Evangelio del día y comentario – 5 de noviembre de 2019

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp

Lc 14, 15-24: El banquete ya está listo

Guido María Conforti (1931) Isabel y Zacarías (s. I) Primera lectura: Rom 12, 5-16a Demuéstrense cariño y estimación Salmo responsorial: Sal 130, 1-3

En aquel tiempo, un de los invitados dijo a Jesús: ¡Dichoso el que se siente al banquete del reino de Dios! 16Jesús le contestó: Un hombre daba un gran banquete, al que invitó a muchos. 17Hacia la hora del banquete envió a su sirviente a decir a los invitados: Vengan, ya todo está preparado. 18Pero todos, uno tras otro se fueron disculpando… 21El sirviente volvió a informar al dueño de casa. Este, irritado, dijo al sirviente: Sal rápido a las plazas y calles de la ciudad y trae aquí a pobres, mancos, ciegos y cojos. 22Regresó el sirviente y le dijo: Señor, se ha hecho lo que ordenabas y todavía sobra lugar. 23El señor dijo al sirviente: Ve a los caminos y veredas y oblígalos a entrar hasta que se llene la casa. 24Porque les digo que ninguno de aquellos invitados probará mi banquete.

Comentario

¿Quiénes son los predilectos del Reino? Fácilmente podríamos decir que todos. Sin embargo en la lectura de hoy hay una opción muy clara por los empobrecidos y excluidos, no por su condición en sí misma, sino porque son los que escuchan la invitación del Señor. Los demás, apegados a sus “bienes” o “ídolos” del poder y poseer deciden rechazar la invitación del Señor. El rico tiene sus apegos. El pobre no tiene apegos por eso le es más fácil aceptar la invitación sin poner condiciones. Escuchemos una vez más al papa Francisco: “La pobreza es una actitud del corazón que nos impide considerar el dinero, la carrera, el lujo como objetivo de vida y condición para la felicidad…”. Es la pobreza la que nos hace confiar en plenamente en Dios, sostenidos por su gracia. Qué interesante que en nuestras comunidades de base, asambleas bíblicas, equipos de catequesis o misioneros hagamos siempre este discernimiento: ¿hemos escuchado el llamado del Señor y hemos sido capaces de renunciar a nuestros apegos para participar libremente en la propuesta de Jesús?

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *