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Adviento entre canciones

Me gusta el adviento. Sí, es un tiempo que me agrada, probablemente, porque reúne muchos elementos que lo hacen un tiempo especial: espera, preparación, alegría, gozo, fiesta…

El adviento comienza en un momento del año en el que muchos comienzan a “cerrar” actividades y tareas. Diciembre es el mes en el que todo concluye: todas las acciones se encaminan hacia las “fiestas de fin de año”. En el medio, el típico balance. Y en este marco aparece el adviento proponiéndonos una renovación espiritual, como diciendo “ahora que todo termina, es el momento especial para renovarse, para recrearse, para recordar quién es nuestra esperanza”.

Claro, al ubicarse en el mes de diciembre y ser un tiempo “corto”, tan solo cuatro domingos, está la posibilidad que pase desapercibido o tan rápido que no podamos aprovecharlo. Pero, para que podamos vivirlo intensamente, está la rica simbología que acompaña este tiempo, por ejemplo, la Corona de Adviento, que nos va indicando que el tiempo de espera se está cumpliendo. Encender cada vela es acercarse, cada vez más, a ese misterio maravilloso que es el de “Dios con nosotros”.

Pero hay otra cosa: las canciones, que son un reflejo de la Palabra de Dios que se nos propone en este tiempo de preparación… Te cuento algo bien personal: hace más de 35 años que presto servicio en la animación musical de mi comunidad. En todos estos años he aprendido tantísimas canciones que me ayudaron a expresarme, hacer cantar a otros, comunicar pensamientos, orar… Sin duda que, en el lenguaje cotidiano, las letras de las canciones influyen incorporándose a mi pensamiento y sirviéndome de fuente para expresar lo que siento y creo.

Las canciones de Adviento tienen un tinte especial que me gustaría compartirte. En primer lugar, son una llamada a estar atentos y vigilantes. Por ejemplo, “Despertemos, llega Cristo”. Este espiritual negro es una “voz de alarma” que nos sacude con la expresión “Ven, Señor” y nos ayuda a reconocer al Señor como “palabra eterna y creadora”, “imagen de la luz eterna”, “verdad y vida encarnada”, entre otras expresiones.

Otra canción nos anima desde el título: “Arriba los corazones”. En su primera estrofa, dice:

“Hoy el mundo te reclama, ven Señor Jesús”

Este es el primer carácter de los temas de adviento: despertar, sacudir, llamar la atención, predisponer…

El segundo es el consuelo que brinda la esperanza de saber que viene el Señor a nuestro encuentro. La canción “Consolad” sintetiza bellamente las palabras del profeta Isaías:

“Consolad a mi pueblo, dice el Señor / hablad al corazón del hombre”.

“Hablar al corazón”. Eso es lo que hace la canción: enciende la esperanza, invita a un cambio de vida y a expresar lo que el Señor ha hecho en nuestros corazones:

“Yo te he elegido para amar / te doy mi fuerza y luz para guiar.
Yo soy consuelo en tu mirar / Gloria a Dios!!!”

El consuelo permite desembocar en la alegría. La noticia que nos anima y despierta; aquella que nos invita al cambio, también nos llena de gozo:

“¡Qué alegría cuando me dijeron / Vamos a la Casa del Señor”

Finalmente, las canciones dedicadas a María implican movimiento en la espera. El adviento nos presenta a la Virgen en salida. Pienso en dos canciones. La primera “Por las huellas de Dios” que narra la visita a su prima Isabel. En el estribillo, afirma:

Por las huellas de Dios, cruzando cerros / María va caminando junto a su pueblo.
Por las huellas de Dios, la misionera / María anunciando a Cristo es la primera.

La otra canción es “Rumbo a Belén”. Poema de Mamerto Menapace musicalizado por Osvaldo Catena:

“Preñada de historia vas rumbo a Belén, nosotros tus hijos nos vamos, también”.

¡Qué imagen! El Señor de la Historia crece en el vientre de su Madre, se encarna en la vida de los pueblos para realizar, desde allí, la salvación. “Rumbo a Belén” nos propone ponernos en marcha. María va dejando su huella, en el medio de la noche, deja su estela invitándonos a vivir esa “Noche anunciada”. Pero, esa es ya, otra canción…

Estamos promediando el Adviento. La Palabra de Dios hecha canción nos anima: Dios viene a nuestro encuentro. En la espera, es bueno que podamos preparar nuestra propia canción: la de la mano tendida al otro, el oído atento, el buen consejo… Esa es la mejor música que podemos ofrecerle al Señor.

Pablo Garegnani

(Autor del libro “Tiberíades. Para encender la catequesis con el fueguito de la Palabra”.)

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