Pueden escucharlo en: https://www.youtube.com/watch?v=LvH01iBJnok&t=72s

Para rezar a solas o en comunión con nuestros seres queridos

Para cada día

Te alabo Espíritu, Señor y Dador de vida, por los dones recibidos en esta jornada que fui forjando con mis manos y en especial por ………………..……. . Gracias por la grandeza de la vida. Te ofrezco mi cansancio y los esfuerzos de este día. Toma mis anhelos e ilusiones. Son tuyos, consuélame y fortifícame en mi camino. Llévame a que viva mis tareas con libertad todo cuanto sea posible, cultivando mi espíritu, descubriéndome y estando atento a las necesidades de quienes me rodean. Enséñame a tomar decisiones desde mi interior y llevando a cabo lo decidido. Que no me quede en las ilusiones y fantasías infantiles. Llévame a forjar. Que esté afectivamente vinculado a las personas, para hermanarme con todo el ánimo, compartiendo el dolor, las lágrimas y las horas oscuras, como también los momentos de alegría y fiesta. Amén.

(Trabajar orando, Carlos E. Barrio y Lipperheide, Editorial Claretiana, 2013)

 

Abre mis ojos

Espíritu Santo, que trabajas secretamente en nuestros corazones y nos impulsas con delicadeza al amor, ayúdame a descubrir las cosas bellas que haces en los demás. Ayúdame a estar más atento a las cosas positivas que realizas en los hermanos, para que no me detenga tanto a lamentar los defectos ajenos, para que no crea que todo es demasiado negro. Abre mis ojos e ilumíname con tu presencia, para mirar a los demás con bondad y alabarte por todo lo que haces en ellos.

Te adoro, Espíritu, porque siempre descubro algo de ti en la hermosura de tu obra, en lo que realizas en el mundo, en los sacramentos, en las virtudes, en los dones, en los carismas y en las inspiraciones que vienen de ti. Te adoro por los momentos de amor sincero que me hiciste vivir, tocándome por dentro. Alabado seas, Espíritu sublime. Te adoro con todo el corazón. Amén.

(Cinco minutos con el Espíritu Santo, Víctor Manuel Fernández, Editorial Claretiana, 2004)

 

 

GESTO

El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu (Jn 3, 8).

En este otoño de brisas y vientos, vamos a dejarnos llevar como las hojas secas. Podemos recoger algunas, si están al alcance, dibujarlas o, simplemente, pensarlas como un signo concreto. En ellas podemos escribir algo que queramos cambiar, algún anhelo profundo que estuvimos rezando todo este tiempo y el don que estemos necesitando en este momento, para crecer en encuentro con los demás. Dejemos las hojas en ese lugar especial de casa y pongamos lo escrito en oración, con mucha confianza en la “acción libe y generosa” del Espíritu, para que Él se ocupe de llevar y traer nuestras intenciones cada día.

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El Evangelio y la Vida – Solemnidad de la Ascensión del Señor

Te proponemos varios recursos para vivir el tiempo de Pascua en casa, a solas o con los seres queridos. Para compartir en familia, con amigos, en tu grupo o comunidad, desde donde a cada uno le toque vivir y transitar este momento.

 

En el hoy de Jesús no queda lugar para el temor a los conflictos ni para la incertidumbre ni la angustia. No hay lugar para el temor a los conflictos porque en el hoy del Señor el amor vence al temor. No hay lugar para la incertidumbre porque el Señor está con nosotros ‘todos los días’ hasta el fin del mundo, Él lo ha prometido y nosotros sabemos en quién nos hemos confiado. No hay lugar para la angustia porque el hoy de Jesús es el hoy del Padre, que sabe muy bien lo que necesitamos y en sus manos sentimos que a cada día le basta su afán. No hay lugar para la inquietud porque el Espíritu nos hace decir y hacer lo que hace falta en el momento oportuno (El verdadero poder es el servicio, Jorge Bergoglio -Papa Francisco-, Editorial Claretiana, 2da ed., 2013).

 

Domingo de la Ascensión del Señor

Jornada mundial de las comunicaciones sociales

5to Aniversario de la encíclica Laudato si’

 

 

 

LECTURAS

Hch 1, 1-11 | Sal 46, 2-3. 6-9 | Ef 1, 17-23

Mt 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de Él; sin embargo, algunos todavía dudaron. Acercándose, Jesús les dijo: Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo.

 

 

REFLEXIÓN

El último encuentro con Jesús

Con esta fiesta de la Ascensión termina prácticamente la Pascua. Es el último encuentro de Jesús resucitado con los discípulos. Y se repiten en él dos constantes que han estado presentes a lo largo de los cuatro evangelios.

Por una parte, la confianza que Jesús pone en los discípulos. Les dice que ellos van a ser los encargados de continuar su obra. Las palabras de Jesús no pueden ser más claras: Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. En sus manos ha puesto Jesús el tesoro del Evangelio, del anuncio de la buena nueva de la salvación para la humanidad.

Pero, por otra parte, el autor de los Hechos de los Apóstoles no renuncia a dejar en claro, incluso en este último momento, la incomprensión de los discípulos. Después de haber seguido a Jesús por los caminos de Galilea y en su viaje hacia Jerusalén, después de haber sido testigos directos de sus palabras y sus milagros, de su cercanía a los pobres y su llamada a la conversión porque el Reino de Dios está cerca, después de haber visto cómo el maestro era detenido, juzgado y condenado a muerte en cruz, después de haber experimentado la resurrección, todavía los discípulos siguen sin comprender del todo la misión de Jesús –y, por tanto, su misma misión como continuadores de aquella. Al final de todo no se les ocurre más que preguntar si ¿es ahora cuando vas a restaurar la soberanía de Israel? No se habían enterado.

Sólo la promesa del Espíritu Santo mantiene la esperanza de que los discípulos lleguen a comprender del todo la misión de Jesús y su propia misión. Ese período tan especial que va desde el día de la Pascua, el de la Resurrección de Jesús, hasta su Ascensión termina con la fiesta de hoy. Pero el período de aprendizaje de los discípulos no ha terminado. Necesitan recibir el Espíritu Santo, que será el que les haga conocer de verdad el significado de las palabras y de la vida de Jesús. De alguna manera, es necesario que Jesús desaparezca de sus vidas para que abran su corazón a una comprensión más profunda y verdadera de su figura. Hasta comprender que hay otra forma de presencia de Jesús en medio de la comunidad, una presencia que será constante y firme hasta el final de los tiempos.

Hoy en la Iglesia, en nuestra comunidad, en nuestro corazón, seguimos necesitando la presencia del Espíritu que nos ilumine para comprender cuál es la esperanza a la que nos llama Jesús, la riqueza de la gloria que es la herencia de los que creen en él. Quizá nos convendría releer la segunda lectura y hacer con ella nuestra oración para pedir al Padre que nos envíe el Espíritu de Jesús, porque aunque –como a los apóstoles– nos cuesta entender, queremos seguir su llamada a anunciar la buena nueva de la salvación a todos los hombres y mujeres.

¿Qué significa para mí anunciar el Evangelio a toda la creación? ¿Es un mandato que afecta sólo a las curas y a las monjas? ¿Qué tendría que hacer para anunciar el Evangelio a los que viven conmigo?

(Y la Palabra se hizo fiesta, Fernando Torres, cmf, Editorial Claretiana, 2006)

 

ORACIÓN

Para rezar a solas o en comunión con nuestros seres queridos, dejando que estas palabras nos inspiren el diálogo con nuestro Padre.

 

Con el salmo de hoy

Aplaudan todos los pueblos,

aclamen al Señor con gritos de alegría.

La alegría, no ingenuamente optimista, sino la profundidad del gozo pascual: el paso hecho posible por Dios, de las lágrimas a la risa, del sufrimiento a la curación, de la esterilidad a la fecundidad, de la muerte a la vida.

Dejo resonar el aplauso y la alegría… y quiero hacer de mi vida una liturgia, un canto de alabanza. Porque la alegría se hace acción de gracias y la acción de gracias es eucaristía.

Que nuestras celebraciones, Señor Jesús, estallen de alegría, porque nos encontramos para celebrar que has vencido a la muerte, porque eres la vida, porque tu pascua da sentido a nuestros pasos. ¡Ahí nuestra alegría!

Con este salmo, Señor Jesús, te pido por aquellos que lloran, para que en ti encuentren la paz y la alegría que nada ni nadie puede quitar.

(Salmos para el camino, María Andrea Green, Editorial Claretiana, 2013)

 

 

Para seguir rezando con una canción

¡HIJO MÍO!

¡Hijo, mío!, que estás en el mundo,

tú eres mi gloria y en ti está mi Reino. (Bis).

Eres mi voluntad y mi querer, (Bis),

yo te sostengo y mantengo cada día (Bis)

Te perdono siempre, para que sepas perdonar tú. (Bis).

 

Y no temas, yo te libraré de todo mal:

De tus dudas, te tus miedos y la tentación. (Bis)

Te abrazaré.

Amén.

(CD Volver a nacer, Fabiola Torrero Esteban, stj,
Producción y Distribución para América latina: Editorial Claretiana, 2012)

Pueden escucharla haciendo click aquí:

 

Para acompañar la Jornada mundial de las comunicaciones sociales

Por un lado, el comunicador cristiano tiene el desafío de conocer, sentir y gustar la belleza del Amor hermoso de Dios, vivo en Jesucristo muerto y resucitado, en su Presencia y acción misericordiosa entre nosotros, por el ejercicio de la Contemplación… Este encuentro personal con Jesucristo es luz para discernir frente a la imagen vacía de cierta cosmetología tecnológica, la belleza de los valores.

La experiencia de la belleza del Amor hermoso de Dios, por el encuentro personal y comunitario con Jesucristo, es el motor de la creatividad cristiana para la comunicación de la Buena Noticia.

Por otra parte, el desafío de compartir esta belleza del Amor hermoso de Dios con una vocación tan específica, cuando la revolución de las comunicaciones y la información en plena transformación ponen a la Iglesia ante un camino decisivo como es cruzar estos nuevos umbrales culturales, que requieren nuevas energías e imaginación para proclamar el único Evangelio de Jesucristo, exige al comunicador cristiano mucha formación y verdadero profesionalismo para el uso competente de la tecnología y el lenguaje de los Medios.

(El verdadero poder es el servicio, Jorge Bergoglio -Papa Francisco-, Editorial Claretiana, 2da ed., 2013).

 

GESTO

El tiempo de Pascua va llegando a su fin, para dar paso al tiempo de escuchar las enseñanzas, contemplar los gestos y caminar junto a Jesús en su ministerio público.

A lo largo de estos domingos, Jesús nos dejó hermosas de palabras de vida, de aliento, de esperanza. Les proponemos releer las lecturas dominicales, buscar aquellas frases que necesitan escuchar una u otra vez:

No teman. – ¡La paz esté con ustedes! – ¡Felices los que creen sin haber visto! – Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará. – Yo he venido para que tengan Vida, y la tengan en abundancia…

Pueden hacer un cartel, pegarla en la heladera, armar una tarjeta, un post, ponerla en sus redes sociales, en sus estados… En fin, ténganla a mano, compártanla, vívanla y no olviden lo que nos dice hoy: yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo.

 

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El Evangelio y la Vida – Domingo VI de Pascua

Te proponemos varios recursos para vivir el tiempo de Pascua en casa, a solas o con los seres queridos. Para compartir en familia, con amigos, en tu grupo o comunidad, desde donde a cada uno le toque vivir y transitar este momento.

 

¡Él vive! Hay que volver a recordarlo con frecuencia, porque corremos el riesgo de tomar a Jesucristo sólo como un buen ejemplo del pasado, como un recuerdo, como alguien que nos salvó hace dos mil años. Eso no nos serviría de nada, nos dejaría iguales, eso no nos liberaría. El que nos llena con su gracia, el que nos libera, el que nos transforma, el que nos sana y nos consuela es alguien que vive. Es Cristo resucitado, lleno de vitalidad sobrenatural, vestido de infinita luz (Christus vivit, 126).

 

Contempla a Jesús feliz, desbordante de gozo. Alégrate con tu Amigo que triunfó. Mataron al santo, al justo, al inocente, pero Él venció. El mal no tiene la última palabra. En tu vida el mal tampoco tendrá la última palabra, porque tu Amigo que te ama quiere triunfar en ti. Tu salvador vive (Christus vivit, 126).

 

LECTURAS

Hch 8, 5-8. 14-17 | Sal 65, 1-3a. 4-7a. 16. 20 | 1Pe 3, 15-18

Jn 14, 15-21

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes: El Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en cambio, lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes. No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes. Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes sí me verán, porque yo vivo y también ustedes vivirán. Aquel día comprenderán que yo estoy en mi Padre, y que ustedes están en mí y yo en ustedes. El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él.

 

 

REFLEXIÓN

De la ley al Espíritu del amor

La moral no está de moda en nuestros días. Todo el mundo parece saber perfectamente lo que ha de hacer en cada momento y nadie soporta que le impongan normas u obligaciones. Desgraciadamente, hay muchos que siguen viendo la fe cristiana como una colección de normas, de mandamientos, de obligaciones que hay que cumplir escrupulosamente. Ésa sería la condición para obtener la salvación. El que cumple las normas, muchas de ellas de tipo ritual, como ir a misa todos los domingos, confesarse una vez al año, etc., o de cumplimiento externo, como casarse por la Iglesia, se garantiza la salvación. Quizá por eso hay muchos cristianos que terminan yendo a misa con el tiempo justo, se quedan en el fondo sin participar demasiado y, como ya están cerca de la puerta, se van en cuanto el sacerdote da la bendición –o incluso antes.

Jesús, en el evangelio de hoy, plantea la cuestión exactamente del modo contrario. La obligación de los mandamientos como tal no tiene ningún sentido si no se entiende en el contexto de una relación personal con el mismo Jesús: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos”. No se trata, pues, de cumplir los mandamientos de una forma automática o ciega con el objetivo de conseguir la salvación. El paso primero es encontrarse con Jesús, descubrir quién es y qué significa en nuestra vida. De esa relación personal surge el amor y el seguimiento. Los mandamientos son pura consecuencia de esa vida de seguimiento. Pero primero es el amor, que en ningún caso se puede imponer como obligación.

¿Es que los que siguen a Jesús y lo aman entenderán como una obligación sin sentido la invitación de la Iglesia a reunirse una vez a la semana para escuchar juntos la Palabra, y compartir el Pan y el Vino en la mesa de la Eucaristía? Más que una obligación es un gozo y un derecho: el de reunirme con mis hermanos y hermanas, y juntos dar gracias a Dios por todo lo que nos regala.

Ser cristiano, formar parte de la Iglesia Católica, no es cumplir una serie de normas y mandamientos de forma automática y porque sí. Es formar parte de una familia que se extiende más allá de la sangre y de la cultura. Es haber acogido en el corazón una tradición que viene de siglos. Es haber escuchado la predicación de Felipe y haber recibido el Espíritu Santo de los apóstoles. Ser cristiano es hacer de Jesús el centro de mi vida y amarlo, y amar a mis hermanos con la fuerza de su ejemplo y de su Espíritu.

Este domingo hay que mirar a Jesús, hacerlo presente en nuestro interior y mirarlo a los ojos. Él es la única razón que tenemos para seguir confesándonos cristianos, para cumplir con lo que nos pide el Evangelio y la Iglesia.

¿Alguna vez amar a un hermano o hermana en una situación concreta me ha llevado a quebrantar una norma de la Iglesia? ¿Por qué? ¿Qué es más importante: amar o cumplir los mandamientos? ¿No será que los mandamientos son casi siempre expresión concreta de ese amar que debe caracterizar mi vida como cristiano?

