Evangelio del día y comentario – 8 de noviembre de 2019

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Lc 16, 1-8: Los hijos de este mundo son astutos

Isabel de la Trinidad (1906) Primera lectura: Rom 15, 14-21 Por Cristo puedo sentirme orgulloso Salmo responsorial: Sal 97, 1-4

En aquel tiempo decía Jesús a sus discípulos: Un hombre rico tenía un administrador. Le llegaron quejas de que estaba derrochando sus bienes. 2 Lo llamó y le dijo: ¿Qué es lo que me han contado de ti? Dame cuentas de tu administración, porque ya no podrás seguir en tu puesto. 3 El administrador pensó: ¿Qué voy a hacer ahora que el dueño me quita mi puesto? Para cavar no tengo fuerzas, pedir limosna me da vergüenza. 4 Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me despidan, alguno me reciba en su casa. 5 Fue llamando uno por uno a los deudores de su señor y dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi señor? 6 Contestó: Cien barriles de aceite. Le dijo: Toma el recibo, siéntate enseguida y escribe cincuenta. 7 Al segundo le dijo: Y tú, ¿cuánto debes? Contestó: Cuarenta toneladas de trigo. Le dice: Toma tu recibo y escribe treinta. 8 El dueño alabó al administrador deshonesto por la astucia con que había actuado. Porque los hijos de este mundo son más astutos con sus semejantes que los hijos de la luz.

Comentario

Esta es una de las parábolas de difícil interpretación. Una lectura rápida y superficial podría insinuar que Jesús está alabando la deshonestidad y la trampa. Por eso hay que ir más a fondo. El valor que se quiere rescatar en esta parábola es el de la sagacidad del administrador. Algunos especialistas dicen que en los tiempos de Jesús arrebatar a los ricos los bienes adquiridos injustamente para darlos a los pobres está en concordancia con la tradición judía. En ese sentido lo que hizo el administrador malo fue aplicar la ley al rebajar las deudas de los empleados de su patrón. Pero lo que nos interesa es ver como Jesús pide que pongamos todas nuestras habilidades al servicio de la evangelización. No se trata de que seamos tramposos sino hábiles, astutos, estrategas en el buen sentido de la palabra para que la Palabra sea acogida por las personas. Como hijos de la luz debemos ser más astutos, correctamente hablando, que los hijos de las tinieblas. ¿Colocas tus habilidades y destrezas al servicio de tu comunidad?

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