Evangelio del día y comentario – 6 de noviembre de 2019

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Lc 14, 25-33: Carga tu cruz para ser discípulo

Severo (303) Primera lectura: Rom 13, 8-10 Amar es cumplir la ley Salmo responsorial: Sal 111, 1-2. 4-5. 9

En aquel tiempo, una gran multitud seguía a Jesús. Él se volvió y les dijo: 26Si alguien viene a mí y no me ama más que a su padre y su madre, a su mujer y sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo. 27Quien no carga con su cruz y me sigue no puede ser mi discípulo. 28Si uno de ustedes pretende construir una torre, ¿no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? 29No suceda que, habiendo echado los cimientos y no pudiendo completarla, todos los que miren se pongan a burlarse de él 30diciendo: este empezó a construir y no puede concluir. 31Si un rey va a enfrentarse en batalla contra otro, ¿no se sienta primero a deliberar si podrá resistir con diez mil al que viene a atacarlo con veinte mil? 32Si no puede, cuando el otro todavía está lejos, le envía una delegación a pedir la paz. 33Lo mismo cualquiera de ustedes: quien no renuncie a sus bienes no puede ser mi discípulo.

Comentario

¿Qué significa ser discípulo de Jesús? Puede haber respuestas fáciles: adherirse a un sistema religioso, practicar ciertas tradiciones y costumbres religiosas, participar en ritos y ceremonias de corte cristiano, obedecer un código de normas morales, etc.… Pero el discipulado es mucho más que eso. Implica el amor exclusivo a Jesús. Un amor que conlleva renuncias muy concretas: afectivas, intelectuales, materiales… Es decir, tener como centro de toda la vida a la persona de Jesús. También implica tomar la cruz del Señor, es decir, la cruz de quien es capaz “de dar la vida por sus hermanos”, por toda la humanidad. Un renuncia a la propia vida, colocándola en función del reinado de Dios. Exige necesariamente romper con todo lo que ate, lo que esclavice, deshumanice. Es ponerse plenamente en las manos de Dios para realizar su voluntad sobre nosotros y sobre nuestra realidad. Por eso Jesús invita a sus seguidores a pensar bien la decisión de hacerse discípulo suyo sin idealismos románticos. ¿Cómo vives el seguimiento de Jesús en tu familia y en tu comunidad?

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