(Y la Palabra se hizo fiesta, Fernando Torres, cmf, Editorial Claretiana, 2006)

 

ORACIÓN

Para rezar a solas o en comunión con nuestros seres queridos, dejando que estas palabras nos inspiren el diálogo con nuestro Padre.

Ante Jesús resucitado

Déjame alegrarme contigo, Madre,

déjame contemplar contigo

al Resucitado.

Celebremos la alegría

de verlo triunfante, feliz,

desbordante de vida y de luz.

Contemplemos sus heridas,

que ahora están sanadas

y tienen toda la hermosura

del amor entregado.

Pero también te pido

que mires mi vida, Madre.

Porque en mí hay algunas cosas

que no tienen luz,

que necesitan la resurrección de Jesús.

Pídele a Jesús

que derrame en toda mi existencia

la vida nueva, el poder y la luz

de su resurrección.

Amén.

(Bajo los ojos de María. Cómo nos mira la Madre,
Víctor Manuel Fernández, Editorial Claretiana, 2016)

 

 

Para hoy y cada día de esta semana

Gracias por renovar mis fuerzas y mi ánimo,
para poder emprender la jornada con alegría
y un corazón abierto hacia los hombres.
Te pido por quienes están impedidos de trabajar
y quisieran hacerlo.
Que se sientan valiosos, a pesar de la aflicción.
Envíales tu Espíritu de consuelo
para que puedan exclamar “Padre”,
aún en medio de la tribulación.

(Trabajar orando, Carlos E. Barrio y Lipperheide, Editorial Claretiana, 2013)

 

 

Para seguir rezando con una canción

¿POR QUÉ TE HICISTE HUMANIDAD?

Si estás ahí y quieres escucharme,

si estás ahí y puedes enterarte,

si estás ahí y puedes aún mirarme,

si estás ahí, mírame otra vez.

¿Por qué te hiciste humanidad?

¿Por qué quisiste ser como yo?

¿Por qué te hiciste pequeño?

¿Por qué nos quieres con tanto amor? (Bis)

Solamente Tú, puedes curar este mundo roto

solamente Tú, puedes cambiar este mundo roto.

Solamente Tú, puedes salvar este mundo roto…

Si te dejamos pasar.

(CD Volver a nacer, Fabiola Torrero Esteban, stj,
Producción y Distribución para América latina: Editorial Claretiana, 2012)

Pueden escucharla haciendo click aquí:

 

GESTO

¿No será que los mandamientos son casi siempre expresión concreta de ese amar que debe caracterizar mi vida?

En este tiempo especial, en el que muchas de las “normas habituales” se vieron modificadas en busca de cuidarnos los unos a los otros, nos damos cuenta de lo que es realmente innegociable.

Les proponemos, en esta semana, pensar qué hábitos, reglas, costumbres han cambiado en su hogar y en su día a día. Pueden compartir con sus seres queridos cuáles extrañan, cuáles les dan alegría y cuáles les cuesta mucho llevar a cabo. Pídanle al Espíritu para que venga en ayuda y no se desanimen.

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El Evangelio y la Vida – 5° Domingo de Pascua

Camino, verdad y vida

Te proponemos varios recursos para vivir el tiempo de Pascua en casa, a solas o con los seres queridos. Para compartir en familia, con amigos, en tu grupo o comunidad, desde donde a cada uno le toque vivir y transitar este momento.

 

Él está en ti, Él está contigo y nunca se va. Por más que te alejes, allí está el Resucitado, llamándote y esperándote para volver a empezar. Cuando te sientas avejentado por la tristeza, los rencores, los miedos, las dudas o los fracasos, Él estará allí para devolverte la fuerza y la esperanza (Christus vivit, 2).

 

Si Él vive, entonces sí podrá estar presente en tu vida, en cada momento, para llenarlo de luz. Así no habrá nunca más soledad ni abandono. Aunque todos se vayan Él estará, tal como lo prometió: «Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28,20). Él lo llena todo con su presencia invisible, y donde vayas te estará esperando. Porque Él no sólo vino, sino que viene y seguirá viniendo cada día para invitarte a caminar hacia un horizonte siempre nuevo (Christus vivit, 125).

 

Domingo V de Pascua


Camino, verdad y vida

 

LECTURAS


Hch 6, 1-7 | Sal 32, 1-2. 4-5. 18-19 | 1Pe 2, 4-10
Jn 14, 1-12

Jesús dijo a sus discípulos: No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí. En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, se lo habría dicho a ustedes. Yo voy a prepararles un lugar. Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes. Ya conocen el camino del lugar adonde voy. Tomás le dijo: Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino? Jesús le respondió: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto. Felipe le dijo: Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta. Jesús le respondió: Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo dices: Muéstranos al Padre? ¿No crees que yo esté en el Padre y que el Padre esté en mí? Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras. Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre.

 

REFLEXIÓN


Somos pueblo de Dios

Está avanzado ya el tiempo de Pascua y es buen momento para que los cristianos tengamos una idea clara de nuestra identidad más profunda. A veces, de tanto caminar por los días y los trabajos de cada cual, se nos olvida que hemos sido elegidos como portaestandartes de una bandera que no es sólo para nosotros sino para toda la humanidad. En Cristo Jesús resucitado somos todos sacerdotes que ofrecemos a Dios el sacrificio espiritual que trae la salvación al mundo. Así es como construimos el Reino de Dios. Porque los sacrificios que ofrecemos no son como los de la Antigua Alianza –holocaustos de carneros y toros– sino la entrega de nuestras vidas al servicio del Reino de Dios, comprometidos en formar ya aquí la familia de Dios, donde reina la verdad, el amor y la justicia.

Eso es lo que los cristianos somos por nuestro Bautismo. El desafío está en llegar a ser, en la vida real, lo que ya somos en la presencia de Dios. Nuestra llamada consiste en llevar a la práctica de cada día ese amor con el que Dios nos amó en Jesús y que nos transformó en pueblo elegido y nación consagrada. Para llegar a nuestra meta, el evangelio de hoy nos muestra el camino: el mismo Jesús que dice de sí que es “el Camino, la Verdad y la Vida”. A los apóstoles les costó comprender que mucho más importante que aprender unas verdades era seguir a Jesús. Les costó comprender que no se trataba de aprender teología, sino de encontrarse con Jesús y dejar que fuese el guía que los llevase hasta el Reino del Padre. No había más camino que seguir sus huellas. Hoy nos tenemos que decir lo mismo: ser cristiano es seguir las huellas de Jesús, comportarnos como él lo haría, amar a nuestros hermanos y hermanas hasta darlo todo, como él hizo.

Hacer eso en la vida cotidiana no siempre es fácil. Hoy enfrentamos problemas y situaciones que no tienen nada que ver con las que enfrentaron Jesús o los apóstoles. Pero ése es precisamente nuestro desafío: encontrar soluciones creativas, en línea con el Reino, a los problemas que nos aparecen. Como hicieron los apóstoles en la primitiva Iglesia, al ver que un grupo de la comunidad, las viudas de los griegos, no recibían la atención que debían. Inmediatamente solucionaron el problema creando un grupo que las atendiese: los diáconos. Así tenemos que ejercer nuestro seguimiento de Jesús: tratando de ofrecer soluciones a los problemas que nos encontramos, preguntándonos siempre: ¿qué haría Jesús en una situación como ésta? Y dejándonos llevar por el Espíritu. Hasta encontrar las formas y los modos concretos que nos lleven a expresar de la forma más eficaz posible el amor por los hermanos y hermanas, especialmente por los más necesitados.

¿Hay personas cerca de nosotros que se quedan sin atender, que sufren sin que nadie les haga caso ni ayude? ¿Qué podemos hacer para estar cerca de ellos y aliviar sus sufrimientos? ¿No es esa la mejor forma de seguir a Jesús, Camino, Verdad y Vida?

