Evangelio del día y comentario – 17 de enero de 2020

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Mc 2, 1-12: El Hijo del Hombre puede perdonar pecados

Antonio (356) María Antonia Paris (1885) Primera lectura: 1Sm 8, 4-7.10-22a Gritarán, Dios no responderá Salmo responsorial: Sal 88, 16-17.18-19

Volvió Jesús a Cafarnaún y se corrió la voz de que estaba en casa. 2 Se reunieron tantos, que no quedaba espacio ni a la puerta. Y les exponía el mensaje. 3 Llegaron unos llevando un paralítico entre cuatro; 4 y, como no lograban acercárselo, por el gentío, levantaron el techo encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla en que yacía el paralítico. 5 Viendo Jesús su fe, dice al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados. 6 Había allí sentados unos letrados que discurrían en su interior: 7 ¿Cómo puede éste hablar así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios? 8 Jesús, adivinando lo que pensaban, les dice: ¿Por qué están pensando eso? 9 ¿Qué es más fácil? ¿Decir al paralítico que se le perdonan los pecados o decirle que cargue con la camilla y comience a caminar? 10Pero para que sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados, dice al paralítico: 11yo te lo mando, levántate, carga con la camilla y vete a casa. 12Se levantó de inmediato, cargó su camilla y salió delante de todos. De modo que todos se asombraron y glorificaban a Dios diciendo: Nunca vimos cosa semejante.

Comentario

La gente se agolpa alrededor de Jesús para escuchar su mensaje de libertad y esperanza. Le traen un paralítico. Sabemos que la parálisis impide desplazarse con libertad, moverse con autonomía. Los escribas y fariseos que observan la escena han paralizado al pueblo con el peso de la ley que les imposibilita caminar en libertad y en justicia. Por eso cuestionan a Jesús por liberar al paralítico (al pueblo) de la inmovilidad a que lo tienen sometido. Por eso el perdón de los pecados está acompañado con la curación de la parálisis. Jesús le trasmite una palabra de confianza para que Él mismo se levante y se ponga en camino con su camilla a cuestas. Necesitamos que la Palabra de Jesús, el Evangelio, nos devuelva la convicción para levantarnos, asumir nuestra historia y ponernos en camino hacia el Reino de Dios que ya está entre nosotros. Hay muchas parálisis que nos inmovilizan: las dictaduras de todo color, las estructuras corruptas e injustas, la segregación y la xenofobia generalizada. La Palabra de Jesús libera, sana y salva.

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