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Evangelio del día y comentario – 17 de marzo de 2021

Jn 5, 17-30: También el Hijo da vida

Patricio (461) Is 49, 8-15: Te he constituido alianza Salmo 144: El Señor es clemente y misericordioso

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: Mi Padre trabaja siempre y yo también trabajo. 18Por eso los judíos tenían aún más deseos de matarlo, porque no sólo violaba el sábado, sino además llamaba Padre suyo a Dios, igualándose a Él. 19Jesús tomó la palabra y les dijo: Les aseguro: El Hijo no hace nada por su cuenta si no se lo ve hacer al Padre. Lo que aquél hace lo hace igualmente el Hijo. 20Porque el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que hace; y le mostrará obras más grandes aún para que ustedes queden maravillados. 21Como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, del mismo modo el Hijo da vida a los que él quiere. 22El Padre no juzga a nadie sino que encomienda al Hijo la tarea de juzgar, 23para que todos honren al Hijo como honran al Padre. Quien no honra al Hijo no honra al Padre que lo envió. 24Les aseguro que quien oye mi palabra y cree en aquel que me ha enviado tiene vida eterna y no es sometido a juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida… 28No se extrañen de esto: llega la hora en que todos los que están en el sepulcro oirán su voz: 29los que hicieron el bien resucitarán para vivir, los que hicieron el mal resucitarán para ser juzgados. 30Yo no puedo hacer nada por mi cuenta; juzgo por lo que oigo, y mi sentencia es justa, porque no pretendo hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.

Comentario

Las obras de Jesús muestran que es un enviado auténtico de Dios para darle vida a su pueblo. Jesús refiere a dos obras que sobrepasan con mucho, las curaciones que Él ha venido haciendo en el relato evangélico de Juan: resucitar a los muertos y juzgar a los incrédulos. Ambas obras le competen solamente a Dios, de donde se trasluce la verdad de la que sus adversarios lo acusan, pero con una salvedad: Él no se arroga ser igual a Dios, porque no hace ni dice nada que no le venga del Padre. En su caminar, el cristiano mira continuamente a Jesús para regular sus propias actitudes y actos, a nadie más. Ser discípulo de Cristo es vivir buscando la voluntad de Dios para vivir orientados hacia Él, como Jesús. Consideremos si lo que hacemos produce vida o no, no solo a nosotros sino a las personas que queremos y nos quieren. La vida verdadera muchas veces se consigue al costo de la cruz. ¿Nuestras obras dicen que vivimos haciendo la voluntad de Dios?

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