(Y la Palabra se hizo fiesta, Fernando Torres, cmf, Editorial Claretiana, 2013)

 

ORACIÓN


Para rezar a solas o en comunión con nuestros seres queridos, dejando que estas palabras nos inspiren el diálogo con nuestro Padre
TIEMPO Y CAMINO

(…) Junto al camino, también se va haciendo presente el silencio. Un silencio que no es vacío, sino plenitud. Un silencio que te permite recibir la palabra que Dios siembra en tu corazón a través de las manos generosas de la gente de su pueblo. Un silencio pleno de palabras, de preguntas, de deseos, de evocaciones. Un silencio que se te va haciendo junto al camino sabiduría en el corazón, que va profundizando nuestras pobres vidas.

El camino te habla de tiempo, de espera, de promesa. El camino va serenando el corazón y lo va haciendo paciente, lo va poniendo al ritmo lento de la naturaleza, de Dios y de su gente. El camino te hace sentir tu esencia más profunda, la de ser un peregrino. Te recuerda que eres polvo, que del barro vinimos y al barro volvemos. Pero no cualquier barro, sino un barro amado, cuidado y modelado por Dios. Un barro que te recuerda que eres frágil, débil, lleno de imperfecciones, que no puede realizar todo lo que quisiera o esperara. Y que para realizarlo hace falta tiempo y camino.

(Bautizados por el monte. Experiencias de un sacerdote misionero, Juan Ignacio Liébana, Editorial Claretiana, 2012)

 

EL HIJO DE DIOS SE HA HECHO PARA NOSOTROS CAMINO

Qué hermoso contemplar a Cristo no sólo como meta, sino también como camino. Él es nuestro Camino, nuestra Verdad y Vida. Por eso, desde el momento de la encarnación, el transitar cada paso en el camino, se hace también encuentro salvífico con el Redentor que se hace camino. No sólo casa y refugio, sino también camino a transitar. Y el camino demanda tiempo, espera, ardua tarea y también descanso certero.

Tal vez sea el tiempo de aprender del caminar de los últimos que no tienen apuro por llegar y que por eso, disfrutan de cada parada del camino. Como en una peregrinación, la llegada es algo emocionante y esperado; ahí adquiere sentido el cansancio y el sacrificio. Sin embargo, eso no le resta valor a cada paso del camino, cada parada, cada detalle vivido con intensidad. ¿Será tal vez que por tener el futuro tan incierto y tan amenazado, los olvidados nos enseñan a no planificar tanto y a vivir más el momento presente? ¿Será que ellos, los últimos, puedan pasar a ser primeros en la enseñanza de cómo caminar? En esta sociedad, o en nuestra propia vida que tratamos de tener todo tan controlado y tan planificado, ellos nos enseñan a confiar un poco más en lo que vendrá, para así dejar espacio para encontrarnos con el transitar cotidiano, teñido de tantos encuentros, salpicado por tantos detalles, que corriendo no alcanzamos a percibir.

(Corazón adentro. Hacia la espesura del monte, Juan Ignacio Liébana, Editorial Claretiana, 2012)

 

Para seguir rezando con una canción y una oración

SOLO TENGO CAMINOS

Solo tengo caminos.

Caminitos, nada más.

Ante un Dios que se llama “Camino”,

sé que hay aquí no hay descanso, no hay meta.

Solo tengo caminos

para describirme,

para entender mi alma

y abrazar mi vida y la tuya…

Solo tengo caminos.

Solo la mente vuela y llega…

¡La vida real va más despacio!

Velocidad crucero de la vida:

tu humilde paso.

Sagrado ritmo tibio,

ciclo humano de cuatro estaciones.

Como bosque creciendo,

es así nuestro cambio posible.

Solo cuando caminas, besas,

de tu esencia, su belleza.

Dios despacito va abriendo su mano

… y te despliegas.

Que el caminar te apacigüe

y te hermane, te cure y te absuelva,

desde el respeto sabio

que los pasos pequeños te enseñan.

(CD Declaración de Domicilio -Volumen VII-, Eduardo Meana, 2004)

Pueden encontrarla en el libro Santa Resiliencia. contemplando cómo Dios nos fortalece hoy, Eduardo Meana Laporte, Editorial Claretiana, 2019.

Y escucharla en:

 

SEÑOR, QUE DESCIENDA TU AMOR SOBRE NOSOTROS

Gracias, Señor, por la tierra en que nací, por el pueblo con el que me invitas a construir tu Reino. Gracias por la historia, con sus luces y sombras.

Perdón, Señor, porque no sabemos reconocerte como el dador de nuestras vidas; perdón por someter con las armas, con la palabra, con el hambre, con las múltiples formas de injusticia.

Ayúdanos a construir en ti una nación nueva.

Ayúdanos a que tu Reino sea latido en cada decisión.

Ayúdanos a movernos por parámetros de justicia y solidaridad, de dar lugar a todos, de incluir a todos. Que te sepamos ver caminando a nuestro lado, cuidando nuestras siembras, alentando la vida… poniendo en ti lo que somos y tenemos… reconocerte nuestro, sabiéndonos todos tuyos. Amén.

 

 

GESTO


Jesús es el camino que nos lleva al Padre. Nos guía con sus palabras, sus obras y sus gestos. Con ellos, siempre estuvo atento a los detalles, teniendo en cuenta lo que pasaba a su alrededor.

En este tiempo, aunque parezca una pausa en el camino, seguimos andando y compartiendo con muchas personas: cuidándonos y cuidando a los demás. Es una buena oportunidad para estar pendientes de los detalles, de hacer las cosas de todos los días de un modo especial, de agregar algo distinto, de pensar qué hace feliz al otro. Que sean nuestras pequeñas obras, los gestos sencillos, los que hablen de Dios.

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El Evangelio y la Vida – 4º Domingo de Pascua

Te proponemos varios recursos para vivir el tiempo de Pascua en casa, a solas o con los seres queridos. Para compartir en familia, con amigos, en tu grupo o comunidad, desde donde a cada uno le toque vivir y transitar este momento.

 

Con Él el corazón está arraigado en una seguridad básica, que permanece más allá de todo. San Pablo dice que él quiere estar unido a Cristo para conocer el poder de su resurrección (Flp 3, 10). Es el poder que se manifestará una y otra vez también en tu existencia, porque Él vino para darte vida, y vida en abundancia (Jn 10, 10) (Christus vivit, 128).

 

Si alcanzas a valorar con el corazón la belleza de este anuncio y te dejas encontrar por el Señor; si te dejas amar y salvar por Él; si entras en amistad con Él y empiezas a conversar con Cristo vivo sobre las cosas concretas de tu vida, esa será la gran experiencia, esa será la experiencia fundamental que sostendrá tu vida cristiana (Christus vivit, 129).

 

Domingo IV de Pascua


 

 

LECTURAS


Hch 2, 14a. 36-41 | Sal 22, 1-6 | 1Pe 2, 20b-25
Jn 10, 1-10

En aquel tiempo, Jesús dijo: Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino por otro lado, es un ladrón y un asaltante. El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. Él llama a cada una por su nombre y las hace salir. Cuando las ha sacado a todas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz. Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir. Entonces Jesús prosiguió: Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado. Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento. El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia.

 

REFLEXIÓN


La puerta del Reino

La comparación que nos ofrece el evangelio de hoy nos sitúa ante dos realidades bien diferentes, opuestas y separadas. De un lado está el corral. Es el lugar donde se guarda a las ovejas. Allí encuentran refugio frente al frío y el alimento necesario además de protección contra los animales dañinos. Fuera del corral es precisamente el lugar donde están esos animales. Fuera del corral no hay comida. Fuera del corral el frío puede ser mortal. Fuera del corral las ovejas están a la intemperie. El lobo amenaza. Nada hay seguro ahí afuera. Pero la comparación de Jesús no se centra ni en los peligros de fuera ni en las comodidades de dentro, sino en la puerta. La puerta es el paso obligado por el que las ovejas han de pasar para entrar en el corral. Jesús afirma que es la puerta o, también, que es el dueño de las ovejas. Conoce a cada una por su nombre. Las cuida, las alimenta, las protege. En oposición al ladrón, que salta la valla y sólo entra para robar y matar, Jesús ofrece a las ovejas vida y vida abundante.

