Evangelio del día y comentario – 3 de noviembre de 2019

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Lc 19, 1-10: El Hijo del Hombre ha venido a salvar

31o Ordinario Martín de Porres (1639) Primera lectura: Sab11, 22–12, 2 Dios ama a sus criaturas Salmo responsorial: Sal 144, 1-2. 8-11. 13c-14 Segunda lectura: 2Tes 1, 11–2, 2 No se asusten

Jesús entró en Jericó y atravesó la ciudad, 2 allí vivía un hombre llamado Zaqueo, jefe de recaudadores de impuestos y muy rico, 3 intentaba ver quién era Jesús; pero a causa del gentío, no lo conseguía, porque era bajo de estatura. 4 Se adelantó de una carrera y se subió a un árbol para verlo, pues iba a pasar por allí. 5 Cuando Jesús llegó al sitio, alzó la vista y le dijo: Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa. 6 Bajó rápidamente y lo recibió muy contento. 7 Al verlo, murmuraban todos porque entraba a hospedarse en casa de un pecador. 8 Pero Zaqueo se puso en pie y dijo al Señor: Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres, y a quien haya defraudado le devolveré cuatro veces más. 9 Jesús le dijo: Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también él es hijo de Abrahán. 10Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y salvar lo perdido.

Comentario

El camino de Jesús es camino de conversión. Seguir a Jesús es estar dispuesto a convertirse permanentemente. Como sucede con la ropa que utilizamos, con el uso se va ensuciando, manchando y envejeciendo; es necesario lavarla. Así es nuestra vida cotidiana, si no la estamos lavando, limpiando constantemente, nuestra vida espiritual se va deteriorando hasta descomponerse totalmente.

La primera lectura del libro de la Sabiduría es un reconocimiento a la bondad y la misericordia de Dios. El ama todo lo creado. Por supuesto que a los seres humanos los ama entrañablemente. Por eso, a pesar de las infidelidades y falencias que podamos realizar en nuestro cotidiano vivir, Dios siempre está dispuesto al perdón y la reconciliación. El salmo 144 es también un cántico de alabanza a Dios, al Rey Yahvé, resaltando su misericordia para con todas sus criaturas. Todas las obras grandiosas de Dios son en favor del ser humano.

Pablo escribe a la comunidad de Tesalónica para animarlos en medio de las persecuciones que viven a causa de su fe. Les manifiesta su permanente preocupación por ellos para que vivan siempre unidos a Cristo Jesús. Es la garantía de la firmeza de su fe. Los invita a no dejarse engañar por “falsas profecías” en torno a la venida del Señor. Lo importante es mantenerse en comunión con el Señor y con los hermanos para estar firmes en la fe.

Lucas presenta el episodio de Zaqueo, el publicano o cobrador de impuestos. Este hombre, a pesar de su condición de pequeñez, se siente movido por Jesús. Hace un esfuerzo para “subir y ver”. Por eso Jesús lo invita para que lo acoja en su casa. Esta acción de cercanía de Jesús, de no condenación, hace que Zaqueo cambie de vida, se ponga en movimiento inmediatamente. Devolver lo que había quitado a la gente (a los pobres) porque con apegos, sin cambios radicales no hay conversión y, por supuesto, no hay seguimiento.

Nuestro Dios es de amor, de perdón, misericordia y compasión. Esto implica, en primer lugar, tener una profunda confianza en la misericordia de Dios manifestada en Jesús. En segundo lugar, reconocer nuestra “baja estatura” moral y espiritual y subirnos en nuestra propia historia para mirar a Jesús, dejarnos mirar por Él y abrir de par en par las puertas del corazón para que “la salvación entre en nosotros”. En tercer lugar, ser compasivos, comprensivos y acogedores con los otros, aunque sean muy pecadores, como lo hizo Jesús. ¿Cómo vivo mi camino de conversión? ¿Qué exigencias tiene el seguimiento de Jesús?

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