Construyamos la esperanza, con solidaridad y compromiso.

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De a poquito vamos entrando en la última etapa del año y nuestro ritmo se acelera más de lo acostumbrado. Queremos llegar, cumplir metas, cerrar etapas, terminar bien. A veces podemos darnos cuenta que aquellos objetivos que nos habíamos propuesto, hoy no se dan de la misma manera que los habíamos pensado. Y desesperamos, nos ponemos nerviosos, nos angustiamos.

El remedio para esto es la esperanza. No solo porque sea lo último que se pierde sino también porque es lo primero que debemos tener en cuenta al realizar proyectos. Las cosas no van a salir tal cual como las habíamos pensado ni en el tiempo que nos habíamos propuesto, pero van a salir bien.

Cuando el Principito le pide al rey una puesta de sol, ya que este último “gobernaba sobre todo” y sus órdenes se cumplían, su respuesta fue: “la tendrás cuando las condiciones estén dadas”. En realidad la puesta de sol se da naturalmente, en el momento en que todo confluye para ese fin. Solo que a veces podemos perder el horizonte y pensar que nunca llegará o que estamos perdiendo el tiempo.

En este camino de esperanza, nos vamos encontrando con los demás y no siempre nos gusta lo que vemos. En esto lo mejor es inclinarnos a la solidaridad. Si hay injusticias, ahí debemos estar para afrontarlas, junto a quienes las sufren, desde nuestro lugar y posibilidades. Ir más allá del reenviar un mensaje, salir al encuentro con actitudes concretas. Si prometo oración poniendo el emoji de las manitos juntas, hacer oración. Si alguien pide colaborar con ropa o comida para quienes las necesitan, tomarme un momento para seleccionar lo poco o mucho que tengamos. Estos son ejemplos que podemos tomar para distintas situaciones.

La Jornada Mundial de los Pobres, instituida por el Papa Francisco, la cual se celebra el 17 de noviembre, tiene ese objetivo: tomar conciencia. No vamos a solucionar el problema de la pobreza, pero si somos solidarios unos con otros, vamos a crecer como personas. Y tal vez con este testimonio a nivel mundial, quienes tienen en sus manos los destinos del mundo, se den cuenta que la cosa va por otro lado. Que hay lugar para todos en el planeta y que este es la casa de todos.

Y en esto es bueno tener en cuenta el compromiso al que se nos invita como cristianos y ciudadanos. No es ni más ni menos que realizar con responsabilidad aquella misión que nos fue encomendada por Dios desde el principio, según nuestra vocación.

Tenemos el ejemplo de San Roque González, a quien recordamos el 16 de noviembre y es uno de los santos latinoamericanos. Ordenado sacerdote a los 22 años, fue inmediatamente párroco y luego fundó una reducción jesuítica en Paraguay, donde dejó su vida junto a otros compañeros. Un joven que tenía clara su meta y sus objetivos, que tenía bien puesta la camiseta del equipo para el que jugaba.

Esto es lo que necesitamos si queremos cambiar la sociedad de hoy y si queremos llegar a fin de año con el corazón lleno, aunque las cosas no se den como las pensamos: esperanza, solidaridad y compromiso.

Que Dios nos lleve de su mano durante estas semanas, hasta terminar este 2019 y todos los días de nuestra vida.

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