Toda la comparación se basa, más allá de la imagen concreta, en la contraposición entre vida y muerte. Seguir a Jesús, acercarse a él, la puerta, es encontrarse con la vida. No entrar por esa puerta es quedarse afuera, aislado en medio de los peligros y amenazas. No entrar supone quedarse del lado de la muerte.

Pero ¿qué significa para nosotros hoy entrar por la puerta que es Jesús? Alguno podría pensar que la única solución para alejarse de los peligros de los que dicen que está lleno el mundo sería pasar todo el día metido en la Iglesia. Ése sería el lugar seguro. Pero se equivoca el que piensa así. Jesús deja bien claro que Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.

Parece claro que entrar por la puerta que es Jesús, encontrarse con él, dejar que sea nuestro único dueño, cambia la vida de la persona. No es que cambie el lugar donde la persona tiene que vivir. Lo que cambia es la persona y su forma de relacionarse con el mundo. Tras pasar por la puerta que es Jesús, la persona puede entrar y salir. El mundo ya no es un lugar amenazador y lleno de peligros. Todo el mundo se ha convertido en un corral seguro donde puede encontrar pastos y vida. Teniendo a Jesús como pastor, podemos salir del corral con confianza, podemos mirar la realidad de otra manera. Sin miedo. La presencia del Resucitado llena el mundo y hace que las personas tengan vida y vida abundante. Con Jesús, el cristiano no tiene miedo a nada ni a nadie y su misma presencia en medio del mundo es portadora de salvación para ese mundo.

Somos comunidad cristiana en medio del mundo. ¿Contemplamos el mundo como creación de Dios y lugar de la presencia de Jesús? ¿Hemos pasado por la puerta de Jesús? ¿Qué significaría, en concreto para mí, pasar por la puerta que es Jesús?

(Y la Palabra se hizo fiesta, Fernando Torres, cmf, Editorial Claretiana, 2013)

 

ORACIÓN


Para rezar a solas o en comunión con nuestros seres queridos

YO SOY EL BUEN PASTOR (Jn 10, 13).

Señor, tu cultura campesina te hizo pensar en el pastor que guía un rebaño, que lo cuida, lo defiende y lo alimenta llevándolo a buenas praderas. Por cientos de años esta figura se quedó en la conciencia de la Iglesia, que se ve a sí misma como un rebaño y te mira a ti como a su verdadero y fiel pastor.

Pero los tiempos han cambiado. Esa imagen pastoril se nos ha quedado detenida. Hemos pasado de rebaño a comunidad; en buena hora. En el rebaño, las ovejas no piensan ni deciden. Solamente obedecen. En la comunidad, en cambio, las personas se sienten protagonistas de su propia historia, y responsables de su presente y su futuro. En la Iglesia de hoy, necesitamos ser más comunidad y menos rebaño. De todos modos, tú serás siempre el Pastor, el Guía, el Orientador, el que señala la ruta, el que va primero. Y yo te seguiré como persona, como amigo, como discípulo, no como oveja.

(Una palabra tuya, Agustín Cabré, Editorial Claretiana, 2015)

 

Para acompañar la jornada por las vocaciones

Los sueños viven en ti

Ahí, no lejos de aquí, se esconden esos sueños

que todos deseamos poder vivir;

no lejos de aquí, están en ti.

Ahí, no lejos de aquí, se esconden esos sueños

que todos deseamos poder vivir;

no lejos de aquí, están dentro de mí.

Sí nada puede hacer que nazcan esos sueños,

más que, querer y creer que es posible en mí…

Porque tú también has creído en mí, has creído en mí.

Y AHORA TÚ Y YO, PODEMOS DECIR A TODOS
QUE MIREN DENTRO DE SÍ,
QUE EN SU INTERIOR ESTÁ LO MEJOR
Y GUARDAN REGALOS POR DESCUBRIR. (Bis)

Y AHORA TÚ Y YO PODEMOS DECIR,
DESTAPA EL REGALO QUE HAY DENTRO DE TI.
DESTÁPALO, Y OFRÉCELO.

Sí, nada puede hacer…

Por tu abrazo yo, yo reconocí, lo mejor de mí.

(CD Volver a nacer, Fabiola Torrero Esteban, stj,
Producción y Distribución para América latina: Editorial Claretiana, 2012)

Pueden escucharlo en:

Cada hombre y cada mujer

Hay hermosura, más allá de la apariencia o de la estética de moda, en cada hombre y en cada mujer que viven con amor su vocación personal, en el servicio desinteresado por la comunidad, por la patria; en el trabajo generoso por la felicidad de la familia… comprometidos en el arduo trabajo anónimo y desinteresado de restaurar la amistad social… Hay belleza en la creación, en la infinita ternura y misericordia de Dios, en la ofrenda de la vida en el servicio por amor. Descubrir, mostrar y resaltar esta belleza es poner los cimientos de una cultura de la solidaridad y de la amistad social. Es acercarnos.

Es hacernos prójimos.

(El verdadero poder es el servicio, Jorge M. Bergoglio, Editorial Claretiana, 2ª ed., 2013)

 

En tiempos de fragilidad

Y en esta hermosa vocación artesanal de ser “crisma y caricia del que sufre” no tengas miedo de cuidar la fragilidad del hermano desde tu propia fragilidad: tu dolor, tu cansancio, tus quiebres; Dios los transforma en riqueza, ungüento, sacramento. (…)

La vocación no sería plena si excluyera nuestro barro, nuestras caídas, nuestros fracasos, nuestras luchas cotidia­nas: es en ella donde la vida de Jesús se manifiesta y se hace anuncio salvador. Gracias a ella descubrimos los dolores del hermano como propios. (…)

Que María nos conceda valorar el tesoro de nuestro barro, para poder cantar con ella el Magníficat de nuestra pequeñez junto con la grandeza de Dios.

(El verdadero poder es el servicio, Jorge M. Bergoglio, Editorial Claretiana, 2ª ed., 2013)

 

Oración por las vocaciones

Jesús que sientes compasión al ver la multitud que está como ovejas sin pastor, suscita, en nuestra Iglesia, una nueva primavera de vocaciones. Te pedimos que envíes: Sacerdotes según tu corazón que nos alimenten con el Pan de tu Palabra y en la mesa de tu Cuerpo y de tu Sangre; Consagrados que, por su santidad, sean testigos de tu Reino; Laicos que, en medio del mundo, den testimonio de ti con su vida y su palabra. Buen Pastor, fortalece a los que elegiste; y ayúdalos a crecer en el amor y santidad para que respondan plenamente a tu llamada. María, Madre de las vocaciones, ruega por nosotros. Amén.

 

GESTO


Hoy podemos pensar qué actitudes y qué cualidades tiene el Buen Pastor. Y con cuáles de esos rasgos nosotros, sus ovejas/discípulos, nos sentimos más cómodos, más identificados o cuáles más necesitamos en este momento. Podemos hacer una lista, ponerla en algún lugar visible de la casa, para recordarlas e intentar practicarlas a menudo.

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El Evangelio y la Vida – 3º Domingo de Pascua

Destacada

Te proponemos varios recursos para vivir el tiempo de Pascua en casa, a solas o con los seres queridos. Para compartir en familia, con amigos, en tu grupo o comunidad, desde donde a cada uno le toque vivir y transitar este momento.

Te recuerdo la buena noticia que nos regaló la mañana de la Resurrección: que en todas las situaciones oscuras o dolorosas hay salida (Christus vivit, 104).

Si Él vive eso es una garantía de que el bien puede hacerse camino en nuestra vida, y de que nuestros cansancios servirán para algo. Entonces podemos abandonar los lamentos y mirar para adelante, porque con Él siempre se puede. Esa es la seguridad que tenemos. Jesús es el eterno viviente. Aferrados a Él viviremos y atravesaremos todas las formas de muerte y de violencia que acechan en el camino (Christus vivit, 127).

Domingo III de Pascua


 

Tarjeta

LECTURAS


Hch 2, 14. 22-33 | Sal 15, 1-2a. 5. 7-11 | 1Pe 1, 17-21
EVANGELIO: Lc 24, 13-35

Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido. Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. Él les dijo: ¿Qué comentaban por el camino? (…) ¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días! ¿Qué cosa?, les preguntó. Ellos respondieron: Lo referente a Jesús, el Nazareno. (…) Jesús les dijo: ¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! (…) Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba. El entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista. (…) En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron: Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón! Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

 

REFLEXIÓN


40. LO RECONOCIERON AL PARTIR EL PAN (Lc 24, 13-35)

El mismo día de la resurrección dos discípulos, que no eran de los Doce, caminaban hacia la aldea de Emaús, situada a unos 11-12 kilómetros de Jerusalén. Volvían a sus pasadas ocupaciones; se iban porque ya no había ningún motivo para seguir junto a los demás. Jesús había muerto y con él todas sus ilusiones. Por eso se alejan de Jerusalén como derrotados para volver a sus casas. A pesar de todo lo que Jesús les ha enseñado y de su conocimiento de las Escrituras, consideran la cruz como un fracaso ignominioso para Jesús. Aun así, siguen pensando en él, hablando de él.

Se habla de aquello que se ama y se busca lo que se ama. Por su parte, Jesús ha rezado por ellos y desde siempre los lleva en el corazón. Es precisamente entonces que el resucitado se les hace presente. Hay muchos bautizados también hoy que se alejan de la Iglesia desalentados. No han tenido en ella la experiencia del Cristo resucitado, vivo.

Jesús toma la iniciativa, se acerca a ellos y los acompaña (24, 15). Es el buscador de ovejas perdidas, el samaritano que venda las heridas del que encuentra tirado al borde del camino. Se pone a caminar con ellos, sin decir nada, discreto y respetuoso, como un compañero de ruta (quizás un peregrino que vuelve de las fiestas de Pascua). Tan discreto que ellos no se sienten obligados a bajar la voz o a cambiar discurso. No lo reconocen y ni siquiera les interesa saber quién es; siguen hablando de sus fracasos y desgracias. Están encerrados en sí mismos; por eso no descubren a Jesús detrás de ese peregrino que camina a su lado. Ellos tienen la idea de un Mesías victorioso y triunfante sobre los grandes poderes del mundo; por eso ni se dignan darle la palabra al desconocido. Jesús los escucha; es como el médico que quiere que el enfermo destape todas sus heridas para curarlas. El relato de los discípulos termina con la muerte cruel de Jesús sobre una cruz; para ellos no hay todavía resurrección. Después de haberlos escuchado a lo largo de varios kilómetros, Jesús retoma la iniciativa, les hace preguntas para estimularlos a que gradualmente salgan de su encierro. Trata después de sacudirlos como para despertarlos de su ceguera (24, 25) y empieza a explicarles las Escrituras y cómo era necesario que el Mesías padeciera para entrar en su gloria (24, 26). Por fin los dos discípulos se callan, dejan de discutir entre ellos y se ponen a escucharlo. Se dan cuenta de la ligereza y la superficialidad con la que habían leído las Escrituras que ellos creían conocer.

Jesús es el evangelizador que antes que nada comparte el camino, escucha, se interesa de la situación de las personas para desde allí darles una respuesta a sus dudas y angustias. No se impone, no quiere quemar etapas, respeta a las personas y busca su amistad. Viene después la etapa de la Palabra que hace arder el corazón (24, 32) de los discípulos. Mucha gente hoy también, alejada de la Iglesia, se prende sin embargo de la Palabra de Dios en pequeños grupos reunidos a domicilio. Con su Palabra, Dios se revela, nos habla, nos alienta y nos cuestiona, renueva su alianza con nosotros. Muchos piden que también las homilías de la misa dominical no sean tan aburridas y calienten más el corazón. Al alcanzar la meta de Emaús, los discípulos ruegan a Jesús para que se quede con ellos: quédate con nosotros porque ya anochece (24, 29). Se sienten pobres y necesitados de ayuda. Es debido a esta oración humilde y sincera que sale del corazón, que podrán reconocer a Jesús. Después de su resurrección Jesús no puede ser visto con los ojos del cuerpo. Aun manteniéndose idéntico a sí mismo, el cuerpo del resucitado se encuentra en un estado nuevo que modifica su figura exterior. A Jesús se lo reconoce sólo por la fe, después de haber orado; no es suficiente el conocimiento intelectual. Mientras estaba a la mesa con ellos, Jesús repite los gestos de la última cena. Lucas relata cuatro palabras que ya se usaban en la celebración de la eucaristía: tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió, se lo dio (24,30). La eucaristía es la última etapa del camino evangelizador y allí se les abren los ojos a los discípulos. La abundante escucha y meditación de la Palabra de Dios prepara y ayuda a comprender y a vivir la eucaristía, fuente y cumbre de la vida cristiana. Después de comer ese pan, Jesús desaparece porque ya está en el corazón de sus discípulos. Ellos sienten que no están solos y es tan grande su alegría que, como la samaritana que dejó el cántaro, ellos dejan la mesa para ir enseguida a anunciar la buena noticia a los hermanos. Al finalizar actualmente la misa dominical hay una invitación: “Podemos ir en paz”, que puede significar para muchos la invitación a ir a descansar. Por el contrario, litúrgicamente hay un envío misionero al final de la misa. Vayan… (Mt 28,19); son las palabras finales de Cristo a sus apóstoles. Los discípulos de Emaús acaban además de darse cuenta de que les falta la comunidad; se sienten impulsados interiormente a volver a integrarse a la comunidad. Han reconocido a Jesús al partir el pan (24, 35), en ese gesto comunitario; es un pan que debe ser compartido entre los hermanos de la Nueva Familia. Ya es de noche y a la luz de una antorcha vuelven enseguida a Jerusalén. Lucas quiere enseñar a todos que a Jesús resucitado se lo encuentra ahora en el hermano que peregrina a nuestro lado, en la Palabra de Dios, en la eucaristía, en la comunidad cristiana.

(¿Comprendes lo que lees?, Primo Corbelli, Editorial Claretiana, 2013)

ORACIÓN


Si quieres, te acompaño en el camino
(Fragmento)

Escucha profecías, peregrino,

no seas testigo de desesperanza.

Es hora de que levantes la cabeza

y, aunque anochece, alientes la confianza.

Pues es posible ver de otra manera

la trama que se te hizo tan confusa.

¿No ves el hilo de oro de la pascua

que rediseña todo lo que cruza?

¿No ves que desde dentro de las muertes

la muerte fue implotada y ya no mata?

Y se revela el nombre de la vida:

y el nudo que te ataba te desata.

Partir juntos el pan en nuestra mesa

Descifra quiénes somos y seremos.

La Pascua nos irrumpe, amor de amores,

Lo más vivo venciendo lo más muerto.

 

Si quieres, te acompaño en el camino

Si quieres, hoy me quedare contigo. (2)

(CD La Otra Mirada -vol IV-, Eduardo Meana, Cancionero Salesiano, 2000)
Pueden escucharlo en https://www.youtube.com/watch?v=JqMlXUWToeg
También disponible en Spotify: https://open.spotify.com/search/si%20quieres%20te%20acompa


Para rezar a solas o en comunión con nuestros seres queridos

INVITACIÓN INICIAL A EMPEZAR JUNTOS EN MEMORIA ORANTE Y AGRADECIDA

En diálogo con el Señor

Te propongo que ya desde este primer párrafo, tú que lees, aproveches la memoria que hago, para hacer tu agradecida memoria de fe; y no apurarte, sino hacer tu propio viaje a tu corazón, a tu referencia básica, a tu centro, a tu amor de Fuente, con tus palabras y sentimientos; pues todo este libro nos servirá, si es para unión con Dios tuya y de quienes acompañas.

(…) Callado y quieto, sabiéndome bajo las alas de una Bondad presente, sólida, que me conoce. Siendo yo, simplemente, uno de los que sabemos algo del camino, tan lastimados. Uno de los que se dan cuenta de haber recibido tu don: ser acompañado y cobijado, protegido y cuidado. Porque miro hacia atrás, cierro los ojos y me doy cuenta. Cierro los ojos y me doy cuenta de que en algún quiebre oscuro me desvalijaron, me lastimaron. Porque el duro camino de la vida, como a mis hermanos, me puso en el borde del ser. Y por eso hoy comienzo “re-cordando” que tú me acompañaste. Me curaste en el camino. Que saliste al camino, tú, Amor más allá de las palabras. Y al reconocerte, al revelarte en mi existencia, puedo confesar tu nombre: saliste al rescate de los que estábamos perdidos, porque eres el amor de Dios que sale al encuentro del hombre, tú, Jesucristo. Dios-que-sales-al-encuentro. (…)

(Si quieres, te acompaño en el camino, Eduardo Meana Laporte, Editorial Claretiana, 2018)

 

¿DE QUÉ HABLABAN POR EL CAMINO?

Hablamos de todo, Señor. Hablamos del cielo y de la tierra, del pasado y del futuro. Hablamos y hablamos, como si el mundo necesitara de nuestras palabras y no de nuestras acciones. Hablamos de la caridad, sin mirar la mano que se extiende pidiendo ayuda. Hablamos de la fe, enredados en problemas menores que van desde el catecismo hasta el tarot. Hablamos de la esperanza, mientras tratamos de asegurarnos por las cuatro esquinas que tiene la vida. Hablamos de lo malo que está el mundo, pero no de que podemos ser mejores. Hablamos de tantas cosas, Señor, menos de lo que es fundamental: dar las gracias, coordinar esfuerzos, invitar a vivir, proclamar la alegría más allá de las quejas.

(Una palabra tuya, Agustín Cabré, Editorial Claretiana, 2015)

 

GESTO


Después de haber hecho memoria agradecida al Señor por estar con nosotros en cada momento, agradezcamos por todas aquellas personas que fueron y siguen siendo sostén, descanso, impulso en nuestro camino. Ahora, pensemos a quiénes nos toca acompañar este tiempo. A quién podemos llevar palabras de vida, mensajes de esperanza, gestos de cercanía, escucha silenciosa y respetuosa… ¿A quién le saldrás al encuentro hoy?

Si lo compartes en familia, los más chicos pueden participar del agradecimiento nombrando aquellas personas que sienten cerca y, luego, plasmarlo en algún gesto sencillo (un cartel, una carta, una foto, una tarjeta, etc.).

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El Evangelio y la Vida – 2º Domingo de Pascua

Destacada

Te proponemos varios recursos para vivir la pascua en casa, a solas o con los seres queridos. Para compartir en familia, para reenviar a tus amigos y para ayudar a quienes viven este tiempo de aislamiento con dificultad.

“Él nos permite levantar la cabeza y volver a empezar, con una ternura que nunca nos desilusiona y que siempre puede devolvernos la alegría. No huyamos de la resurrección de Jesús, nunca nos declaremos muertos, pase lo que pase.
¡Que nada pueda más que su vida que nos lanza hacia adelante!” (EG, 3)

Domingo II de Pascua

LECTURAS


Hch 2, 42-47 | Sal 117, 2-4. 13-15. 22-24 | 1Pe 1, 3-9
EVANGELIO: Jn 20, 19-31

Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: ¡La paz esté con ustedes! Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: ¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan. Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: ¡Hemos visto al Señor! Él les respondió: Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré. Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: ¡La paz esté con ustedes! Luego dijo a Tomás: Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe. Tomás respondió: ¡Señor mío y Dios mío! Jesús le dijo: Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!

 

REFLEXIÓN


FELICES LOS QUE CREAN SIN HABER VISTO 

Cuando el primer día, después del sábado (que se llamará “domingo”=día del Señor resucitado), Jesús se manifestó por primera vez a sus discípulos, Tomás no estaba con ellos (Jn 20, 24). Había desertado de la comunidad olvidando que Jesús había asegurado su presencia cuando los discípulos estuvieran reunidos en su nombre. No estando con los hermanos, tampoco encuentra al Señor. Jesús espera que el discípulo se reintegre a la comunidad; es un reproche indirecto y delicado a Tomás por no haber creído en el testimonio de los hermanos.

Efectivamente ocho días después, cuando la comunidad está reunida para celebrar la eucaristía, Cristo se manifiesta a Tomás mostrando sus llagas y proclama su última bienaventuranza: felices los que crean sin haber visto (Jn 20, 29). Al experimentar la presencia del maestro y al sentir que todavía lo ama, Tomás renuncia a la pretensión de tocar sus llagas y llega más lejos que nadie en su profesión de fe: ¡Señor mío y Dios mío! (Jn 20, 28).

Con este episodio se concluye el camino de fe de los apóstoles. Fue un camino difícil por lo que significó convencerse de que Cristo realmente había resucitado; tampoco se había creído en un primer momento al testimonio de María Magdalena y de las mujeres.

Las dudas no tienen nada de escandaloso; ayudan a buscar más en profundidad y nos rescatan de una fe superficial que se conforma con lo recibido y con repetir formulas tradicionales. La fe en la resurrección de Jesús no brotó de manera natural y espontánea en los apóstoles; lo primero que se recuerda de ellos es su desconcierto, su búsqueda, sus interrogantes. Cuando a los ocho días Jesús volvió a manifestarse a Tomás y a toda la comunidad, todavía las puertas de la casa estaban cerradas por el miedo. No fue sólo Tomás quien tenía dificultades para creer. La resurrección de Cristo llegó a ser gradualmente la comprobación real de toda la primera Iglesia, hasta que, animada por el Espíritu Santo, enfrentó toda clase de persecución y martirio para difundir en todo el mundo la buena noticia de la resurrección de Jesús.

Se habla de “apariciones” del resucitado, pero en realidad en el evangelio se dice que fue visto después de su muerte en encuentros sucesivos.

Lucas en 24, 36-42, quizás por ser médico, insiste en que no se trató de un fantasma sino de la presencia real de Jesús. Sin embargo Jesús se hacía presente estando cerradas las puertas (Jn 20, 26) ya no con el mismo cuerpo físico de antes. La Magdalena, los discípulos de Emaús, los discípulos en el lago de Tiberíades no lo reconocen enseguida.

Lucas y Juan quieren subrayar con fuerza la corporeidad de Cristo (el mismo que había sido crucificado), frente al escepticismo de los griegos que eran los destinatarios de sus evangelios. Los griegos no creían en la resurrección de los muertos, como demuestra la experiencia del apóstol Pablo en Atenas (Hch 17, 30-33). Por eso en Juan, Jesús invita a Tomás a tocar sus llagas y a meter la mano en su costado para que pueda ser identificado como el mismísimo Jesús. La de Jesús resucitado es una presencia externa, objetiva, trascendente, pero real. En el episodio de Tomás, además de subrayar la identidad entre el crucificado y el resucitado se invita a creer en el testimonio de los que lo han visto y escuchado después de su resurrección. El tema del texto es la fe que quiere “ver y tocar” al Señor. Pero hay un “ver y tocar” material (como lo pudieron hacer los contemporáneos de Jesús) que no significa nada si al mismo tiempo la persona no se adhiere a Jesús. En aquellos tiempos muchos tocaban a Jesús en medio del gentío (Mc 5, 30-34), pero sólo una pobre mujer que padecía derrames de sangre fue curada por su fe. A Jesús lo han visto y tocado también los que lo crucificaron. Por otra parte hay un “ver y tocar espiritual”, propio del que cree en Jesús y confía en él, para el que sólo le bastan sus palabras. Es la fe del centurión romano que repetimos al hacer la comunión en la misa: dí una sola palabra… (Lc 7, 7). El centurión, por ser pagano, no se sintió digno ni de acercarse a Jesús ni de recibirlo en su casa; le bastó su Palabra. Lucas se encarga de resaltar cómo María estaba unida a Jesús, no por los lazos físicos sino por escuchar y practicar la Palabra (Lc 8, 19-21). Los primeros cristianos nos han transmitido lo que han visto y oído; al experimentar la Palabra de Jesús y su presencia en la eucaristía y en la comunidad, nosotros también sentimos al resucitado cerca nuestro. El apóstol Pedro también nos felicita: ustedes aman a Jesús sin haberlo visto y creen en él sin verlo (1 Pe 1, 8) y nos preanuncia la felicidad futura del encuentro con él. Después de la resurrección, también los discípulos tuvieron que aprender a vivir sin su presencia visible; pero sentían que él estaba con ellos. Todos experimentaban paz y alegría; habían desaparecido los miedos. Al Señor que vive hay que buscarlo donde hay vida, donde hay hermanos alrededor de la mesa eucarística, donde vibra su Palabra y se practica el amor cristiano; allí Jesús está vivo y se advierte su presencia.

(¿Comprendes lo que lees?, Primo Corbelli, Editorial Claretiana, 2013)

ORACIÓN


El Espíritu los acompaña

Vendrás aquí, nos recordarás
las palabras que nos dijo Jesús.
Vendrás al fin, te necesitamos
¡VEN! ESPÍRITU SANTO ¡VEN! (bis).

(CD Volver a nacer, Fabiola Torrero Esteban, stj,
Producción y Distribución para América latina: Editorial Claretiana, 2012)

Pueden escucharlo en: https://www.youtube.com/watch?v=LvH01iBJnok&t=72s

 

Para rezar a solas o en comunión con nuestros seres queridos

Bendición de la mesa en el tiempo de Pascua

Eres el cordero, el pan y el vino.

Te entregas en esta Pascua para que vivamos por siempre.

Te pedimos que bendigas esta mesa (familiar).

Tu victoria sobre la muerte nos llena de esperanza
y le da un nuevo sentido a nuestro vivir.

Transfórmanos, Señor,

estamos tan sumidos en lo superfluo…

Despiértanos, Señor,

que veamos tu rostro en los hermanos.

Sálvanos, Señor,

pues queremos vivir junto a tu amor.

Que seamos pan de palabra,

alegría y resurrección para los que nos rodean.

Amén.

(Rezamos en familia junto al papa Francisco, Lorena A. Piñeiro,
Editorial Claretiana, 2016)

 

GESTO


“La Iglesia y la sociedad necesitan familias felices” (papa Francisco).

El tiempo de Pascua, es tiempo de fortalecer nuestra confianza y nuestra alegría. Intentemos contagiarla, buscando espacios para que cada miembro de la casa pueda hacer algo que disfrute mucho y pueda compartirlo con los demás.

Se puede preparar una canción, un video, un cartel, una historia y compartirla con algún ser querido que esté lejos, para regalarle un momento de alegría.

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El Evangelio y la Vida – Domingo de Resurrección

En este Domingo de Pascua, compartimos los textos del día, junto a una reflexión y oración de nuestros autores, y un gesto concreto para realizar.

Que Jesús resucitado llene nuestros corazones y llevemos su mensaje a todas nuestras realidades.

¡Feliz Pascua de resurrección!

 

 

LECTURAS: Hch 10, 34a.37-43 | Sal 117, 1-2.16-17.22-23 | Col 3, 1-4 o bien 1Cor 5, 6b-8

EVANGELIO: Jn 20, 1-9

El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto. Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; éste no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó. Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.

 

REFLEXIÓN

Vio y creyó

El evangelio de este domingo, más que un relato de la aparición de Jesús resucitado, es un relato de desaparición. Lo que encuentran tanto María Magdalena como los dos apóstoles no es la manifestación gloriosa del Resucitado, sino un sepulcro vacío. Ante ese hecho caben dos interpretaciones. La primera es la actitud inicial de María Magdalena: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”. La otra es la respuesta de fe de los apóstoles: Vio y creyó.

La actitud más evidente, más obvia, es sin duda la de María Magdalena. Se observa en sus palabras una enorme carga de amor y cariño. Pero su perspectiva se queda en una distancia muy corta. La actitud de los apóstoles es diferente. Llegan al sepulcro y observan lo que ha sucedido. Sólo después se les abre la inteligencia y comprenden lo que no habían entendido antes en las Escrituras: que él debía resucitar de entre los muertos.

Jesús es, curiosamente, el gran ausente de este relato. Apenas las vendas y el sudario quedan como testigos mudos de que ahí estuvo su cuerpo muerto. Y es precisamente sobre ese vacío como se afirma la fe. ¿No nos dijeron que la fe era creer lo que no se ve? Pues aquí tenemos una prueba concreta. En torno a la ausencia de Jesús brota la convicción de que está vivo, de que ha resucitado. No han sido los judíos o los romanos los que se han llevado su cuerpo. Ha sido Dios mismo, el Abbá de que tantas veces habló, el que lo ha levantado de entre los muertos. Y le ha dado una nueva vida. Una vida diferente, plena. Jesús ya no pertenece al reino de los muertos, sino que está entre los vivos de verdad. En esa vida nueva su humanidad queda definitivamente transida de divinidad. La muerte ya no tiene poder sobre él.

Pero no hay pruebas de ello. No hubo policías recogiendo las huellas dactilares. No hubo jueces ni comisiones parlamentarias. No hubo periodistas, ni cámaras, ni micrófonos. Nada de eso. Solamente el testimonio de los primeros testigos que nos ha llegado a través de los siglos. De voz en voz y de vida en vida ha ido pasando el mensaje: Jesús ha resucitado. Muchos han encontrado en esa fe una fuente de esperanza, de vitalidad, de energía que ha dado sentido a sus vidas. La vida de tantos santos, canonizados o no, es testimonio de ello. Pero no hay pruebas. Sólo la confianza en la palabra de aquellos testigos nos abre el camino hacia esa nueva forma de vivir. ¿Quieres tú también creer?

La fe en la resurrección de Jesús es una verdadera opción personal. Creer en ella nos debería llevar a vivir de un modo nuevo: en esperanza, en fraternidad, en servicio… ¿En qué aspectos concretos de nuestra vida se podría/debería manifestar esa nueva vida? ¿Cómo pasar a las generaciones siguientes el mensaje que hemos recibido de nuestros mayores sobre la resurrección de Jesús?

(Y la Palabra se hizo fiesta, Fernando Torres, cmf, Editorial Claretiana, 2006)

 

ORACIÓN

Pidámosle a la Virgen Madre que nos saque de la resignación quietista de los cementerios y nos diga al oído, despacito, como sólo las mamás saben hacerlo: Jesús resucitó, está vivo; animáte, adorálo, y hace por tus hermanos lo que Él hizo por vos. Así sea.

(El verdadero poder es el servicio, Jorge Bergoglio -Papa Francisco-, Editorial Claretiana, 2da ed., 2013)

 

GESTO

Hoy es un día de fiesta. Que se note y que lo vivamos como tal. Adornemos la casa con lo que tengamos, vistámonos distinto, pongamos música… Compartamos con nuestros seres queridos, cerca o a la distancia. Y que sea un momento de dar gracias. De dar gracias a Dios por cada una de las personas que nos acompañan en el camino, que nos ayudan, que nos hacen crecer. Es una gran oportunidad para hacérselos saber.

“Dar gracias es cantar su Nombre y es partir de las experiencias concretas de liberación que nos han sido aleccionadoras y que sirven a otros para reconocer la bondad de aquel que nos ama locamente” (Salmos para el camino, María Andrea Green, Editorial Claretiana, 2a ed., 2014).

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